“Parece que hoy solo se puede ser entusiasta o apocalíptico frente a la tecnología”. Con esas palabras inició su exposición en el Congreso Futuro 2026 el filósofo y editor italiano, Andrea Colamedici. En ella abordó cómo los humanos están delegando el ejercicio de pensar a la inteligencia artificial (IA) y profundizó en la expansión del “imperialismo cognitivo”, impuesto por las grandes compañías detrás del desarrollo de esta tecnología.
El experto en filosofía digital y profesor de Prompt Thinking del Instituto Europeo de Diseño en Roma, advirtió que la inteligencia artificial está realizando “la parte más interesante de la vida”, como los procesos, el cuestionamiento y el descubrimiento, “para recibir a cambio una tarea bien hecha que, sin embargo, nos deja igual de ignorantes que antes o peor. (...) No estamos adaptando la IA a nuestra vida. Estamos adaptando nuestra vida, mente, hábitos, hogares, ciudades y política a la IA”.
Colamedici ejemplificó este fenómeno con la publicación del libro “Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad” (2025), cuyo contenido fue elaborado con asistencia de una IA por el escritor, bajo el pseudónimo de Jianwei Xun, un escritor hongkonés ficticio. El filósofo explicó que se trató de un experimento que tenía como objetivo “analizar los límites, los peligros y las seducciones” de la inteligencia artificial.
“Imaginen lo que puede hacer un gobierno -en referencia al libro-, una agencia de inteligencia, un partido político con recursos reales. El resultado es la destrucción de la posibilidad misma de un terreno común. Cuando la verdad es sospechosa, gana quien tiene más medios, quien controla las plataformas, quien ocupa el espacio simbólico”, afirmó.
Imperialismo cognitivo
Colamedici señaló que cada tecnología “suficientemente compleja”, como la inteligencia artificial, es un “ambiente cognitivo” que transmite los valores de quienes la poseen. En esa línea, definió a la era de la IA como “una forma de imperialismo cognitivo”, cuya infraestructura está concentrada en manos de empresas con el poder de decidir sobre “cómo escribimos, imaginamos, buscamos información y cómo construimos sentido”.
“Es el primer régimen de la historia que no necesita controlar los cuerpos. No censura, satura, no reprime los pensamientos, los orienta. No les dice qué pensar, les dice en qué pensar. Les dicta la agenda y el resultado de una serie de decisiones muy concretas”, afirmó.
Explicó que uno de los efectos de usar la inteligencia artificial sin un razonamiento detrás es la reducción de la activación del hipocampo, una parte del cerebro relacionada con el aprendizaje y la memoria.
“El cerebro deja de trabajar porque alguien más trabaja en su lugar. La IA generativa lleva esta delegación a un nivel nuevo. Ya no delegamos solo la orientación, delegamos la escritura, el razonamiento, la síntesis y la creatividad”, agregó.