Luego de que el 1 de marzo Estados Unidos y Israel bombardearan Irán y asesinaran al Ayatolá Alí Jameneí, el país árabe respondió con misiles y drones contra objetivos vinculados a Washington y sus aliados en el Golfo, provocando explosiones en el aire, cierres de espacio aéreo y alertas en varios países de Medio Oriente. En ese escenario, chilenos en Dubái, Doha, Ramala, Riad y Tel Aviv cuentan cómo es vivir en medio de la guerra.
Por: Italo Sciaraffia
Publicado: Sábado 7 de marzo de 2026 a las 21:00 hrs.
Leopoldo Torres, Dubái: “Uno trata de bajarle el perfil, pero es complicado”
Leopoldo Torres
Leopoldo Torres aterrizó en Dubái con un plan que llevaba años preparando. Había viajado acompañado de su señora y sus cinco hijos de entre 19 y 2 años. El objetivo del viaje era cerrar un acuerdo para producir alfajores y cuchuflís mediante su empresa Chocolada, todo coordinado mediante un jeque árabe. De hecho, Torres llevó a su familia para convencerlos de irse a vivir al país con el argumento de que era uno de los más seguros del mundo.
Pero el viernes pasado todo cambió: “A las 6 de la tarde empezaron las explosiones en el cielo y se veían estrellas blancas”.
Desde el hotel comenzaron a ver cómo los sistemas de defensa interceptaban misiles antes de que llegaran al mar. Para él y su señora lo más difícil ha sido ocultarle a sus hijos menores lo que está pasando. Por eso, dice, intentan no salir, estar dentro del hotel, ver películas y jugar con ellos en las áreas comunes.
Cuando suenan los bombazos suben el volumen de la televisión o ponen música. Otras veces simplemente siguen con lo que estaban haciendo, como si nada hubiera pasado. “Uno trata de bajarle el perfil, pero es complicado porque ellos escuchan los bombazos”, describe.
Torres y su familia tenían su vuelo de regreso a Chile programado para el miércoles de esta semana, pero fue cancelado. Preguntó al consulado chileno, desde donde le respondieron que él mismo debía organizar su regreso con American Airlines.
Cotizó nuevos pasajes para salir del país a través de Grecia y estaban a más de $ 14 millones por persona. Hoy está en un departamento en Abu Dabi, pero dice que quiere volver a Chile.
Al cierre de esta edición aún no tienen fecha de regreso. “Yo me quiero ir ahora con mi familia. Estamos con la guata apretada”, dice.
Lisette Jiménez, Qatar: “Donde estés, los misiles los ves o los sientes”
Lisette Jiménez
Así describe Lisette Jiménez lo que ocurre en Doha, la capital de Qatar. Llegó ahí en 2021 junto a su familia por trabajo y hoy maneja una cuenta de Instagram llamada @Qataricosas donde comparte información para los latinos en la zona.
Antes de esta semana, cuenta, la vida allí había sido tranquila. Eso cambió el sábado pasado. A eso de las 2 de la tarde comenzaron a sentir las explosiones en Doha. Jiménez cuenta que primero fue un sonido fuerte y lejano. Luego otro. Y después muchísimos más.
De hecho, entre el sábado y el domingo, según información difundida por las autoridades locales, cerca de 75 misiles fueron lanzados hacia Qatar.
“Nos pusimos en el lugar más seguro de la casa y nos quedamos ahí hasta que terminó la oleada”, cuenta.
“Las explosiones hacen temblar las ventanas y las puertas. Todo se remece”, comenta.
El gobierno recomendó quedarse en casa. Las clases pasaron a ser online y el sector público entró en teletrabajo. El espacio aéreo fue cerrado. La vida cotidiana, sin embargo, no se ha detenido completamente.
Lisette dice que incluso ha visto lavaderos de autos funcionando, talleres mecánicos abiertos y gente haciendo trámites como cualquier otro día.
“A mitad del Ramadan los niños salen por las calles a pedir dulces. Las autoridades pidieron suspender la actividad por seguridad, pero salieron igual. Media hora después empezó un bombardeo terrible y se escuchaban niños gritando asustados”.
Las interceptaciones no ocurren todas al mismo tiempo. Llegan por “oleadas”, dice. A veces son cinco misiles, otras veces 10.
Ella ha intentado comunicarse con las autoridades chilenas para poder salir de Qatar, pero no ha recibido respuesta. Sólo un correo el primer día señalando que estaban monitoreando la situación.
“Dicen que están monitoreando, pero no saben si estoy viva o no. Nos sentimos abandonados por el Estado de Chile”.
Xavier Abu Eid, Palestina: “Escuchamos las explosiones y ahí recién sabemos que algo pasó”
Xavier Abu Eid
Xavier Abu Eid nació en una familia palestina en Chile y llegó a vivir a ese país en 2008, después de terminar sus estudios de Ciencia Política en la Universidad Diego Portales. Ese mismo año fue contratado por el equipo negociador del Estado palestino, primero como investigador y luego como asesor del jefe negociador.
