A la mañana siguiente de cerrar un acuerdo con Donald Trump sobre Groenlandia que parecía haber aliviado la mayor crisis en las relaciones transatlánticas en décadas, Mark Rutte disfrutaba de su reputación -ahora “bañada en oro”- como el máximo “susurrador de Trump” de Europa.
“El Presidente y yo acordamos implementar su visión -que creo que es totalmente acertada-”, dijo el secretario general de la OTAN, al margen de un desayuno en Davos, donde se mostró llamativamente exultante, incluso para sus propios estándares, famosos por su ligereza. “Tuvimos una muy buena conversación”.
La conversación privada de Rutte con Trump no solo llevó al mandatario estadounidense a retirar su amenaza de imponer aranceles a los europeos y a suavizar su retórica sobre la conquista de Groenlandia: también pareció haber tenido un precio muy bajo, la promesa de abrir conversaciones sobre el futuro de la presencia de EEUU en la isla ártica.
Una docena de amigos, colegas y antiguos aliados y rivales políticos del exprimer ministro neerlandés dicen al FT que la maniobra fue el Rutte de siempre: un compromiso construido sobre la conexión personal y un enfoque “láser” en lograr un resultado, lubricado por elogios generosos a Trump que a menudo han rozado la adulación.
“Catorce años liderando la política de coaliciones en Países Bajos lo hicieron muy bueno para encontrar compromisos y cerrar acuerdos. Y parece imperturbable ante cualquier crisis que le toque gestionar”, dice Ernst Dijxhoorn, profesor asistente de la Universidad de Leiden.
La “regla del submarino”
Rutte “ha entendido mejor que nadie el principio del submarino al lidiar con Trump”, dice un diplomático europeo que ha trabajado estrechamente con él. “Te mantienes bajo la superficie, no generas olas, y sales a la superficie solo cuando es absolutamente necesario, para lograr algo”.
Tras liderar Países Bajos entre 2010 y 2024, la destreza política de Rutte y su ya buena sintonía con Trump lo convirtieron en la elección abrumadora para guiar a la OTAN a través de lo que los miembros europeos de la alianza sabían que podía ser un periodo profundamente difícil si el líder del movimiento Maga regresaba al poder.
Desde que asumió el cargo en octubre de 2024, ha hecho del “manejo de Trump” su foco principal, apoyándose con fuerza en su capacidad para forjar lazos estrechos con sus interlocutores. Un exprimer ministro de la OTAN que compartió cumbres y reuniones privadas con Rutte lo describió como “cálido, meticuloso y un constructor de relaciones increíble”.
Rutte nunca deja de responder mensajes de texto de políticos en un plazo de cinco minutos y suele hacer seguimiento de sugerencias de lectura, consejos e ideas. Soltero de toda la vida, trabaja sin parar, y con frecuencia invita a otros líderes europeos a cenar en La Haya para tratar asuntos en un marco informal.
El menor de siete hermanos, de 58 años, nació y creció en la capital administrativa neerlandesa, y trabajó como gerente de recursos humanos en Unilever antes de entrar en política. Su imagen política de cercanía, dicen sus amigos, es auténtica: como primer ministro, iba en bicicleta al trabajo y daba una clase semanal de ciencias sociales en una escuela secundaria local.
Dos personas que negociaron con Rutte -a favor y en contra- cuando era primer ministro dicen que siempre desplegaba un “encanto de grado industrial” para forzar un acuerdo. “Halagos, lealtad al máximo y gestiones entre bambalinas para sumar a todos”, dice una de ellas.
Halagos calculados, polémica pública y resultados
Ese rasgo quedó en evidencia cuando Rutte se refirió de forma célebre a Trump como “daddy” en una discusión televisada durante la cumbre de la OTAN en La Haya el verano pasado, cuando Trump exigía que los Estados europeos aumentaran drásticamente el gasto en defensa. También le envió a Trump un mensaje de texto -que luego el Presidente estadounidense publicó en Internet- que decía: “Europa va a pagar a lo GRANDE, como corresponde, y será tu victoria”. El elogio desbordante provocó burlas generalizadas e incomodó a muchos funcionarios de la alianza, pero personas cercanas a Rutte dicen que no le importó la reacción: la jugada funcionó.
“Hubo muchas críticas por las frases de ‘daddy’”, dice el exprimer ministro de la OTAN, “pero en su mente era algo así como: ‘Sí, ¿y qué? Yo logré que esto saliera’”.
“Se mete a fondo en lo que hace funcionar al otro, y en base a eso define sus acciones”, dice Robert de Groot, quien fue embajador de Rutte ante la UE cuando era primer ministro.
“Como secretario general de la OTAN, su obsesión es mantener a todos dentro de la carretilla, y eso no es fácil”, agrega de Groot, hoy vicepresidente del Banco Europeo de Inversiones. “Si Rutte tiene que halagar para obtener un resultado del que todos digan: ‘Gracias a Dios esto salió bien’, entonces lo hará”.
Como primer ministro neerlandés, lideró cuatro coaliciones distintas, casi todas inestables, conflictivas y que exigían una gestión permanente. Encontró formas de hacer que su partido centrista, el VVD, trabajara con fuerzas de todo el espectro. Su primera coalición dependió de un controvertido acuerdo de apoyo parlamentario con el PVV, el partido nacionalista de extrema derecha de Geert Wilders, lo que mostró su capacidad de priorizar el pragmatismo por sobre la ideología. “Si estás buscando visión”, bromeó célebremente, “mejor visita a un óptico”.
“Podía trabajar con cualquiera”, dice de Groot, citando al líder euroescéptico de Hungría, Viktor Orbán; al Presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan; y al Presidente francés, Emmanuel Macron.
“No soy popular entre ustedes ahora porque estoy defendiendo a Donald Trump, pero de verdad creo que pueden estar contentos de que esté ahí”, dijo Rutte ante una audiencia en Davos el miércoles, antes de su reunión con el presidente estadounidense. “Nos ha obligado en Europa a dar un paso al frente… Sin Donald Trump, esto nunca habría ocurrido”.