En el Foro Económico Mundial de 2026, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, causó revuelo al afirmar que el orden internacional basado en reglas, que busca la gestión de las relaciones entre Estados siguiendo principios liberales a través de normas, tratados e instituciones multilaterales, está desapareciendo. Más que un aumento sostenido de conflictos, lo que distintas analistas observan es una reconfiguración del poder y de las reglas que ordenaron la política internacional durante décadas tras la Segunda Gran Guerra. En ese escenario, también se redefine quiénes participan y quiénes quedan fuera de las decisiones estratégicas.
“Estamos enfrentando no solo la competencia de dos potencias, sino también un escenario de cuestionamiento a valores que compartimos y conflictos muy prolongados. La paz como elemento estructurante hoy también está siendo tensionada”, advierte la directora del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile, Dorothea López.
Según Nicole Jenne, académica del Instituto de Ciencia Política UC e investigadora visitante del Centro David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos de Harvard, hoy vivimos una fragmentación del sistema internacional: “Existen varios actores relevantes, pero sin bloques o alianzas estables. Se forman coaliciones según intereses específicos que pueden desaparecer rápidamente”.
A ello se suma una creciente incertidumbre sobre el rumbo del sistema global. “Sabemos que ya no estamos en un escenario unipolar, pero tampoco está claro hacia qué tipo de orden internacional avanzamos”, agrega.
Liderazgo femenino
“Las mujeres no son únicamente víctimas de los conflictos, sino actoras políticas fundamentales para reconstruir legitimidad democrática y seguridad”, plantea la presidenta y cofundadora de Women in International Security (WIIS) Chile, Karen Meier, y destaca experiencias como el proceso colombiano. “El acuerdo de paz incorporó un enfoque de género robusto gracias a la participación activa de las mujeres”, indica.
En contextos de crisis, explica la coordinadora de gestión e investigaciones del Centro de Estudios Internacionales UC, Jannine Ullauri, “la influencia femenina no se limita a los espacios formales de poder, sino que también transforma dinámicas sociales y políticas desde lo comunitario y humanitario”.
En Venezuela, agrega, figuras como María Corina Machado han logrado incidir en el debate político y articular distintos sectores en medio de la crisis institucional.
Para López, esta mayor visibilidad responde a una tendencia más amplia vinculada a la agenda internacional de género. “Hoy vemos mayor representación de mujeres en ámbitos como la diplomacia pública, la protección de civiles, la documentación de crímenes internacionales y las redes de la sociedad civil transnacional”, aunque advierte que esas trayectorias todavía enfrentan dificultades para traducirse en influencia sostenida en los espacios donde se toman decisiones estratégicas.
Ullauri advierte que, a 2026, solo 29 países tienen mujeres como jefas de Estado o de Gobierno. Al mismo tiempo, mientras el gasto militar mundial alcanzó US$ 2,7 billones (millones de millones) en 2024, apenas el 0,4% del financiamiento en contextos de conflicto llega a organizaciones de mujeres. “Pese a los avances normativos, el poder y los recursos siguen concentrados en lógicas tradicionales de seguridad y no en una transformación estructural hacia la igualdad”, sostiene.
Rezagadas de los espacios de decisión
Cuando la agenda de seguridad gana protagonismo, los espacios de poder tienden a concentrarse. Según Jenne, en contextos marcados por percepciones de amenaza “los procesos de toma de decisión se vuelven más opacos y ejecutivos”, un contexto en que “suele producirse un retorno a arquetipos como la figura del protector masculino”.
Ullauri señala que la contribución femenina en escenarios de guerra no necesariamente se traduce en influencia política. “En Ucrania, cerca de 70 mil mujeres participan en tareas que van desde combate y logística hasta defensa aérea, pero esa contribución rara vez se traduce en poder de decisión”.
Según datos de ONU Mujeres de 2025 citados por la investigadora, solo una de cada diez conversaciones de paz ha incluido mujeres negociadoras y, desde 1995, la proporción de mujeres en jefaturas de Estado o de Gobierno se mantiene en torno al 10%.
En Chile, señala Meier, si bien ha aumentado la presencia femenina tanto en la carrera diplomática como en el ámbito de la defensa, las brechas persisten especialmente en cargos estratégicos y de jefatura.