Las elecciones regionales en el estado alemán de Baja Sajonia serán el primer test electoral del año para la canciller Angela Merkel, que espera lograr un nuevo mandato en los comicios generales de septiembre.
Un sondeo del jueves reveló que en la región, donde gobierna una coalición de la democracia cristiana (CDU) y los liberales (FDP), igual a la que rige a nivel nacional, hay un empate técnico.
Asimismo, la misma encuesta reveló que a nivel nacional Merkel tiene un 55% de popularidad, frente al 30% de su rival socialdemócrata Peer Steinbrück, que aspira a la jefatura de gobierno.
La oposición socialdemócrata y los Verdes de Baja Sajonia lideraron durante largo tiempo las encuestas en la región, pero en los últimos días la diferencia se ha estrechado.
Sin embargo, 44% del electorado no ha decidido todavía su voto, por lo cual cualquier cosa puede pasar. Una victoria oficialista consolidaría el rumbo de Merkel y sepultaría las aspiraciones de Steinbrück, mientras una derrota sería una luz de alerta para la canciller.
Si los comicios generales fueran hoy, Merkel ganaría por amplia mayoría. La canciller se ve favorecida por un desempleo en mínimos históricos y un crecimiento que si bien es débil, contrasta con la recesión en el sur de Europa.
Merkel además se ve favorecida por los pasos en falso que ha dado el candidato socialdemócrata Seinbrück, cuyas desafortunadas declaraciones –como que el sueldo mensual del canciller de 18.000 euros (11 millones de pesos) es insuficiente- lo ha alejado del electorado.
Factores adversos
Sin embargo, Merkel también enfrenta factores en contra. El más importante es la crisis que viven los liberales, su socio de coalición. La popularidad del FDP ha caído debajo de 5%, el porcentaje necesario para entrar al Parlamento. De confirmarse el ocaso liberal, Merkel podría verse obligada a repetir la gran coalición con los socialdemócratas de su primer mandato o ensayar una inédita con los Verdes.
El rumbo de la economía, tanto local como a nivel europeo, también es incierto. El rescate pendiente de Chipre por miles de millones de euros podría tensionar al gobierno germano en los próximos días.