Hace 10 años, la empresa Hoffens llegó a una conclusión: el plástico ya no era suficiente. Pese a ser uno de los líderes del mercado de tuberías y conexiones de PVC, la firma seguía demasiado expuesta a la volatilidad de la construcción. Para diversificar el riesgo, el grupo abrió su catálogo a las importaciones y sumó nuevas líneas de negocio, como canaletas, sifones de metal y grifería.
La apuesta resultó. Los números y el apetito crecieron. Así, en una tarde de finales de diciembre de 2025, sellaron su movimiento más ambicioso hasta ahora: la adquisición de Nibsa, la histórica firma de grifería ligada a la familia García Ortiz, por unos $ 3.000 millones.
Fue un movimiento que favoreció a ambas partes, dicen fuentes del mercado: Nibsa venía reduciendo cada vez más sus equipos y Hoffens buscaba oportunidades de crecer en las nuevas industrias de tratamiento de agua.
Sin embargo, no todo son éxitos. Como a veces ocurre en las grandes sucesiones empresariales, hace unos 15 años surgieron fracturas societarias y litigios judiciales que siguen activos y que enfrentan a los herederos del fundador.
Los comienzos
Corría 1950 cuando Helmut Hoffens ingresó a la Fuerza Aérea de Chile. Permaneció allí varios años, hasta que un ultimátum personal cambió su rumbo: Olga Ganora, su entonces pareja, le exigió un título profesional como condición para el matrimonio. Hoffens aceptó y optó por Contabilidad, una carrera que le permitió dar sus primeros pasos en la empresa productora Indus Lever y en la firma de línea blanca Famasol. Sin embargo, la crisis económica de principios de los ‘70 lo golpeó de frente. Quedó desempleado y con cuatro hijos que mantener.
Por eso, en 1972, decidió emprender.
Sin ser un experto, detectó una oportunidad en el mundo del plástico. Arrendó un local en la calle Santa Elena, parte del cordón industrial de Vicuña Mackenna, donde convivía con otras manufactureras del rubro. Allí instaló su primera máquina, una Schwartz, para producir piezas menores: tapas para frascos de perfume y componentes plásticos para electrodomésticos.
El giro definitivo llegó en 1975. A Hoffens se le ocurrió ser el primero en fabricar sifones de plástico, que hasta entonces eran de metal. El primer modelo fue para lavaplatos y luego diseñó desagües de lavatorio. Vendió las primeras 100 unidades a una ferretería de barrio y un mes después el dueño le pidió mil más.
Durante los ‘80, el crecimiento se aceleró con la producción de conexiones, codos y tuberías. El taller de Santa Elena quedó chico y se mudaron a su primera planta en San Miguel. Pero la ambición fue mayor: en 1984, el empresario compró un terreno en Lonquén, Maipú, el sector donde décadas después terminarían consolidando su centro de negocios.
Hoy, emplean a 600 personas, procesan más de 2 mil toneladas de materia prima al mes y una flota de 50 camiones sale diariamente con despachos a todo el país.
Tercera generación
En el libro que celebra los primeros 50 años de historia de la firma, se lee que Helmut Hoffens construyó la empresa como un proyecto de vida, pensándola explícitamente como un “legado para sus descendientes”. Por eso, desde adolescentes, la segunda generación trabajó activamente en distintas áreas de la compañía: ayudando con los pedidos, empacando, atendiendo el teléfono y clasificando productos en el taller.
Esa estructura familiar se mantiene: Ilse ejerce como gerenta general y su hermana Isabel como gerenta contralora. Ambas conforman el bloque controlador, con cerca del 70% de la propiedad. Verónica Hoffens, en tanto, posee cerca del 30%, mientras que el único hermano hombre, Helmut, vendió su participación.
En paralelo, la tercera generación ya toma posiciones estratégicas. Es el caso de Lucas Puga -hijo de Ilse y exejecutivo de Esmax-, quien se integró hace poco más de un año como controller de ingeniería. A él se suma Camila Zamora -ex Xepelin e hija de Isabel-, quien hoy se desempeña en la firma como directora ejecutiva de cumplimiento
El objetivo, explica Ilse a DF MAS, es asegurar una continuidad profesional. “La incorporación de la tercera generación es gradual y ordenada; están aprendiendo”, señala. Para ella, el requisito es que no inicien su carrera en casa, sino que conozcan el mercado y “tengan otros jefes” antes de aportar a la compañía.
La disputa
Hace unos 15 años comenzó una disputa judicial que se mantiene activa hasta hoy, aunque Ilse Hoffens aclara que el conflicto no ha permeado la gestión: “Estos juicios no afectan para nada la operación actual. Contamos con una estructura clara, una gobernanza estable”, señala.
Si bien los primeros roces comenzaron en 2010, la batalla judicial estalló formalmente hace una década: en 2016 Isabel e Ilse demandaron por primera vez a su hermana Verónica. El objetivo de aquella acción fue anular diversos actos contractuales que se celebraron previo a la muerte de Helmut Hoffens y que buscaban, según ellas, el traspaso de distintos activos a sociedades controladas por la demandada. En aquella instancia, denunciaron que Verónica se había aprovechado de su padre -quien a su avanzada edad padecía un severo deterioro cognitivo- para traspasar activos estratégicos y millonarios a su patrimonio personal. El proceso se cerró de forma favorable para las demandantes.
Tras la muerte del patriarca en 2020, estalló otro proceso en 2022, esta vez impulsado por el único hermano hombre, Helmut Hoffens Ganora. La arremetida apuntó directamente a Verónica y a su sociedad personal, Inversiones y Rentas Santa Catalina. Allí, nuevamente, se cuestionó la validez de los contratos que fueron tramitados muchos años antes del fallecimiento del fundador de la firma.
Pero la contraparte cuestionó esa tesis y sostuvo que los actos fueron una expresión de la voluntad soberana de su padre, quien -según su defensa- se encontraba lúcido al momento de firmar. La versión de la demandada incluso acusó “largos procesos de violencia intrafamiliar” propinados por sus otros hermanos. No sólo eso. Criticó que durante la época en que su padre seguía siendo presidente de la firma, puso a “Ilse y Olga en importantes y millonarios cargos de la empresa, al igual que a sus respectivos cónyuges, sin tener ninguno de ellos las capacidades ni competencias para haber accedido a cargos similares fuera de la empresa”.
En una sentencia de julio de 2024, el tribunal dictó un fallo de primera instancia que acogió la demanda de Helmut. Se declaró, entre otras cosas, la nulidad absoluta de los contratos y condenó a Verónica Hoffens en costas. Meses después la orden quedó firme y ejecutoriada, por lo que hace un año la parte demandante comenzó a solicitar exhortos a distintos juzgados para llevar a cabo la cancelación de las inscripciones de propiedad.
El último frente de esta batalla estalló en 2023, cuando los tres hermanos (Ilse, Isabel y Helmut) demandaron a Verónica por la nulidad de los testamentos de su padre. Bajo la misma tesis que ha cruzado esta década de litigios -la supuesta falta de facultades mentales de Helmut Hoffens al momento de testar-, el caso hoy se tramita en el 17° Juzgado Civil de Santiago e incluso ha escalado hasta la Corte Suprema.
Pese a esto, la gerenta general de la firma insiste en que el horizonte está despejado para el negocio. Para Ilse Hoffens, este es el último nudo pendiente de una historia que comenzó en 2016 y que hoy entra en su fase final.