“La inteligencia artificial (IA) es cualquier cosa menos artificial”. Así lo planteó el profesor de Geografía de Internet del Oxford Internet Institute, Mark Graham, quien expondrá en el Congreso Futuro 2026, en la Cumbre Futuro del Trabajo que se realizará este viernes.
El investigador británico conversó con DF acerca del impacto de la IA en el mundo laboral y advirtió que el “costo humano real” de esta tecnología es la construcción de sistemas “opacos” y “sin rendición de cuentas”, y que el principal riesgo de integrarla al trabajo es la toma de decisiones que no pueden ser explicadas ni cuestionadas.
Graham es doctor en Geografía de la Universidad de Kentucky y parte de su investigación aborda el cruce entre tecnologías y contextos geográficos, su impacto en el trabajo, las cadenas de valor y las desigualdades globales. Ha contribuido en la elaboración de políticas de desarrollo digital y laborales, y es coautor del libro Feeding the Machine: The Hidden Human Labour Powering AI (2024), que entrega una visión de las organizaciones que explotan el trabajo humano y la inteligencia colectiva para alimentar la IA.
“Algunos trabajos están desapareciendo, como la traducción (...) Y se están creando nuevos puestos en la economía de la IA (como el etiquetado de datos), pero no son muy buenos”.
- ¿Qué tema abordará en la Cumbre de Futuro del Trabajo?
- En primer lugar, debemos reconocer que la IA es cualquier cosa menos inteligencia artificial. Hay mucha inteligencia humana involucrada tanto en su desarrollo como en su mantenimiento. Es una red de producción que requiere mucha mano de obra. Creemos que muchas de las tecnologías de IA se desarrollan en lugares como Silicon Valley, pero en realidad gran parte del trabajo de anotación, etiquetado de datos, desarrollo, moderación y mantenimiento se realiza en países de bajos ingresos, como Kenia, Filipinas e India. Los trabajadores tienen salarios bajos, sus condiciones son precarias, perjudiciales y peligrosas.
Segundo, se trata de un trabajo muy mercantilizado, que se divide en las partes más pequeñas posibles que pueden ser gestionadas por computadores. Eso significa que es muy fácil transferir estas labores de una parte del mundo a otra. Esto dificulta la organización de los trabajadores o de los reguladores que buscan elevar los estándares. Como usuarios de estas tecnologías, debemos empezar a reconocer las formas en que estamos implicados en los efectos que estas cadenas están teniendo en el otro lado del mundo.
Trabajo y costo humano
- ¿La IA generativa mejorará o reemplazará a los trabajadores?
- Ambas cosas. Ya estamos siendo mejorados de varias maneras, y se están replanteando y transformando muchos puestos laborales. Los trabajadores están entrando en contacto con la inteligencia artificial sin saber siquiera que lo están haciendo, y eso se debe en parte a que estas cadenas de suministro de IA suelen ser muy opacas, poco transparentes.
Por otro lado, algunos trabajos simplemente están desapareciendo, por ejemplo, la traducción. Pero hay otros a los que aún no ha afectado. Si eres gasfiter, aún no tienes que preocuparte de que esta tecnología te quite el trabajo, ni siquiera estamos cerca de esa etapa. También se están creando puestos de trabajo en la economía de la IA, como los que mencioné, que hace pocos años no existían, pero no son muy buenos. No son trabajos que la gente realmente quiera o busque, pero proporcionan ingresos a muchas personas.
- Usted ha hablado del “costo humano real” de la IA. ¿A qué se refiere?
- El costo real es desarrollar un conjunto de sistemas que no rinden cuentas, que son opacos e irresponsables, en los que se toman decisiones sin posibilidad alguna de responder al responsable de la decisión y de exigirle responsabilidades, o incluso sin saber por qué se tomó o quién tomó una decisión. Por lo tanto, cuando la IA interviene en el proceso laboral, el gran riesgo es que estamos permitiendo que los sistemas nos gobiernen y controlen. Perdemos autonomía como personas y como trabajadores. Y no creo que nadie quiera eso.
Si queremos un futuro menos distópico, tenemos que empezar a pensar en cómo diseñar normas y reglamentos que nos sirvan como trabajadores, y esto no va a suceder por arte de magia. El mercado no va a crear este tipo de resultados por sí solo. Por lo tanto, como sociedades, tenemos que impulsar el desarrollo de estas tecnologías en una dirección con la que estemos contentos y cómodos.
- ¿Qué medidas de protección propone?
- Necesitamos normas y leyes que obliguen a las empresas que lideran cadenas de suministro a establecer estándares mínimos en las cadenas que participan para garantizar que todos sus proveedores, por ejemplo, paguen salarios mínimos y que las condiciones para los trabajadores sean justas.
Y esas leyes de debida diligencia también pueden abarcar aspectos como los costos medioambientales de la producción de cualquier producto. Creo que es algo muy importante. No se habla lo suficiente de ello en el mundo de la inteligencia artificial.