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DF Lab Opinión/ ¿Sistema solar con un modelo de negocios?
"Primero llevamos los datos a la nube; ahora estamos llevando la nube al espacio. No se trata de reemplazar los centros de datos terrestres, sino de complementarlos con una nueva capa de infraestructura"
Por: Patricio Cofré, socio de Consultoría en Inteligencia Artificial y Datos de EY
Publicado: Lunes 5 de enero de 2026 a las 09:28 hrs.
Patricio Cofré, socio de Consultoría en Inteligencia Artificial y Datos de EY
Durante décadas miramos el espacio como una frontera científica o militar. Hoy, sin embargo, comienza a consolidarse como infraestructura productiva. Ya no es una promesa lejana, sino una decisión estratégica que están tomando algunas de las empresas tecnológicas más poderosas del mundo.
Los anuncios recientes lo confirman. SpaceX prepara una salida a bolsa destinada a financiar centros de datos orbitales alimentados por energía solar, diseñados para soportar cómputo masivo de Inteligencia Artificial (IA). Google, por su parte, impulsa Project Suncatcher, una constelación de satélites con chips especializados en IA que funcionarán como un data center distribuido en órbita. Incluso startups más pequeñas ya han logrado entrenar y ejecutar modelos de lenguaje directamente en el espacio.
Esto no es marketing ni anécdota. Es la convergencia de tres fuerzas. La primera es energética: en órbita no hay noche ni nubes, la radiación solar es constante y predecible. La segunda es térmica: mientras en la Tierra enfriar data centers implica altos costos ambientales y sociales, en el espacio la disipación del calor ocurre de forma natural. La tercera es la demanda: la IA requiere volúmenes de cómputo, energía y espacio físico que comienzan a tensionar los límites del planeta.
Visto así, el movimiento parece inevitable. Primero llevamos los datos a la nube; ahora estamos llevando la nube al espacio. No se trata de reemplazar los centros de datos terrestres, sino de complementarlos con una nueva capa de infraestructura que permita seguir escalando sin colapsar los recursos disponibles.
Las oportunidades son relevantes: procesar datos en órbita reduce latencias, permite analizar imágenes satelitales en tiempo real, filtrar información antes de enviarla a la Tierra y habilitar servicios globales menos dependientes de infraestructuras físicas y fronteras políticas. Para la exploración espacial, significa misiones más autónomas; para la economía digital, un nuevo tipo de cloud computing con una huella ambiental distinta.
Los desafíos, sin embargo, son reales. El costo de lanzar infraestructura sigue siendo alto, el entorno espacial es hostil y la obsolescencia tecnológica es un riesgo. A ello se suma la basura espacial y la necesidad urgente de regulación y coordinación internacional. Además, los centros de datos orbitales plantean preguntas geopolíticas sobre soberanía, jurisdicción y seguridad en un mundo donde los datos son activos estratégicos.
En este contexto, la inauguración del Centro Espacial Nacional en Chile es una señal relevante. No nos pone a la cabeza de esta carrera, pero muestra una comprensión estratégica: el espacio ya no es solo observación, también es participación económica.
El sistema solar empieza a dejar de ser solo objeto de contemplación de la astronomía para convertirse en un entorno productivo. Como ocurrió con Internet en sus inicios, hoy conviven el asombro y las primeras apuestas serias. La frontera final, al parecer, también tiene un modelo de negocios.