La polémica sobre la guerra cambiaria volvió a estallar esta semana luego de que Rusia asegurara que el mundo estaba al borde de una nueva confrontación de divisas. “Japón está debilitando el yen y otros países podrían hacer lo mismo”, advirtió ayer Alexei Ulyukayev, primer vicepresidente del banco central ruso.
El banquero se refiere al nuevo paquete de estímulo por US$ 116 mil millones que anunció el primer ministro nipón, Shinzo Abe, para levantar a la debilitada tercera economía del mundo. Desde que Abe asumió, el yen ha descendido 11% frente al dólar y esta semana llegó a su menor nivel en dos años.
Las palabras de Ulkyukayev fueron precedidas por los dichos de Jean-Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo y presidente del grupo de la zona euro que reúne a los ministros de Finanzas del bloque, quien el día anterior había afirmado que la moneda única está “peligrosamente alta”. El euro se está transando esta semana a su mayor nivel frente al dólar en casi diez meses.
Chris Turner, jefe de estrategia de divisas de ING Groep, comentó a Bloomberg que el martes será recordado “como el primer día en que los legisladores europeos dispararon un tiro en la guerra cambiaria de 2013”.
“Respuesta activa”
Pero Rusia y la zona euro no son los únicos que han reflejado su inquietud al respecto. El ministro de finanzas de Noruega, Sigbjoern Johnsen, expresó ayer que el gobierno debe relajar la presión sobre los bancos noruegos. Johnsen sugirió llevar a cabo una política fiscal “ajustada” para evitar el fortalecimiento de la corona. Por su parte, el vicepresidente del banco central del país nórdico, Jan F. Qvigstad, alertó que si la moneda local se mantiene fuerte hasta que los legisladores se reúnan en marzo, “eso por supuesto tiene un efecto obvio sobre la tasa de interés”.
Otra de las naciones que se ha mostrado preocupada es Corea del Sur. El lunes, el presidente del banco central, Kim Choong Soo, aseguró que una brusca caída del yen podría provocar una “respuesta activa para minimizar cualquier impacto negativo sobre las exportaciones y la confianza de los inversionistas”. Ayer, el viceministro de Finanzas, Shin Je Yoon, comunicó que el país quiere que en la reunión que el G-20 sostendrá el próximo mes en Moscú los ministros de Finanzas y los presidentes de los bancos centrales discutan las consecuencias adversas de la flexibilización monetaria en Estados Unidos, Europa y Japón.
Guerra desde 2010
La movida de Japón para estimular su economía no es algo nuevo.
La Reserva Federal de Estados Unidos ha impulsado programas de flexibilización cuantitativa (QE su sigla en inglés) en los últimos tres años. La masiva expansión del balance de la Fed ha provocado que el dólar haya caído cerca de 11% frente a una canasta de monedas extranjeras desde el primer QE en 2009.
“Desde que la Fed lanzó el QE2 en agosto de 2010, hemos estado en un régimen de guerra de divisas”, detalló a CNBC Alessio de Longis, administrador de portafolio del Oppenheimer Currency Opportunities Fund.
Por su parte, el Banco Nacional Suizo viene interviniendo fuertemente desde hace 18 meses para detener la apreciación del franco.
Mercados emergentes
En entrevista con DF, Turner, de ING, explicó que los mercados emergentes podrían reaccionar de dos maneras ante las devaluaciones: primero, recortando las tasas hasta donde puedan y, segundo con controles macroprudenciales para limitar la entrada de capitales. Un ejemplo de esto es el impuesto sobre operaciones financieras de Brasil.
En cuanto a los efectos que podría provocar esta guerra de divisas, Turner acotó que las devaluaciones podrían llevar a guerras comerciales. “Si alguien ha devaluado artificialmente la moneda para obtener una ganancia comercial eso podría provocar que los socios comerciales levanten barreras de importación”, afirmó y agregó que al final esas medidas proteccionistas son contraproducentes, ya que perjudican el crecimiento al distribuir los recursos de una manera ineficiente.