Incertidumbre total. Ese es el concepto que mejor refleja la situación en que está la negociación por la mesa de la Cámara de Diputados.
Ello porque un par de horas después de que se firmara el acuerdo entre el oficialismo, la Democracia Cristiana (DC) y el Partido de la Gente (PDG), comenzaron ha surgir los problemas y las diferencias, especialmente por el falangismo cuyos ocho diputados de la bancada están divididos en cuatro que quieren negociar con la derecha y otros cuatro que prefieren mantener el fracasado consenso al que ya se había llegado.
El Senado, en tanto, habría llegado a acuerdo, de manera que la derecha se quedaría con tres presidencias, la primera de ellas para la senadora de RN Paulina Núñez, mientras que la que le cedieron a la centroizquierda sería para el Partido Socialista.
No obstante, al cierre de esta edición, la DC no respaldaba el acuerdo alcanzado, tanto que el senador falangista Iván Flores insistió en que tanto en el Senado como en la Cámara el “escenario está demasiado revuelto y confuso”.
Advirtió además que en “la Democracia Cristiana nos estamos sintiendo como el jamón del sándwich, pero un jamón que está saliendo del sándwich y eso no lo vamos a aceptar, ni de la izquierda que no está entregando las garantías para llegar a un acuerdo que se cumpla, ni menos con la derecha que está haciendo cálculos de cómo sumar votos para, finalmente, no cumplir los acuerdos para pasar la aplanadora”. Y no descartó el camino propio.
En la Cámara la situación es compleja, tal como lo expresa Flores, lo que favorece a la derecha y el escenario de la mañana cambió en pocas horas. De hecho, todo parecía que estaba zanjado, cuando minutos antes de la 11:30 de la mañana, en la sede del Congreso en Santiago, los parlamentarios que participaron en las negociaciones entre el oficialismo, la DC y el PDG ratificaron el acuerdo esculpiendo su firma en él.
En concreto, el PDG se quedaría con dos presidencias, la del primer año, que se entendía sería para la diputada Pamela Jiles, y la del cuarto año; el segundo año sería para la DC y el tercero para el Partido Socialista (PS).
Río revuelto
Sin embargo, el acuerdo comenzó a tambalear a poco de ser ratificado, porque cuatro diputados de la bancada falangista, entre ellos Jorge Díaz, se opusieron a la postura refrendada por su representante en las negociaciones, Héctor Barría, quien también es el jefe de la bancada.
Pese a que este último había asegurado que “la Democracia Cristiana es un partido serio; todos quienes ingresaron o fueron candidatos a diputados y diputadas y fueron electos por la DC, por supuesto, que van a cumplir”, comenzaron a circular unas declaraciones de su par electo Jorge Díaz, quien desconocía el acuerdo, haciendo hincapié en que la bancada DC no había tomado una decisión e incluso detalló que se había decidido realizar una reunión de bancada el mismo martes para decidir con quien negociar.
Desde su punto de vista, el jefe de bancada habría suscrito el documento a título personal, puesto que no tendría ni las facultades ni el mandato de los diputados para tomar la decisión.
Según comentaron en el oficialismo, esto provocó que el PPD también se sintiera inclinado a negociar con la derecha, entre otras cosas, porque a muchos de los que habían suscrito el acuerdo les incomodaba facilitar la llegada de la diputada Pamela Jiles a la testera.
Pero también jugaría un rol la desconfianza que algunos sienten hacia el PDG, dado como se comportó la bancada que llegó a la Cámara en este período que concluye y que desapareció con el paso de los años.
Al cierre de esta edición, no estaba claro el escenario en ninguna de las dos cámaras, por lo que las votaciones de este miércoles se mantienen en la incertidumbre. La reflexión que hacen algunos parlamentarios es que esta “es una muestra de lo que podría ocurrir en este período legislativo y lo difícil que será tomar acuerdos”.