Con la presencia de tres representantes de la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) se desarrolló ayer la junta de accionistas de Invermar, firma en la cual los controladores, la familia Montanari, suscribió recientemente un contrato con Salmones Cupquelán, filial de la canadiense Cooke Aquaculture, para vender el 54,07% de la salmonera local. La operación, que debiera materializarse hasta el próximo 30 de abril, podría transformarse en una fusión, previa aprobación de los accionistas minoritarios.
“Cuando ellos (Cupquelan) tengan las acciones van a decir qué hacer con la compañía y ahí, como segunda etapa, ellos probablemente irían, como han anunciado, a una fusión. Si quieren materializar eso van a conversar con el resto de los accionistas de tal manera de conseguir la cantidad de votos necesarios para materializar una fusión”, explicó el gerente general de Invermar, Andrés Parodi.
El ejecutivo precisó que Cupquelan debe lograr que dos tercios de las acciones de Invermar aprueben la fusión. “Necesariamente requieren que el porcentaje que está entre lo que están comprando y 67% apruebe (la operación)”. Entonces, tras comprar la totalidad de las acciones de la familia Montanari -lo que marca su salida del sector-, tendrán que sumar un 12,93% adicional de votos a favor.
Opción de no concretar
La venta depende de los bancos a los que adeuda Invermar, situación que fue criticada por los accionistas: “Existe la probabilidad de que el acuerdo con Cupquelan no funcione, los bancos tienen que dar visto bueno”, dijo Parodi. En todo caso, ante la posibilidad de que no prospere el presidente ejecutivo de la firma, Mario Montanari, se mostró tranquilo. “Si se cae acuerdo con Cupquelan, la compañía no tiene problemas. Incluso estaríamos mejor”, aseguró. Y es que contó que cuando estableció el precio de la venta de su porcentaje de la firma los precios del salmón estaban deteriorados y luego sólo mantuvo su palabra.