Roberto Merino, el cronista de Santiago: “Todavía en la sociedad santiaguina más chica, de elite, los pelambres son cosa seria"
Acaban de aparecer dos libros suyos: uno de crónicas, el otro de ensayos. Ambos tratan el tema al cual Merino está dedicado hace décadas: Santiago. Observa esta ciudad desde que era un niño, y hoy -a sus 65- la mira aún con asombro.
Por: Patricio De la Paz
Publicado: Sábado 27 de junio de 2026 a las 21:00 hrs.
Noticias destacadas
Roberto Merino (65), el principal cronista actual sobre Santiago, con décadas de observación de la ciudad y varios libros publicados, llega silencioso al café de Providencia. Abrigado. Comenta que el frío de la capital lo tiene con un leve romadizo, y que debe cuidarse porque hace poco estuvo internado por una neumonía. Pide un macchiato doble y una tarta vasca. Son pasadas las 3 y media de la tarde. Terminó hace poco sus clases en la UDP, en el centro. Dice que aún no ha almorzado.
Son días felices para el Merino escritor. Simultáneamente aparecieron recién dos libros suyos: una reedición actualizada de Todo Santiago -donde se agregaron nuevas crónicas, cubriendo ahora un arco amplio desde 1995 al 2023- y Ciudad del olvido, que reúne varios de sus ensayos sobre la capital chilena. Esa es la excusa para sentarse a conversar con él. Pero como siempre ocurre en una conversación, sus respuestas abren puertas impensadas. Como la ciudad más personal que él ha ido construyendo de tanto mirar, desde niño, la que lo rodea.
TE PUEDE INTERESAR
- Después de años observando Santiago, ¿qué has concluido de la ciudad?, ¿cómo se podría definir?
- Cada vez se me escapan más las definiciones, no soy bueno para la síntesis. Probablemente fallaría si dijera algo así. Es una ciudad compleja.
- ¿Pasaría lo mismo si pregunto cómo definirías a los santiaguinos?
-Podría señalar una característica. Porque si vas a otro país y pasa un santiaguino, podrías identificarlo por la cara, por la expresión de los ojos. Son medio adormecidos. Pasa en los hombres; no en las mujeres.
"Si vas a otro país y pasa un santiaguino, podrías identificarlo por la cara, por la expresión de los ojos. Son medio adormecidos. Pasa en los hombres; no en las mujeres".
- Curiosa característica… ¿Has encontrado explicación?
- Quizás tenga que ver con ese chileno del cual se hablaba antes, ya no. El que era incapaz de opinar, inseguro de su lugar en el mundo. No sé, son cosas que veo en las calles, andando en micro.
- ¿Y algo más relacionado con la personalidad del santiaguino?
- Seguro ha cambiado. Los santiaguinos que yo miraba de niño, que venían de los años ‘30 o por ahí, no son los de ahora.
- Antes éramos más provincianos, tal vez más tímidos, más ensimismados…
- No menos violentos, pero más tímidos.
El centro
En sus crónicas y ensayos sobre Santiago, Merino -cuyo gran inspirador ha sido Joaquín Edwards Bello- se pasea por muchos barrios, con énfasis en datos curiosos, sorprendentes, y en la observación aguda. Muchas veces cruza los relatos con la literatura y la Historia. Una buena parte de ellos trascurren en zonas del centro, como Estación Central, Yungay, Lastarria, República, la Plaza de Armas, Bellavista, por nombrar algunas. También pone el ojo en Providencia y en Las Condes. Algo en Vitacura. Hay muy poco de La Dehesa y esos lugares del Santiago más al oriente.
- Seguro que eso fue una decisión tuya, ¿por qué?
- Creo que es un modelo psicológico mío, porque mis vínculos más formativos fueron con el centro, Providencia, Las Condes, Ñuñoa. Ése es el Santiago metido en mi vida, el que escuchaba desde niño. Después mis primos se fueron para otros lados, La Dehesa ponte tú, pero a mí ya no me entró eso. Cuando ocurrió, yo ya tenía mi territorio demarcado. Yo nací en el centro, entonces esos fueron mis lugares áuricos.
- ¿Ganas de ponerse al día con el Santiago que tienes pendiente?
- No, porque lo que más me interesa ahora es esa modalidad de un libro mío anterior, Mundos habitados, y que tiene que ver con la memoria, con los mecanismos que la sostienen. Ese libro no está supeditado a tema alguno, salvo al mecanismo de la memoria. Entonces no tengo un esquema en el mapa de Santiago que deba cumplir.
- No tienes entonces que estar en todas las comunas ni guardar equilibrio entre oriente y poniente, norte y sur… Estás volcado a tus territorios conocidos, a tu propia travesía en la ciudad.
- Exacto. Y ahí lo que predomina es el centro.

La nostalgia
Merino cuenta que siempre fue un buen e incansable caminante. Así recorría y miraba la ciudad, desde los 13 años. Con los años, sus entusiastas patiperreos han ido disminuyendo. La salud ha tenido responsabilidad en eso. Carga desde hace años con una insuficiencia renal, que lo ha tenido hospitalizado. Recientemente suma problemas al túnel carpiano en ambas manos. Y tiene la función cardiaca un poco disminuida, lo que de rebote -explica él- le involucra los pulmones y hace neumonías como la que tuvo hace poco.