En los últimos días, los misiles que cruzan el cielo se han vuelto parte del paisaje. Muchos de los proyectiles lanzados hacia Israel pasan primero sobre Cisjordania antes de ser interceptados.
“Todos los días uno ve cohetes o misiles pasar”.
Según cuenta, la diferencia con lo que ocurre en otros países es que en las ciudades palestinas no existen sistemas de alerta ni refugios antiaéreos.
Las personas simplemente escuchan los estruendos cuando los misiles son interceptados en el aire.
“Escuchamos las explosiones y ahí recién sabemos que algo pasó”, explica.
Hoy las calles están más vacías porque los palestinos prefieren no salir de sus casas. Las escuelas también cerraron y las autoridades han recomendado evitar reuniones y aglomeraciones.
En medio de ese contexto, dice, la situación se ha vuelto aún más tensa de lo habitual y según cuenta, el ejército israelí ha endurecido los controles de movimiento entre ciudades palestinas.
“El conserje de mi edificio hoy avisó que no iba a poder llegar a trabajar porque los israelíes cerraron un punto de control”, explica.
Carla Gálvez, Qatar: “Tengo un hijo de un mes y medio y estamos atrapados”
Carla Gálvez
A unos kilómetros de Lisette, otra chilena vive la misma guerra: Carla Gálvez lleva cuatro años viviendo en Doha con su marido marroquí y su hijo Amir Santiago, que tiene sólo un mes y medio de vida.
Llegó para trabajar en el sector turístico qatarí, al igual que su marido. Fue él quien vio en las noticias que la situación podía escalar. Decidieron preparar un bolso de emergencia con documentos para salir rápido de la casa.
Mientras lo hacían comenzaron las explosiones y tuvieron que correr al espacio más seguro: el pasillo.
“Tenemos un pasillo chiquitito en la entrada que es lo único que está lejos de las ventanas. Entonces movemos el sillón para allá, lo llenamos de cojines y hasta sacamos el colchón para ponerlo de protección”, cuenta.
Desde ese día, sin trabajo en el sector turístico, Carla cuenta que ha estado viviendo con su hijo entre la pieza y el pasillo, corriendo cada vez que suenan las alarmas.
“Estamos en modo alerta todo el tiempo. No sabemos en qué momento vamos a escuchar de nuevo explosiones”.
Por eso ha intentado salir de Qatar. Su única alternativa sería viajar hasta Arabia Saudita, pero eso implica peligrosos trayectos por carretera y trámites migratorios.
De hecho Carla intentó solicitar la visa, pero se la rechazaron. Su esposo tampoco tiene visa aprobada y su hijo, por ser un recién nacido, ni siquiera ha podido iniciar el trámite para tener documentación.
Logró contactarse con el cónsul de Chile en Arabia Saudita, quien le explicó que existe un proceso simplificado para personas que buscan entrar al país para salir de la zona de conflicto, pero sólo para chilenos, entonces no podría irse con su marido.
“¿Cómo voy a irme sola con mi hijo y dejar a mi esposo acá?”.
Betzabé Araya, Dubái: “Las ventanas retumbaban”
Betzabé Araya
Araya es abogada y vive en Dubái hace siete años. Llegó desde Chile con su marido, piloto de avión, cuando su hija mayor tenía 2 años. La menor nació en Emiratos. Hoy tienen 9 y 7 años.
Decidieron instalarse en Emiratos precisamente por una razón: “Nos vinimos pensando en la seguridad de nuestras hijas. Y ahora esa seguridad está un poco en jaque”.
El sábado por la mañana recibió un correo de la embajada chilena. El archivo se titulaba “Emergencia de guerra en Emiratos Árabes Unidos” e incluía recomendaciones de supervivencia: racionar alimentos, tener linternas y mantenerse en casa.
Una hora después comenzaron los estallidos.
“Era súper apocalíptico. Se sentía como un bombazo y las ventanas retumbaban como si hubiera un sismo”.
Para tratar de amortiguar los sonidos de las explosiones a sus hijas, durante el día Araya sube el volumen de la música dentro del departamento y en las noches pone ruido blanco, un sonido constante que suele usarse para ayudar a dormir.
Así han pasado varios días encerradas en el departamento. Está sin su marido, porque comenzó un viaje a Osaka dos horas antes de que partieran los bombardeos. Aún no puede volver.
“Yo le dije: ‘No me interesa que llegues en un mes más. Me interesa que llegues’”.
A pesar de todo, dice que nunca ha sentido pánico porque confía en las capacidades del país para enfrentar una situación de este tipo.
“El foco no somos nosotros. Los ataques son a bases militares. Entonces si me tocaba vivir algo así, prefiero vivirlo aquí que en cualquier otro país”.
