Habían transcurrido apenas unas horas desde que se conociera la magnitud de la destrucción provocada por los incendios en localidades como Lirquén (Penco) y Punta de Parra (Tomé), cuando el Gobernador del Biobío, Sergio Giacaman convocó a una reunión de emergencia con los gremios privados de la región para analizar la emergencia.
En medio de la conmoción, una de las principales preocupaciones de los asistentes al encuentro era cómo reconstruir la infraestructura desvastada, especialmente las viviendas, frente a los preocupantes precedentes de otras crisis anteriores, como el gran incendio de Valparaíso en 2024, donde a casi dos años de la tragedia, apenas un porcentaje muy pequeño de las viviendas ha sido repuesto.
Fue en este contexto que Michel Esquerré, presidente de Pymemad, gremio que agrupa a las PYME madereras, puso a disposición del gobierno regional un plan diseñado por Biobío Madera y Corma para resolver la crisis habitacional, advirtiendo sobre la necesidad de no repetir errores pasados. “La reconstrucción tiene que ser rápida y efectiva, no puede ser un caso como el de Valparaíso en post 2024 o Viña del Mar. No podemos estar dos o tres años esperando una solución de vivienda”, sentenció.
¿Pero en qué consiste exactamente esta iniciativa y qué tan rápido podría desplegarse? La propuesta se basa en la industrialización de componentes estandarizados, un modelo distinto de las clásicas casas prefabricadas -todas idénticas-, para enfocarse en la producción en serie de partes que permiten diseños diversos, una especie de grandes “legos” que pueden ajustarse a las necesidades de sus usaurios y del territorio en el que sean instalados.
Frane Zilic, gerente de Biobío Madera, explica que el modelo actual de reconstrucción es ineficiente por su naturaleza artesanal. "Hoy cada vivienda se diseña desde cero y se manufactura in situ. Nuestra propuesta es trabajar en base a componentes estandarizados. No la casa completa como un producto estándar, porque cada sitio tiene una topografía y orientación distinta, sino estandarizar los componentes de la vivienda", señala.
Biobío Madera es un programa estratégico impulsado por Corfo en el Biobío, orientado al desarrollo de la construcción sostenible en madera, uno de los principales recursos disponibles en una zona que tiene como vocación productiva, la industria forestal.

Impulso a las PYME
Zilic explica que "es exactamente como un Lego. Tienes 100 piezas estándar, pero las puedes combinar de múltiples maneras diferentes sin aumentar los costos".
Desde la perspectiva económica, este modelo de "plataformas de producto", que es ampliamente utilizado en industrias como la automotriz o la electrónica, permitiría democratizar el acceso al mercado de la construcción pública. Al bajar la barrera de entrada en inversión y tecnología, las PYME madereras locales podrían convertirse en proveedores de componentes específicos sin necesidad de tener la capacidad para levantar una casa completa.
"Cuando estandarizas componentes, habilitas a que las PYME puedan fabricar en serie. Obtienes mejores condiciones laborales, mayor productividad y reducción de desechos", afirma y agrega que esto permitiría "saltarse" la etapa de vivienda de emergencia a futuro. “Cuando tienes ese sistema funcionando y maduro, efectivamente puedes pensar en saltarte las soluciones de emergencia porque puedes activar la fabricación en serie de soluciones de vivienda definitiva, activando la fabricación en serie de soluciones definitivas desde el primer momento”.
Proyecto Bloqus
Una de las iniciativas tangibles bajo este paraguas es el Proyecto Bloqus, una plataforma de diseño para fabricación y montaje de viviendas sociales, liderada y ejecutada por la Facultad de Arquitectura de la Universidad San Sebastián en Concepción y que cuenta con apoyo de Corfo y el programa Biobío Madera.
Marcelo González, director del proyecto, detalla que la integración de esta tecnología podría generar un ahorro en tiempos de ejecución cercano a 30%. "Si estamos hablando de un año con construcción tradicional, con Bloqus y la integración industrial, podríamos bajar a nueve meses", estima.
En materia de reconstrucción de los sectores donde el fuego arrasó con poblaciones completas, el sistema apunta a los subsidios estatales actuales, que pueden variar entre entre UF 1.600 y UF 2 mil para viviendas rurales, pero entregando un estándar superior. "No estamos optimizando el costo para hacerlo más barato, sino entregando una vivienda de alto estándar, en el menor tiempo posible, al precio que hoy el Estado financia", aclara González.

Resistencia al fuego
Una de las barreras culturales para la implementación de viviendas de madera tras una catástrofe incendiaria es la percepción de seguridad. Sin embargo y según explica Frane Zilic, la resistencia al fuego es un problema de diseño, no solo de materialidad.
En ese sentido, comenta que el principal mecanismo de siniestro no es el fuego directo, sino las pavesas (brasas) que pueden volar kilómetros. "La casa debe resistir una lluvia de brasas. Eso implica techos incombustibles, canaletas con rejillas para evitar acumulación de hojas y un perímetro de protección", detalla.
El gerente de Biobío Madera sostiene que cuando el frente de fuego directo llega a una vivienda, ni siquiera el hormigón resiste sin daños estructurales severos. Por ello, la estrategia se centra en la gestión del entorno y el diseño de la edificación, por ejemplo, con postigos para aislar la radiación en ventanas. Según la experiencia internacional, definiciones constructivas de este tipo, representan un costo adicional marginal de entre 4% y 5% respecto al presupuesto normal, siendo mucho más económico que una reconstrucción total.
"Más que una oportunidad, esto es una necesidad. Tenemos el deber como cultura de adoptar prácticas más resilientes", concluye Zilic.