Un Dios prohibido
Por: Equipo DF
Publicado: Viernes 5 de julio de 2013 a las 05:00 hrs.
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- A usted esta historia, le ha venido acompañando durante toda la vida.
- Siempre los mártires han sido ejemplo y testimonio para nuestra formación. Todos los formadores, rectores o prefectos que tuve yo, fueron compañeros de los mártires, se salvaron de la guerra escondiéndose en las masías catalanas, y esos fueron los que nos formaron a nosotros. El tema de los mártires estaba siempre dando vueltas alrededor nuestro.
- ¿Cómo surge la idea de dedicar un museo a este tema? - Fue con motivo de la beatificación. Antes teníamos un pequeño museo, dos pequeñas salas donde teníamos un almacén de todos los objetos que habíamos recuperado de los mártires, y cuando la beatificación en el año 92, al hacer el edificio nuevo se pensó en hacer el museo en forma, se montó y se estrenó en ese año. La beatificación fue el 25 de octubre y en noviembre, cuando hubo una gran celebración en la Catedral para dar gracias por la beatificación, ese día se inauguró el museo y desde entonces está funcionando.
- ¿Qué es lo que se puede ver en ese museo? - Sobre todo lo que se puede ver es el espíritu de los mártires. Siempre les digo a los visitantes que en el Museo no van a ver obras de arte, ninguna cosa portentosa, ni una cosa antigua. Ellos preguntan: ¿Dónde está ese espíritu? Pues mira, en los escritos que nos dejaron momentos antes de morir, porque escribieron mucho. Estuvieron encarcelados en el salón de actos de los Escolapios, fíjate lo grande que es un salón de actos, pues llenaron las paredes de escritos de arriba a abajo a lápiz, los telones del escenario, las cuatro puertas del salón, una tinaja grande la llenaron de escritos, papeles escritos… bueno pues todo eso los anarquistas antes de huir lo hicieron desaparecer, no quisieron dejar huella de lo que habían hecho allí. (…) Sólo se conservaron los escritos que dejó el último grupo. El día 15 de agosto murió el último grupo de 20, dejaron unos cuantos papeles en el salón. Al día siguiente mandaron a una chica de la limpieza, que yo la conocí ya de viejecita. En aquel tiempo tenía 18 años, estaba encargada de la limpieza y la ordenaron recoger aquellos papeles y quemarlos porque si no la fusilaban a ella. Ya de mayor, siempre que venía por el museo nos decía: “¿No me conoce? Soy la que salvó los papeles de los Mártires” y entonces nos explicaba “aún me tiemblan las piernas pensando que me iban a fusilar si no quemaba los papeles“. Ella llevó los escritos a la cocina para quemarlos, los dejó allí esperando que el cocinero fuera a encender el fuego. El fraile cocinero que se salvó porque los anarquistas lo tuvieron de cocinero para ellos y no lo quisieron matar. El fraile cocinero vio los escritos y se los llevó a una familia y esa familia los guardó escondidos por miedo a los registros claro (…) y lo guardaron todo escondido ¡debajo del ponedero de las gallinas que tenían en el desván de la casa! Debajo de un montón de paja donde las gallinas iban a poner los huevos, allí escondieron los papeles, y así se salvaron. Pues eso es lo que tenemos en el Museo, los últimos mensajes minutos antes de morir, porque ese grupo murió a la una y cuarto de la madrugada y hay algún escrito que se preocupó el mártir de poner la fecha. Y eso es lo que tenemos allí, todos los mensajes que hablan del entusiasmo, de defender la fe con el martirio, de imitar a Jesucristo, dar la vida por los demás. Pero a mí lo que más me impresiona es la alegría porque todos los papeles respiran alegría, por ejemplo, la carta última que escribe Faustino Pérez que va contando cómo han muerto todos los anteriores, (…) y a mitad de la carta dice la famosa frase: Morimos todos contentos, sin que nadie sienta desmayos ni pesares. Hay otro que dice también en el taburete del piano, escribe: con el corazón henchido de alegría santa estoy esperando el momento cumbre de mi vida, el martirio.
- Y todo ello estamos hablando de gente extremadamente joven, que les quedaba toda la vida por vivir.
- Entre 21 y 25 años. Eran los dos cursos últimos del seminario. El último curso se iba a ordenar de sacerdote ese mismo año en septiembre, algunos tenían ya el destino. Uno de ellos a China. Al otro curso le faltaba un año.
- ¿La gente se acerca a ver el museo? - La mayoría es por el tema, porque ya han oído hablar. Unos le dicen a otros: salimos impresionadísimos. Y viene gente que ha oído hablar del Museo y con la curiosidad. La mayoría saben que es museo religioso, y el tema ya lo conocen.
- ¿Qué es lo que más les llama la atención a los visitantes? - Lo que más impresiona es ver los restos de los mártires, están en una cripta, en unas urnas de cristal. Es lo último que les enseñamos, que se ven todos los huesos de todos. Cuando bajan se estremecen. Antes se les ha contado la historia y van preparados para ver eso. Les llama la atención cuando se les cuenta la historia y cuando ven los papeles escritos originales. Hay una carta de un mártir que escribe a su familia, despidiéndose, Ramón Illa dice: “Yo no cambiaría la cárcel por el don de hacer milagros. Ni el martirio por el apostolado ¡qué era la ilusión de mi vida!” - En ese sentido, esta película es un testimonio más. Una forma de difundir lo que ocurrió en aquel momento que no se quedó en aquello, luego ha continuado.
- Es un testimonio continuo. El cristiano siempre lleva los genes del martirio. Ya nos dijo el Señor: os perseguirán y matarán por causa de mi nombre pero estad contentos y alegres porque la recompensa será el Cielo. La elegía de estos, de ahí viene del Evangelio.
Creo que habrá mucha gente que se removerá en sus conciencias. Mira, recuerdo a un grupo de jubilados que vino de Segovia al Museo, recuerdo a un señor que al llegar a la carta de Faustino Pérez, sacaba un pañuelo y se enjugaba las lágrimas. Y al final cuando se iban me acerqué y le dije que me había dado cuenta de que se había emocionado. Y él me contestó que era la primera vez que lloraba en su vida y que desde que se casó no había pisado una Iglesia, pero que al ver a esos jóvenes dando la vida contentos y alegres, había hecho una reflexión sobre la grandeza de Jesucristo y estaba convencido de que aquello era lo verdadero y tenía la intención de volver a la Iglesia. Una auténtica conversión. Pues esto es lo que yo creo que va a producir esta película, mucha reacción entre la gente. Con la verdad, hay que ir por delante siempre.
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