Sivan Gorin, Israel: “Una ya está acostumbrada”
Sivan Gorin
Para Sivan Gorin, periodista chilena que vive en Israel desde hace 17 años, la guerra no llegó por sorpresa, pero eso no la hace más fácil de vivir.
Llegó al país para hacer un máster en Ciencia Política en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Ahí conoció a su marido argentino y decidió quedarse.
Hoy vive al norte de Tel Aviv, junto a sus tres hijos de 14, 11 y 7 años.
En las semanas previas ya sabían que algo podía ocurrir. El inicio del ataque fue el sábado a las 08:15 de la mañana.
En su casa recién se estaban levantando cuando comenzaron las sirenas. Ahí ella y su familia bajaron al refugio del edificio en el -1 con paredes de cemento grueso, puerta de hierro y un sistema de ventilación preparado para emergencias.
Mientras tanto, las clases de los niños están suspendidas y muchos padres trabajan desde la casa. Los negocios que han abierto lo hacen sólo si tienen acceso cercano a refugios y con restricciones de público.
En su casa, gran parte del día gira en torno a anticipar la próxima sirena: “Una ya está acostumbrada a organizar las duchas y las comidas”, dice.
Sus hijos están acostumbrados a esta realidad, desde hace meses en el colegio realizan simulacros de cómo llegar rápidamente a los refugios.
Aun así, el cansancio se acumula: “Están asustados porque hay muchas sirenas y no podemos dormir bien. Anoche fue terrible: nos despertamos a las 12, a las 2, a las 4… fue horrible”, relata.
Franco Cerda, Arabia Saudita: “La vida continúa absolutamente normal”
Franco Cerda
De esta forma el ingeniero chileno Franco Cerda, originario de La Serena, dice estar viviendo el conflicto en Riad, la capital de Arabia Saudita.
Llegó hace cuatro años para trabajar en proyectos de acuicultura dentro del programa Visión 2030, el plan estratégico con el que el reino busca convertirse en una potencia en seguridad alimentaria.
Vive junto a su señora y su hijo a sólo una cuadra del Ministerio del Interior saudí.
Según cuenta, en la ciudad las actividades diarias continúan: el comercio abre, las oficinas funcionan y los niños siguen asistiendo a clases.
“Yo voy a trabajar, los niños van a clases. No hay una situación de alerta ni están las sirenas sonando todo el día”, explica.
En este contexto algunas embajadas han comenzado a recomendar a sus ciudadanos salir del país.
Por lo mismo, esta semana Cerda fue a la embajada de Chile para informarse sobre la situación.
Ahí, relata, la recomendación fue sólo mantener la calma.
“Obviamente si uno quisiera abandonar el país lo puede hacer, pero como familia decidimos permanecer en la zona”.
Juan Francisco Toledo, Jordania: “Todos los misiles pasan por sobre nuestra casa”
Juan Francisco Toledo
Juan Francisco Toledo es ingeniero comercial de Temuco y vive desde 2018 en Jordania, país al que llegó para trabajar en proyectos de ayuda humanitaria con refugiados de la guerra en Siria. Actualmente vive con su señora estadounidense y sus dos hijos pequeños: uno de 2 años y una guagua de seis meses.
Reside en As-Salt, una ciudad ubicada a una hora y media de Jerusalén.
“Todos los misiles que van hacia Jerusalén pasan por sobre nuestra casa. Los vemos en el aire”, relata.
Dice que los últimos misiles se escuchan como una especie de latigazo que hace temblar la casa y tiritar las ventanas. Cuando lo sienten se alejan de las ventanas, van hacia la pieza más segura, donde tienen una mochila con suplementos, e intentar calmar a los niños.
Misiles ya explotados han caído cerca de su casa.
“Los árabes lo viven distinto, hay gente que va buscar los misiles para sacarse fotos o venderlos como piezas metálicas, pero es porque ellos están acostumbrados”, explica.
En ese contexto, la familia intenta mantener la rutina. Los colegios siguen abiertos aunque, sobre todo los padres de extranjeros, intentan no mandar a sus hijos a clases.
Además, en Jordania casi no existe el trabajo online, por lo que la gran mayoría sigue trabajando.
Según cuenta Toledo, se ha aumentado la presencia de militares y policías en puntos estratégicos, como los alrededores de la embajada de Estados Unidos, y se han cerrado aeropuertos y pasos fronterizos.
Varias embajadas han comenzado a organizar la salida de ciudadanos extranjeros cuando el espacio aéreo lo permite.
Por ahora, Toledo y su familia siguen en Jordania, pero también están evaluando un plan de salida si la situación empeora.
La alternativa que consideran más segura sería viajar hacia el sur, cruzar el Mar Rojo y llegar a El Cairo para desde allí intentar volar a Europa.
“Sabemos que la embajada de Estados Unidos está sacando gente. Para eso hay que registrarse y estamos tratando de hacerlo. Yo soy chileno, así que eso no aplica para mí, pero al menos se irían mi señora y mis hijos”.