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DF Lab Opinión/ La ilusión de neutralidad se desvanece
"Es el momento en que se rompe una de las premisas de la economía digital: nos referimos a la idea de que la tecnología es neutral, ubicua y siempre disponible".
Por: Por Jaime Caiceo Duque, socio Líder de Inteligencia Artificial y Datos en Deloitte Chile
Publicado: Lunes 22 de junio de 2026 a las 09:29 hrs.
Jaime Caiceo Duque, socio Líder de Inteligencia Artificial y Datos en Deloitte Chile
Hace solo unos días fuimos testigos de algo incómodo: la inteligencia artificial no es neutral. Los modelos de IA más avanzados de Anthropic, Fable 5 y Mythos 5, fueron desactivados tras una orden del gobierno de Estados Unidos bajo argumentos de seguridad nacional y controles de exportación. La directriz exigía impedir su uso por parte de “ciudadanos extranjeros”. Sin embargo, ante la imposibilidad técnica de distinguir en tiempo real la nacionalidad de cada usuario, la única alternativa fue apagar los modelos para todos. En cuestión de horas, capacidades que parecían globales dejaron de estarlo para todas las personas y organizaciones en el mundo.
Lo que hemos presenciado no es un incidente aislado: es una señal geopolítica. Es el momento en que se rompe una de las premisas de la economía digital: nos referimos a la idea de que la tecnología es neutral, ubicua y siempre disponible. Lo que antes entendíamos como infraestructura global hoy comienza a comportarse como infraestructura estratégica, sujeta a reglas, intereses y decisiones políticas que trascienden a quienes la utilizan.
Este hecho ocurre además en un contexto donde la brecha de adopción de IA existe, y solo se estaría ampliando. Según el AI Diffusion Report 2026, el 27,5% de la población en edad laboral del norte global ya utiliza IA generativa, frente a solo un 15,4% en el sur global. Una brecha que ya no es solo tecnológica, sino una señal concreta de la diferencia en productividad, competitividad y creación de valor.
Al mismo tiempo, el poder en IA se está concentrando. El AI Index Report 2026 de Stanford muestra que Estados Unidos lidera en desarrollo de modelos de alto impacto e infraestructura, con más de 10 veces la capacidad de data centers que cualquier otro país. China, por su parte, domina en investigación y patentes. La competencia ya no es solo tecnológica, es estratégica. Y como toda definición de este tipo, implica riesgos, dependencias y, tarde o temprano, restricciones.
Frente a este escenario global, algunas regiones ya han reaccionado. Deutsche Telekom, Nvidia y Polarise inauguraron este año en Múnich la primera fábrica de IA industrial de Europa, orientada a entregar capacidad de cómputo soberano al ecosistema local. Más allá de la infraestructura, el mensaje es claro: quien no construye capacidades propias podría terminar operando bajo reglas ajenas. No se trata de aislarse, sino de equilibrar apertura con autonomía. De participar del ecosistema global, pero desde una posición de mayor resiliencia.
Chile y América Latina enfrentan una decisión que ya no admite ambigüedades. La ilusión de un acceso libre y neutral a la IA se está desvaneciendo, reemplazada por un entorno donde ese acceso puede condicionarse desde otras jurisdicciones. En este nuevo orden, depender exclusivamente de capacidades externas no es eficiencia: es vulnerabilidad. Pero hay algo aún más profundo en juego. Esta dependencia también debilita nuestra capacidad de innovar, formar talento y construir soluciones propias. La pregunta, entonces, no es si queremos soberanía digital, sino cuánto nos costará seguir postergándola.