“Sí, la salud está más o menos. El propósito es mantener el nivel de flotación. Me cansa. Pero bueno, saco entusiasmo no sé de dónde, porque realmente soy una especie de optimista. No pienso mucho en la enfermedad”, dice.
Por eso ha escrito en sus textos, y lo repite esta tarde de conversación, que en lo posible prefiere no salir mucho “de la comuna en que he afincado mi existencia”, que es Providencia. “Además me gusta mucho, nunca me ha dejado de gustar”, explica.
- ¿Hay lugares de Santiago que nunca te agotan, que siempre es un placer volver?
- A mí me gusta el cerro Santa Lucía. He escrito harto de él. Desde chico yo tenía la cuestión de irme para allá. No hacía la cimarra, pero me iba en las horas libres. Había estímulos muy nutridos allí. Además, lo encontraba muy bonito. Recuerdo esas cuncunas que caían de los árboles.
- ¿Has ido ahora?
- Me cuesta ir. Ya estoy como mi abuelo, que cuando lo invitaban a la playa decía: “No, yo ya conocí”.
"Me gusta el cerro Santa Lucía. He escrito harto de él. Desde chico yo tenía la cuestión de irme para allá. No hacía la cimarra, pero me iba en las horas libres. Había estímulos muy nutridos allí. Recuerdo esas cuncunas que caían de los árboles".
- Pero queda el cerro que se instaló en tu memoria, al cual puedes ir sin moverte de tu casa…
- Totalmente. Una cierta dosis de emotividad.
- En el prólogo de Todo Santiago, Héctor Soto dice que si bien tus crónicas miran el pasado, no hay una pizca de nostalgia. Yo discrepo. ¿Qué piensas tú?
- No sé… Hubo una discusión en esa época, en los ‘90, de que la nostalgia echaba a perder los textos, que era una cosa muy sentimental. Entonces alguna vez en alguna entrevista señalé que no había nostalgia en mis textos, que no era lo prioritario… que yo indagaba la realidad. Yo ahora, de viejo, podría aceptar la nostalgia sin problema.
- ¿Reconocerla incluso en esos textos tuyos de los ‘90?
- No quiero contradecir a Héctor… Quizá la nostalgia es algo que he ido abriendo con el tiempo.
TE PUEDE INTERESAR
El viejo y el nuevo pelambre
Si se leen cronológicamente las crónicas de Merino sobre Santiago, llama la atención que las primeras sean más geográficas, de lugares; mientras las más recientes abordan ideas, reflexiones, situaciones. Él lo sabe. “En las primeras crónicas, que empezaron el 95, yo partía buscando cosas entre los libros que tenía y luego me daba una vuelta por el lugar, caminaba y ahí estaba abierto a lo que aparecía. Luego fui abandonando un poco los datos y me fui quedando con la observación. Y después vino la tercera etapa, en que hacía conexiones a través de un estado, de una idea. Ahí se puso muy entretenido, porque eran crónicas que no tenían en su origen el patrón de Santiago, como las del inicio. Estas crónicas últimas eran sobre nada, no había tema; y a veces se vinculaban con Santiago, a veces no”.
- En tus crónicas afirmas que una actividad muy santiaguina es el pelambre. Que así como hay ciudades que producen papayas o quesos, en la capital se produce pelambre.
- Eso lo dice Vicuña Mackenna, yo lo cito. Santiago, quizás en su condición de aislamiento, fue así y Vicuña Mackenna debe haber alcanzado a ver eso en vivo y en directo. Todavía si tú ves la sociedad santiaguina más chica, más reducida, de elite, los pelambres son cosa seria; hasta el día de hoy. Vas a un matrimonio y luego se reserva un día para juntarse a pelar. Qué terrible. Pero mucho de lo que he aprendido en la vida, lo aprendí por pelambres en mi casa. Mi papá hablaba de sus parientes pelándolos. Mis tías abuelas, mi abuelo, eran más peladores y más crueles también.
"Todavía si tú ves la sociedad santiaguina más chica, más reducida, de elite, los pelambres son cosa seria; hasta el día de hoy. Vas a un matrimonio y luego se reserva un día para juntarse a pelar. Qué terrible".
- De lo que sí hablas poco en tus crónicas es de los inmigrantes en Santiago; lo haces muy al pasar. Y eso hoy define también a la ciudad. Está la pequeña Caracas en Estación Central, los haitianos en Quilicura. ¿Te interesa escribir del tema?
- No, no quisiera hacerlo. El tema migratorio creo que todavía está demasiado marcado por una cuestión política. Entonces a esos temas polémicos les hago el quite, me dan lata. Uno termina discutiendo. Por otro lado, yo pensé que iba a haber un aporte más inmediato de la migración, que se iban a modificar las costumbres, pero no pasa nada.
