1. El oro
El impresionante retorno del oro en 2025 (≈+63%) no es un evento aislado, sino el reflejo de una demanda con bases sólidas y diversificadas. Su componente procíclico vinculado al crecimiento y, contracíclico que protege ante la incertidumbre, sumado a las compras estratégicas de los bancos centrales -quienes han pasado de ser vendedores netos a compradores estructurales para re-dolarizar sus balances-, lo convierten en una pieza fundamental de cualquier portafolio diversificado. No obstante, dado los niveles alcanzados podríamos ver cierta volatilidad en el precio de estos activos en el corto plazo, sin desmerecer su valor estructural y naturaleza dual.
2. Plata
La plata fue la gran protagonista del cierre de 2025 (≈+145%), impulsada por una demanda industrial récord en paneles solares, vehículos eléctricos y 5G. Tras un largo periodo de déficit estructural, el metal finalmente "explotó", comprimiendo el ratio oro/plata desde niveles de estrés extremo -similares a los vistos en la Segunda Guerra Mundial o la pandemia-. Este colapso del ratio indica que la plata ya capturó el rezago frente al oro. Para 2026, tras este avance y con inventarios en niveles críticos, el mercado sugiere una zona de consolidación. No obstante, dado los niveles alcanzados podríamos ver cierta volatilidad en el precio de estos activos en el corto plazo.
3. El cobre
El "metal rojo" ha mutado su narrativa radicalmente: ya no se trata solo de la construcción en China, sino de la infraestructura esencial para data centers y modelos de IA generativa. Con precios cercanos a los US$6,00 la libra, el cobre enfrenta un cambio de paradigma donde el 60% del crecimiento de la demanda provendrá de la red eléctrica hasta 2030. Para Chile, este ciclo favorable ha permitido reanclar expectativas inflacionarias y estabilizar el riesgo soberano, junto con la depreciación del dólar a nivel global, situando al peso chileno en una posición de fortaleza bajo los $900 durante la primera parte del año.
4. WTI
El mercado petrolero entra en 2026 bajo una fuerte presión bajista. La combinación de una política de "abundancia" impulsada por Donald Trump y la pérdida de cohesión de la OPEP+, que enfrenta la salida de miembros fundadores, pone en jaque la capacidad del cartel para sostener los precios. Con EE.UU. maximizando su producción, el WTI enfrenta un techo de hierro. La transición hacia una energía más limpia y el aumento de la eficiencia operativa en el transporte sugieren que el petróleo deberá luchar por mantener su relevancia en la matriz de inversión frente a los metales estratégicos.