En un mercado laboral donde la brecha de género sigue presente, el turismo se consolida como uno de los sectores que más empleo generan para las mujeres. La barrera ya no es solo de participación, sino de liderazgo, ingresos y movilidad profesional.
Según datos del Servicio Nacional de Turismo (Sernatur), en 2025 las Actividades Características del Turismo (ACT) alcanzaron 670 mil ocupados, la cifra más alta desde 2018, equivalentes al 7,1% del empleo nacional. De ese total, un 48,5% corresponde a mujeres, proporción superior al promedio de la economía, que bordea el 43%.
La presidenta de la Federación de Empresas de Turismo de Chile (Fedetur), Mónica Zalaquett, agrega que, basándose en el último reporte del gremio, la industria emplea a más de 310 mil mujeres y que la brecha de género en el sector es considerablemente menor que en el resto de la economía: 2,6 puntos frente al total de 14,2. Define al turismo como un rubro “intensivo en capital humano, con una fuerte presencia regional y una alta capacidad de dinamizar economías locales, lo que lo convierte en un motor relevante de empleo femenino formal”.
La distribución territorial refuerza esa tendencia. En el reporte de 2024-2025 de Fedetur, Los Ríos lidera con 58,7% de participación femenina. Le siguen Antofagasta (58,4%) y O’Higgins (57,3%). En contraste, la Región Metropolitana registra la menor cifra en el país (45,5%) y Magallanes se sitúa como la segunda región con menor participación (47%).
Desde Rapa Nui, un polo turístico importante para el país, la presidenta de la Cámara de Turismo local, Maeva Riroroco, explica que las mujeres participan activamente en alojamiento, gastronomía, artesanía, comercio y atención directa al visitante. “Son labores que representan el corazón de la experiencia turística en la isla, porque están profundamente conectadas con la hospitalidad, la cultura y la identidad del territorio”, afirma.
Zalaquett añade que, en general, la participación femenina en el rubro se concentra en funciones operativas, especialmente en alojamiento y gastronomía, donde alcanza casi el 59%. “El verdadero salto pendiente es avanzar hacia mayor especialización, profesionalización y movilidad vertical”, advierte.
Barreras y oportunidades
Cifras de Fedetur muestran que en segmentos como transporte turístico sigue siendo baja la participación de mujeres, aunque ha mostrado signos de recuperación, con un 18,8% en 2025 frente al 16,3% el año anterior, limitada por infraestructura y horarios. En cultura y aventura (39%), la mujer domina la planificación y ventas, pero es excluida del guiado de alto riesgo. Esta tendencia solo se rompe en regiones con fuerte vocación de naturaleza como Los Ríos y Aysén.
Según el gremio, un 69% de quienes estudian carreras ligadas al turismo son mujeres, pero esa mayoría no se refleja en cargos ejecutivos ni en remuneraciones. Mientras que la brecha promedio de ingresos alcanza el 24,4%.
Zalaquett identifica tres barreras estructurales: segregación vertical que limita el acceso a posiciones directivas; subsectores masculinizados, como transporte y actividades outdoor; y dificultades de conciliación en una industria marcada por estacionalidad y jornadas extendidas.
Riroroco destaca que la participación femenina en posiciones de liderazgo y en instancias formales de decisión ha crecido en Rapa Nui, y se nota incluso al tener una mujer como alcaldesa, aunque persisten desafíos como la sobrecarga de responsabilidades, el acceso limitado a financiamiento y la necesidad de mayor formación en gestión e innovación. También identifica la necesidad de redes de apoyo, referentes y mentorías de mujeres que sirvan de motivación para las demás que se desempeñan en esas áreas.
En ese planteamiento coincide la directora del área de turismo y hospitalidad de Inacap, Beatriz Román, cuando sostiene que el sector ofrece amplias oportunidades, pero exige actualización constante. “Avanzar hacia un turismo de mayor impacto económico, con valor agregado para los destinos y sus comunidades requiere fortalecer la base: educación pertinente, formación técnica y desarrollo de competencias que eleven la productividad y la competitividad”, destaca.
Román agrega que las instituciones deben integrar competencias en emprendimiento y gestión, especialmente para micro y pequeñas empresas que sostienen las economías locales. A su juicio, fortalecer capacidades empresariales y promover la formalización es clave para que la alta participación femenina se traduzca en trayectorias sostenibles y mejores ingresos.