Durante años, Venezuela ha arrastrado un profundo desorden monetario, marcado por un Banco Central sin autonomía, una inflación que según estimaciones supera el 600% y una moneda que dejó de cumplir su función básica como reserva de valor.
El director académico del ESE Business School de la Universidad de los Andes, el venezolano Juan Andrés Nagel, explicó que este deterioro no es solo un síntoma más de la crisis, sino uno de sus núcleos estructurales.
En entrevista con DF, el economista sostuvo que el problema monetario estará en el centro de cualquier eventual proceso de transformación económica que enfrente el país.
“Sin una estabilización creíble de la economía será muy difícil atraer inversión extranjera”, afirmó, una condición que consideró como indispensable para recuperar la industria petrolera, principal fuente de ingresos del país, hoy muy lejos de sus niveles históricos de producción.
Advirtió que “la caída de Maduro no necesariamente implica que vaya a haber un viraje en la conducción de la política económica del país”.
Este eventual esfuerzo de reconstrucción se daría, además, en un entorno internacional menos favorable que en ciclos anteriores.
Este domingo, la OPEP ratificó, tras una reunión virtual de apenas 10 minutos, su decisión de mantener sin cambios los niveles de producción de crudo, reflejando la cautela frente a una demanda estacionalmente débil y el riesgo de sobreoferta, un factor que limita los márgenes de recuperación para países con problemas estructurales como Venezuela.
- El petróleo ha sido históricamente un motor de la economía venezolana. ¿Cree que la potencial recuperación vendrá apoyada principalmente de este sector?
- Por un tema de diversificación de riesgo, no se puede pretender apostar solamente al petróleo, siendo que el mundo está en transición hacia energías más verdes. En ese sentido, Venezuela tiene que encontrar otras cosas que hacer.
- ¿En qué otros sectores?
- Venezuela tiene un enorme potencial en gas natural, que ha sido muy poco explotado. La industria del gas puede ser una alternativa relevante, ya que es más eficiente para generar energía, emite menos carbono y es vista como una fuente de transición más verde.
Por otra parte, el país históricamente tuvo una industria metalmecánica y siderúrgica importante. Además, debería buscar insertarse en el mundo de los servicios y en sectores vinculados a tecnología.
“Economía contraída”
- Además de mejorar su política monetaria, ¿qué necesita Venezuela para dar vuelta su situación económica?
- Los retos son enormes. Venezuela está en una situación muy grave: su economía se ha contraído cerca de un 75% en los últimos años. Está bajo un régimen de sanciones, su industria petrolera está prácticamente en el suelo y enfrenta graves problemas de infraestructura, especialmente en electricidad, agua potable, puertos y carreteras.
Aquí hay que empezar prácticamente desde cero. El primer paso es pensar cómo salir del régimen de sanciones y, a partir de ahí, atraer inversión extranjera, particularmente en la industria petrolera. En paralelo, se deben abordar los problemas de infraestructura, partiendo por el sistema eléctrico.
Además, Venezuela tiene que regularizar su situación de deuda. El país entró en default hace varios años y no ha pagado ni intereses ni capital. Para recuperar el crecimiento, necesita reconstruir su credibilidad en los mercados internacionales, porque sin acceso a financiamiento externo va a ser muy difícil salir de esta crisis.
- ¿Cuánto cree que podría demorar este proceso?
- Este es un trabajo que va a requerir, como mínimo, entre 20 y 25 años de políticas económicas consistentes y de un esfuerzo muy duro por parte de toda la sociedad venezolana.
Inversión extranjera
- ¿Cuál podría ser el impacto económico de una mayor presencia de EEUU en sectores estratégicos?
- Puede ser positivo en el sentido de que cualquier inversión extranjera, incluso en condiciones poco favorables para el Fisco venezolano, puede generar efectos relevantes en términos de empleo y actividad económica.
La economía venezolana está en un nivel tan bajo que es difícil imaginar que pueda empeorar. Por lo tanto, cualquier rebote podría ser bienvenido, siempre que se den las condiciones para corregir los problemas estructurales del país.
- Desde la mirada del inversionista extranjero, ¿cuáles son los principales desafíos de entrar a Venezuela?
- El riesgo político sigue siendo enorme. Todavía existe mucha incertidumbre sobre si habrá una transición política, y cómo se dará.
También hay ventajas. Las grandes compañías petroleras internacionales conocen bien Venezuela, su cultura y el chavismo. Están acostumbradas a operar en países con entornos políticos complejos.
La inversión en Venezuela es de alto riesgo, pero también de alto retorno. Incluso empresas chilenas con experiencia en ciertos rubros podrían encontrar oportunidades.
Hay sectores prácticamente inexistentes, como el aéreo, el retail o el financiero. Para el inversionista más aventurero, podrían existir retornos muy elevados, siempre que se cumplan condiciones mínimas de seguridad jurídica y estabilidad cambiaria.