Durante la década de los ‘90, Venezuela era considerada una tierra fértil para la inversión. Sin embargo, ese escenario comenzó a cambiar de manera estructural con la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999 y se profundizó posteriormente bajo el régimen de Nicolás Maduro.
La incertidumbre regulatoria, la intervención estatal, la recesión prolongada y, más tarde, la hiperinflación, terminó por erosionar el atractivo del país, provocando una sostenida fuga de capitales. Multinacionales replegaron operaciones, mientras que grandes grupos empresariales venezolanos comenzaron a reducir su exposición local y a externalizar negocios.
Uno de los casos más emblemáticos fue el del Grupo Cisneros, uno de los holdings privados más importantes en la historia de Venezuela y expropietario de Chilevisión. Según datos de la propia entidad, desde su fundación -en 1929-, el grupo no hizo más que expandirse, incursionando en distintos negocios, y hacia fines de los años ‘90 y comienzos de los 2000 se convirtió en uno de los conglomerados privados más poderosos.
En su peak, el holding llegó a emplear a cerca de 37 mil personas en diversos países, generando ingresos anuales por alrededor de US$ 4 mil millones, según distintos medios internacionales.
Ese auge también se reflejó en la fortuna de su entonces presidente, Gustavo Cisneros, hijo del fundador, quien llegó a figurar entre los hombres más ricos del mundo. En 2007, Forbes estimó su patrimonio en torno a los US$ 6 mil millones.
Pero el punto de inflexión no tardó en llegar. Durante el Gobierno de Hugo Chávez, el conglomerado decidió abrir sus oficinas corporativas en Miami, Estados Unidos, en una señal interpretada por el mercado como la búsqueda de una base operativa más estable.
Posteriormente, la crisis económica y política que se profundizó bajo la administración de Nicolás Maduro, desde 2013, terminó por golpear con mayor fuerza al grupo. Así, en 2019, Forbes estimó que la fortuna de Gustavo Cisneros se había contraído hasta los US$ 1.100 millones.
Los negocios
En su período de mayor expansión, el portafolio del Grupo Cisneros abarcó televisión abierta y de pago, bebidas, telecomunicaciones, consumo masivo y medios en distintos mercados de la región.
Desde Venezuela, el holding controla Venevisión hasta la actualidad, uno de los principales canales privados del país y casa histórica de producciones como Miss Venezuela, además de una amplia red de señales de televisión pagada y distribución internacional de contenidos hacia EEUU y América Latina.
En paralelo, operó franquicias y asociaciones con marcas globales como Pepsi-Cola en Venezuela -negocio que posteriormente fue traspasado a Empresas Polar-, además de participaciones en DirecTV y la operación de cadenas de comida rápida como Burger King y Pizza Hut. El grupo también selló alianzas con medios internacionales como Univisión. En Chile, el conglomerado fue propietario de Chilevisión desde 1993, tras adquirirla a la Universidad de Chile. Años más tarde, esa participación fue vendida al holding Bancard, ligado al entonces empresario Sebastián Piñera.
Pero el choque con el régimen chavista los llevó a un proceso de repliegue. El grupo comenzó a desprenderse de activos, reducir su exposición al mercado venezolano y concentrar sus operaciones fuera del país.
US$ 1.500 MILLONES ES LA FORTUNA ACTUAL DE ADRIANA CISNEROS.
¿Una nueva etapa?
En 2013 Gustavo Cisneros, quien moriría una década más tarde, cedió el liderazgo del conglomerado a su hija Adriana Cisneros -cuya fortuna alcanza los US$ 1.500 millones-, quien asumió como CEO. Bajo su conducción, el grupo inició una reestructuración, adaptándose a un escenario de menor escala y redefiniendo sus áreas de negocio, concentrándolas en cuatro, indicaron fuentes del grupo.
La primera es Cisneros Media, que agrupa canales abiertos y de pago, el certamen Miss Venezuela y Mobius Lab Productions. A ello se suman plataformas digitales como VenevisionPlay, VePlus, Novelisima y MasTalk.
En el ámbito digital tienen Cisneros Interactive, una de las principales empresas de publicidad digital de la región, representando a gigantes como Facebook, Instagram, LinkedIn y Spotify. Recientemente esta unidad fue vendida a Entravision, una compañía estadounidense de tecnología de marketing y medios, con la cual el grupo continúa explorando nuevas inversiones digitales.
Otro de los focos del conglomerado es Cisneros Real Estate, que desarrolla Tropicalia, un megaproyecto turístico en República Dominicana, cuya primera fase contempla unos US$ 200 millones de inversión y que cuenta con un acuerdo con Four Seasons para la operación del complejo.
El cuarto pilar es AST & Science, tras la adquisición de acciones en AST SpaceMobile, con el objetivo de construir la primera red de banda ancha celular espacial accesible desde teléfonos inteligentes.
Con este nuevo mapa de negocios, el Grupo Cisneros enfrenta un escenario abierto, dicen conocedores del holding. La incógnita es si, en un eventual cambio político en Venezuela, el conglomerado volverá a apostar por su país de origen o si consolidará definitivamente su transformación en un holding enfocado en operaciones internacionales.