La producción de carne en vara de ganado bovino en Chile registró una contracción de 1,3% en enero de 2026 respecto a igual mes del año anterior, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Para la Federación Nacional de Productores de Ganado Bovino (Fedecarne), esta cifra está lejos de ser una respuesta coyuntural, es la evidencia de una crisis que amenaza la soberanía alimentaria del país.
El presidente de gremio ganadero, Ignacio Besoain, explica que el sector atraviesa una "desinversión productiva prolongada", derivada de años sin una política ganadera robusta, márgenes de rentabilidad estrechos y una fuerte presión competitiva de las importaciones del Mercosur.
El ajuste del mercado interno se ve reflejado también en las ferias ganaderas, donde el ganado rematado cayó un 8,2%. “A nivel nacional, en enero el ganado bovino rematado cayó 8,2%, mientras que en la agrupación Los Lagos-Aysén la baja fue de 9,3%. Eso es consistente con una oferta más restringida (...) Lo central hoy sigue siendo que hay menos animales disponibles", explicó Besoain, desestimando que la baja en ferias responda únicamente a un salto hacia la venta directa.
Presión sobre los precios
Esta escasez de oferta nacional deja al mercado interno expuesto. Chile depende hoy, en gran medida del abastecimiento externo. Según datos de Fedecarne, durante 2025, Brasil acaparó cerca del 44% de las importaciones, seguido por Paraguay (40%) y Argentina (11%).
Frente a estas potencias ganaderas, Chile no puede competir en volumen, pero sí en atributos. La estrategia del sector privado pasa por la sanidad, la trazabilidad, la sustentabilidad verificable y los cortes premium.
Si el costo de importar sube (influenciado por el tipo de cambio y la dinámica internacional) la presión terminará traspasándose, al menos parcialmente, a los precios que paga el consumidor chileno en este 2026, comenta el representante de los ganaderos.
Estructura productiva sureña
A pesar de la caída generalizada, regiones como Los Lagos y Los Ríos siguen sosteniendo la base del negocio. Ambas concentraron en enero de 2026 el 42,8% de la producción nacional y el 42,6% del beneficio bovino.
Ignacio Besoain atribuyó las cifras a un reflejo de la “estructura productiva especializada, con mejor base forrajera, tradición ganadera, mayor conocimiento técnico y una lógica más orientada al negocio bovino de largo plazo”. Agrega que los resultados no representan que el sur esté bien, pues también cayó. “Pero cae menos porque tiene ventajas comparativas naturales y productivas como mayor disponibilidad de praderas, sistemas más adaptados a la crianza y recría, y una cultura ganadera más consolidada que en otras zonas donde la actividad ha ido perdiendo peso relativo”.
Para ello, Fedecarne, Afech (ferias) y Faenacar (plantas), bajo el alero de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), están trabajando en una nueva institucionalidad de la cadena para fijar una ruta de corto, mediano y largo plazo. “La idea es replicar lo que desde hace años están haciendo los países que hoy son potencia mundial en producción ganadera, adaptada a nuestra realidad”.
Política ganadera
Para Besoin “No basta con decir que queremos diferenciarnos. Hay que transformar eso en sistemas medibles, en protocolos, en información utilizable y en una estrategia comercial que premie al productor que hace bien las cosas. El desafío no es conceptual, es de velocidad de implementación”.
Para reactivar la inversión predial, Fedecarne exige pasar de los subsidios coyunturales a una política de Estado con cinco ejes que consideran urgente. El primero apunta a la recuperación de las praderas con foco productivo del programa SIRSD-S para 2026; facilitar la inversión en los predios respecto al consumo de agua, riego e infraestructura; generar una mesa de trabajo vinculante para para aumentar la productividad y detener la desinversión; y establecer fiscalizaciones efectivas del movimiento animal que frenen el abigeato.
A eso se suma el establecer una mesa de trabajo vinculante "Cuando un país depende crecientemente del abastecimiento externo para un producto estratégico como la carne bovina, evidentemente se vuelve más vulnerable. Esa pérdida de capacidad de autoabastecimiento debe ser tomada en serio", concluyó Besoain.