La fundación que lleva música a los hospitales pediátricos
La ronda se llama el programa de la Fundación Factoría Musical que una vez a la semana lleva música en vivo a la sala de espera del Hospital Dr. Exequiel González Cortés y del Hospital de Niños Roberto del Río. “Es impresionante la sensación cuando uno empieza a tocar. Es como que se encendiera una varita mágica, empiezan a aparecer las sonrisas y a conectarse las miradas”, comenta la pianista Rosa Vergara.
Por: Sofía García-Huidobro Foto Verónica Ortiz
Publicado: Viernes 26 de junio de 2026 a las 10:00 hrs.
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“Una vez estábamos tocando Bajo el mar de La Sirenita y un niño empezó a cantar a todo pulmón, fue increíble”, cuenta Rosa Vergara Marshall. Viene de una familia amante de la música y partió estudiando piano en el Instituto Música UC cuando tenía 6 años.
“El piano es algo que he ido decidiendo muchas veces en la vida, ha habido crisis también, pero la Factoría musical partió como un proyecto aquí. Quería hacer clases de piano en un ambiente más acogedor, respondiendo a mi experiencia de niña y adolescente como alumna de conservatorio, que puede ser algo duro”, cuenta Rosa sentada en el living de la casa donde viven sus padres y donde ella creció. Ahí mismo imparte clases de piano a alumnos entre 5 y 75 años, cuenta.
Fue acompañando a su madre durante una enfermedad que la mantuvo internada durante meses, que Rosa experimentó la necesidad de incorporar la música para amenizar la estadía hospitalaria. “Sentí que era imposible que ella se sanara sin que hubiese música en el hospital. Fueron amigos míos a tocar sus instrumentos y lo que se produjo fue impresionante. Y no solamente con mi mamá, sino con toda la gente que estaba ahí. Ahí dije: ‘hay que armar un proyecto’. Fue una forma de darle sentido a ese momento duro, empatizando también con tantos otros que les toca vivir lo mismo”, comenta la pianista.
La Ronda nació en 2018 en el Hospital Luis Calvo Mackenna. La intervención consiste en tocar música en la sala de espera, una vez a la semana. Apenas suenan los primeros acordes el ambiente cambia, dice Rosa. “Es impresionante la sensación cuando uno empieza a tocar. Es como que se encendiera una varita mágica, empiezan a aparecer las sonrisas y a conectarse las miradas”, describe. Después de un año acudiendo al hospital, decidió que el proyecto debía ir más allá y convertirse en Fundación Factoría Musical: “Estando ahí todas las semanas empezamos a ver que esto tenía un impacto importante y se transformó en un sueño más grande”.
El problema es que justo vino la pandemia y los recintos hospitalarios debieron cerrar sus puertas, lo que significó un freno abrupto. Cuando comenzaron a retirarse las restricciones sanitarias, la contactaron del Hospital de Niños Roberto del Río y ahí partió una segunda etapa. “Es evidente que la música nos hace bien y hay muchas partes del mundo donde este tipo de intervenciones se implementan”, agrega Rosa.
En el hospital pediátrico existe la Sala de Entretención COAR (Corporación Amigos del Hospital Roberto del Río) donde hay un piano. Entonces sumaron una nueva iniciativa, los mismos alumnos a los que Rosa les imparte clases particulares, niños en su mayoría, van a tocarle piano a los pacientes y sus acompañantes.
La instancia se llama Conciertos De la infancia para la infancia. “Al principio unos tocaban y otros aplaudían, pero luego los que estaban escuchando también querían tocar el piano. Obvio. Entonces diseñamos una modalidad más participativa e incorporamos a Francisca Meza, profesora de música, para que hiciera una mediación”, relata. También participan los voluntarios Francisca Fernández y Martín Ahumada.

La ronda se teje
El año pasado se ganaron un fondo concursable de la Fundación Piñera Morel que les permitió llevar estas intervenciones al Hospital Pediátrico Dr. Exequiel González Cortés. Ahí trabajan además con los pacientes de la Escuela Hospitalaria Oncológica de la Fundación Nuestros Hijos donde estudian unos 20 niños que no pueden ir al colegio debido a sus tratamientos. A ellos les hacen sesiones semanales de estimulación musical y una vez al mes tienen un Concierto De la infancia para la infancia.
“Los músicos en general estamos acostumbrados a ser evaluados cuando tocamos y en este caso es puro agradecimiento. Los nervios pasan a segundo plano”, dice Rosa. La dinámica que se da entre sus alumnos y los pacientes del hospital se convierte en una experiencia virtuosa para ambas partes, explica.
Todos los lunes, de 9 a 11 am, tocan en la sala de espera. Generalmente va Rosa con un teclado, acompañada del clarinetista Alfonso Vergara y/o la cellista Magdalena Rust. Es el horario de la semana que hay más gente esperando atención. “A todos nos cuesta empezar los lunes, llevar a un niño al hospital es aún más difícil. Si la gente realmente pudiera ver lo que se produce cuando tocamos, cambiaría la mirada. Es mágico y muy emocionante”, plantea Rosa.
El repertorio que tocan en La ronda es amplio: música de películas, grandes clásicos de la música clásica, incluso tango. “Es muy espontáneo. Los niños bailan. También se dan momentos de catarsis. Vamos sintiendo el ambiente y según eso a veces elegimos qué tocar”, cuenta la pianista. “En ese entorno los niños dejan de ser pacientes. El cáncer y el dolor pasan a segundo plano por un rato. Se ponen contentos, algunos dibujan, otros bailan. El hospital deja de parecer hospital”, agrega.
De eso ha sido testigo Cecilia Piñera Morel. La pediatra e infectóloga trabaja hace veinte años en el Hospital Exequiel González Cortés. Que la Factoría musical se ganara uno de los fondos concursables de la Fundación FPM fue una bonita coincidencia, dice, ya que ella forma parte del directorio, pero la entrega de fondos estuvo a cargo de un jurado externo, con nombres como Paulina Urrutia, Consuelo Valdés y Emilio de la Cerda, entre otros.

