Este sábado 17 de enero marca un hito para la ciencia nacional. El buque de investigación chino Tan Suo Yi Hao, operado por el Instituto de Ciencia e Ingeniería de Aguas Profundas de la Academia China de Ciencias, recala en el puerto de Valparaíso para dar inicio a la histórica Expedición Conjunta China-Chile a la Fosa de Atacama (Jcate, sigla en inglés). Pero el evento también podría convertirse en un riesgo para la seguridad nacional.
Aunque la misión conjunta con el Instituto Milenio de Oceanografía de la Universidad de Concepción promete revolucionar el conocimiento sobre los ecosistemas de la Fosa de Atacama, su llegada ocurre en medio de advertencias geopolíticas sobre las capacidades de espionaje de la embarcación.
La fosa de Atacama —también llamada fosa Perú-Chile— se ubica en el océano Pacífico, frente a la costa occidental de Sudamérica, paralela al litoral de Perú y Chile, entre 50 y 100 kilómetros mar adentro, y la ciudad chilena ubicada más directamente frente al hito es Antofagasta.
"Misión espacial" en las profundidades
La pieza central de esta operación es el sumergible tripulado Fendouzhe ("Luchador"), una joya tecnológica capaz de descender a más de 10 mil metros de profundidad, equipado con brazos robóticos para la recolección de muestras in situ y sensores de alta precisión.
Para la comunidad científica chilena, el acceso a esta tecnología representa un salto cuántico. Osvaldo Ulloa, director del IMO y co-jefe de la expedición, ha calificado la oportunidad como equivalente a ser invitados a una misión espacial tripulada, destacando que permitirá pasar de la investigación remota a la observación directa a 8 mil metros bajo el mar, algo inédito para la oceanografía local.
La expedición, que se extenderá entre enero y marzo, persigue objetivos ambiciosos que van desde el descubrimiento de nuevas formas de vida adaptadas a presiones extremas hasta el estudio geológico de la fosa. Este último punto es clave para comprender los procesos que generan los grandes terremotos y tsunamis en la región. Además, se buscará confirmar la existencia de ecosistemas quimiosintéticos hadales, comunidades biológicas que prosperan sin luz solar, un hallazgo que tendría repercusión mundial.
Espionaje e infraestructura crítica
Sin embargo, el perfil técnico del Tan Suo Yi Hao ha encendido alertas. Analistas de defensa, como Malcolm Davis, del Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI, sigla en inglés), han advertido que este tipo de naves posee capacidades duales que pueden servir tanto a la ciencia civil como a intereses militares. La preocupación radica en que la cartografía batimétrica y el estudio de las condiciones acústica del océano son datos esenciales para la guerra submarina y el despliegue de sensores.
El historial reciente del buque alimenta las sospechas. Durante 2025, su navegación en rutas de cables submarinos de Australia y sus paradas en la Fosa Diamantina generaron inquietud en las autoridades del país, quienes temen que la información recopilada pueda ser utilizada para identificar vulnerabilidades en la infraestructura global de Internet o para instalar redes de monitoreo submarino. Davis ha sugerido que la Fosa de Atacama podría ser utilizada por China como un campo de pruebas para validar tecnologías de luchas en las profundidades marítimas, incluyendo vehículos no tripulados y sonares avanzados.
El "candado" de la Armada
Frente a este panorama, la Armada de Chile ha desplegado un riguroso esquema de fiscalización. La institución confirmó que en el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico (Shoa) analizó los antecedentes técnicos de la solicitud, mientras que el Estado Mayor evaluó las implicancias para la seguridad nacional. Como resultado, se impusieron restricciones significativas a la operación original: las estaciones oceanográficas autorizadas se redujeron drásticamente de 68 a 33, limitando el trabajo exclusivamente a la Zona Económica Exclusiva chilena.
Para garantizar el cumplimiento irrestricto de lo autorizado, se designó a un observador nacional del Shoa que viajará a bordo de la nave durante toda la misión. Este funcionario será encargado de fiscalizar que el buque se adhiera a la ruta y actividades permitidas por la normativa de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Según el itinerario oficial, el Tan Suo Yi Hao zarpará de Valparaíso el 19 de enero, realizará una escala técnica en Antofagasta el 9 de febrero y trabajará en la zona de la fosa antes de regresar al puerto central el 3 de marzo, momento en que finalizará su paso por aguas chilenas.