Tras la intervención de Estados Unidos en Venezuela, el país latinoamericano aparece como una pieza estratégica en materia energética.
En un informe, la consultora Pacífico Research planteó que frente a ese escenario, para los inversionistas, la pregunta no es si algo pasará, sino quiénes ganan si pasa.
Ello en un contexto en que el consumo mundial de energía continúa aumentando de manera sistemática y el petróleo mantiene un rol protagónico. La escasez relativa genera incentivos fuertes para asegurar acceso no solo hoy, sino también mañana, asegura el reporte. Esto en un contexto en que la transición energética avanza, los combustibles fósiles siguen siendo la columna vertebral del transporte, la industria y buena parte del crecimiento global.
Según la Agencia Internacional de Energía, en 1990 la producción global de petróleo crudo excedía el consumo de productos petroleros en torno a 15%. Ese colchón se fue erosionando durante décadas, hasta que desde 2017 el consumo mundial supera a la producción y los inventarios globales comenzaron a ajustarse. “La demanda no se detiene y la oferta es limitada”, advierte la consultora.
“De hecho, en los próximos 10 años se proyecta que países que hoy representan alrededor del 10% de la producción mundial habrán agotado sus reservas. El problema ya no es regional; es global”, se lee en el informe.
La oportunidad que surge para EEUU
En el caso particular de EEUU, el país cuenta con poco más de 10 años de reservas probadas (reservas extraíbles con la tecnología existente). “Sumemos que la experiencia de Irak muestra que recuperar producción en países con infraestructura dañada o mala gestión puede tomar más de una década. Esa combinación de horizonte corto y largos tiempos de maduración presiona a EEUU a asegurar hoy recursos que podría necesitar mañana”, plantean desde Pacífico Research.
En esa ecuación, Venezuela encaja de lleno, aseguran. “Si la historia sirve de guía, la principal potencia mundial hará lo necesario para asegurar acceso al petróleo venezolano”, enfatizan.
Con las mayores reservas probadas del mundo (cerca del 17% del total), el país latinoamericano es un activo energético de primer orden, aunque su producción actual es menos de un tercio de la que alcanzó en el pasado.
“Recuperar una fracción relevante de esa capacidad exigirá inversiones colosales, que no llegarán mientras no haya reglas claras y protección efectiva al capital, condiciones que las empresas han señalado públicamente como indispensables”, plantea el reporte.
Otra advertencia es que la política interna norteamericana jugará un rol fundamental en los plazos y los ritmos, en especial las “mid-term elections” que se celebran a finales de este año.
Los ganadores
Ante este panorama, para los inversionistas habría implicancias claras.
En el corto plazo, un escenario que permita recuperar producción tendría ganadores directos evidentes: compañías de infraestructura petrolera, servicios especializados, transporte, logística y financiamiento del sector energético.
A su vez, el informe postula que habría beneficiarios indirectos, como empresas que podrían capturar al menos US$ 1.000 millones en mayores exportaciones de bienes de consumo manufacturado desde Colombia hacia Venezuela, en la medida que aumenten los ingresos del último. Y, por supuesto, la industria bélica y sus proveedores en el contexto de tensiones que involucran no solo a las principales potencias.
En el largo plazo, sin embargo, Pacífico Research alerta que los costos son ineludibles: más consumo de energía, en cualquiera de sus formas, implica riesgos climáticos y menor disponibilidad de recursos naturales. “La segunda ley de la termodinámica no perdona”, cierra el reporte.