- ¿Y te entusiasma escribir una gran crónica del calor que nos azota en verano? Cuando escribiste del tema hace años, decías que las noches de calor en Santiago eran escasas…
- Me pasa una cuestión particular en relación a eso. Yo sufría mucho con el calor cuando joven. El frío, en cambio, me estimulaba. Ahora es al revés. Entonces estos calores monstruosos de los que tú hablas, a mí me suben el ánimo. Hasta disfruto la sensación de estar acalorado. Y el frío me deprime, me enferma. Así que en una crónica sobre el calor, lo trataría bien.
El cisne azul
Le proponemos un ejercicio a Merino. Que responda asuntos que él mismo deja planteados en sus crónicas. Abrimos la página 367 de Todo Santiago y leemos: “A veces quisiera saber qué partes de Santiago marcaría la gente del pasado como hitos de sus biografías. Donde tuvieron el primer destello de autoconciencia, dónde se enamoraron, dónde pensaron en la muerte, bajo qué árboles, en qué esquina específica, en la proximidad de qué puente conocieron la ilusión y la desilusión”. El cronista escucha atento estas palabras que él mismo escribió.
- Entonces, ¿qué partes de Santiago han marcado hitos de tu biografía? ¿dónde, por ejemplo, tuviste “el primer destello de autoconciencia”?
- El primer destello de autoconciencia fue cuando era muy chico, en el patio delantero de mi casa, que era muy agradable. Ahí sentí de lejos los ruidos del tránsito, de los motores. Y pensé: yo estoy acá, lo otro está allá. Pero no me quedé pegado en eso, después volví a jugar.

- ¿Dónde te enamoraste?
- Tengo que determinar qué es enamorarse... A ver, un tipo de enamoramiento fue en la Plaza San Isidro, entre el cabrerío habitual de esos lugares. Yo era chico. Ahí hay un deslumbramiento con una niña, quedé con la boca abierta. El segundo enamoramiento, adolescente, ocurrió a la salida de Santiago hacia la cordillera. Entre cerro y bosque.
Merino no da más pistas, porque dice que si lo hace muchos sabrán de qué habla. Abrimos de nuevo el libro, en la misma crónica, Despedida flotante, página 368: “¿Qué de todo lo acumulado en una vida fragorosa y detallista será digno de dedicarle un movimiento de cabeza final? Un tilo del Parque Forestal, un cine convertido en discoteca, una tortuga, un gato plomo, un cisne de plástico, una quebrada cubierta de gruesas raíces, una playa silenciosa y dorada, una calle vieja con un brumoso punto de fuga, verjas de palo encimadas por glicinas, el grito de un carretonero, la mirada lánguida de una mujer vampirizada”.
Ante la misma pregunta, sobre qué recuerdo le quedará en su memoria cuando la vida esté en el último movimiento, Merino queda un rato en silencio. Relee la lista de cosas que él mismo detalló en esa crónica del 2015; presiente que hay algo de él ahí. Y entonces responde: “Cuando chico tenía un cisne de plástico azul, lo más barato. Le tenía cariño. Recuerdo que estaba en el patio de atrás de mi casa, estaba anocheciendo, y con unos ladrillos sueltos que había por ahí le hice una casita, le puse pasto seco abajo y lo metí ahí. Yo me tiré al suelo a mirarlo. Pensaba cómo iba a amanecer al otro día, la mañana del domingo”.
Te recomendamos
ARTICULOS RELACIONADOS
LO MÁS LEÍDO
Newsletters
CMF cancela inscripción en registro de prestadores de servicios financieros a Frontal Trust S.A. y otras 16 entidades por incumplimiento de Ley Fintech
De acuerdo al regulador, no cumplieron los requisitos de la legislación y la normativa, como no proporcionar información actualizada o no recibir la autorización final para operar. La firma explicó que "bajo la nueva normativa, se hizo evidente para Frontal Trust S.A. que no requería la inscripción como asesor de inversión y en consecuencia, se decidió esperar que la CMF, de oficio, cancelara la inscripción".
BRANDED CONTENT
¿Qué se necesita para transformar una montaña en un destino de clase mundial?
En este episodio de Fuera de Pista, conversamos con Dominique Rudloff, quien lidera una de las transformaciones más ambiciosas de la industria de la nieve en la región: consolidar a Valle Nevado como parte del hub de ski más importante de Sudamérica.
¿Qué se necesita para transformar una montaña en un destino de clase mundial?
En este episodio de Fuera de Pista, conversamos con Dominique Rudloff, quien lidera una de las transformaciones más ambiciosas de la industria de la nieve en la región: consolidar a Valle Nevado como parte del hub de ski más importante de Sudamérica.
Santander lanzó una nueva campaña que permitirá a sus clientes ser testigos en vivo de un Grand Prix
La campaña permitirá a clientes que contraten y/o ya tengan una Cuenta Digital Santander participar por un viaje para asistir a una de las fechas más esperadas del calendario de la Fórmula 1, fenómeno que vive un fuerte auge a nivel mundial y también en Chile.
Instagram
Facebook
LinkedIn
YouTube
TikTok
{{/if}}