“Uno llega los lunes y está sonando música. La sala de espera está en el hall de entrada, donde parte la escalera, entonces se genera una especie de caja acústica. No sólo para los pacientes y sus familias es muy bonito, también para quienes trabajamos ahí es algo que alegra”, dice la doctora. Añade: “La música genera un cambio en el estado de ánimo de los pacientes. Los procesos de sanación son de cuerpo y de alma. Esta intervención levanta el espíritu”.
A principios de abril tuvo lugar una ceremonia que marcó el inicio de La ronda 2026 en el recinto de San Miguel, que además es campo clínico de la Universidad de Chile. La actividad contó con la participación de la ahora ex Rectora Rosa Devés, personal del hospital, el directorio de Factoría musical y también tuvo una participación especial Cecilia Piñera.
“Conozco lo que se vive en estos pasillos: la espera, la incertidumbre, pero también la fortaleza enorme de los niños, sus familias y los equipos de salud. Por eso, este proyecto, La Ronda, es tan valioso. Porque trae la música a un lugar donde no siempre está, pero donde puede hacer una gran diferencia. La música acompaña, alivia, conecta… y ayuda a humanizar la experiencia hospitalaria. (…) Desde la Fundación Piñera Morel creemos que la cultura no es un lujo, sino una necesidad. Es encuentro, es identidad, es una forma de construir una sociedad más cohesionada y humana”, dijo la pediatra en esa instancia.

Cómo escalar
La experiencia ha sido tan positiva que desde la fundación están estudiando cómo escalar el proyecto. “La demanda es infinita y como vemos el impacto que produce, el desafío ahora es lograr que crezca. El beneficio es muy grande para los costos que tiene”, dice Pelayo Santa María, parte del directorio de la Factoría musical.
Como fundación están acogidos a la Ley de Donaciones Culturales y reciben donaciones, pero conseguir financiamiento es una de las tareas fundamentales. El aporte de la Fundación FPM ha sido fundamental coinciden Rosa y Pelayo. “Ver el programa funcionando así, en toda su envergadura, nos ha permitido empezar a soñar con su escalabilidad”, afirman.
“A nivel internacional esto existe y está absolutamente validado. Un buen ejemplo es Música en vena en España. Se reconoce el poder de la música en el espacio hospitalario. Hay que instalarlo en Chile, esa es la idea”, apunta la pianista.
Actualmente están en contacto con académicos con el propósito de medir el impacto de las intervenciones que realizan en el Exequiel González Cortés de manera de objetivizar el beneficio que entregan. Estas acciones se enmarcan en la tendencia de humanización de la salud, enfoque que sitúa la dignidad, las emociones y los derechos de las personas en el centro del sistema de salud.

Chilenas al Piano
Otro proyecto que lleva Factoría musical es Chilenas al piano. Nació en pandemia por la inquietud de un alumno de Rosa, el musicólogo Álvaro Bravo. “Un día me dijo: ‘Quiero tocar música de compositoras y ojalá chilenas’. Yo, siendo pianista toda la vida, pensé: ‘no sé casi nada’. Álvaro empezó a investigar y encontró mucho material”, cuenta la pianista.
A ella se le ocurrió hacer que esa música sonara a través de sus alumnos. Lo pensaron como una alternativa para conmemorar el 8 de marzo con un concierto. “Los niños se motivaron un montón, para ellos era evidente que había que tocar música de las mujeres, cosa que en mi generación no era para nada tema. Me di cuenta del cambio”, comenta.
Partió como un concierto online que cada uno grababa desde sus casas y siguieron realizando el ejercicio el día 8 de cada mes. Al año siguiente lo expandieron a compositoras mujeres latinoamericanas. Al cuarto año se enfocaron nuevamente en Chilenas al piano, con apoyo del Instituto de Música de la Universidad Alberto Hurtado, realizaron grabaciones profesionales de las melodías interpretadas por sus alumnos.
“Fue una súper experiencia para los niños y siempre buscando que sea un proyecto de divulgación, compartir este conocimiento que a veces queda en un nicho académico”, dice. Pronto van a grabar un disco con el sello Aula Récords de la Usach y también lanzarán un libro con partituras de compositoras chilenas del siglo XIX bajo la editorial de la Alberto Hurtado y con apoyo del Fondo de la Música del Ministerio de Cultura y Patrimonio.
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