Los bancos centrales de las mayores economías mundiales no han optado por una fórmula única para inyectar liquidez a sus mercados financieros.
En su primera ronda de alivio cuantitativo (conocida como QE1), en noviembre de 2008, la Reserva Federal de EEUU optó por la compra de activos respaldados por hipotecas y por obligaciones de deuda de las agencias hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac. Al ampliar ese programa, en marzo de 2009, incorporó bonos del Tesoro de largo plazo. El QE2 se destinó sólo a bonos del Tesoro, mientras que el QE3 incluye únicamente títulos respaldados por hipotecas.
El Banco Central Europeo (BCE) compró 220 mil millones de euros (US$ 285.600 millones) en bonos soberanos a través del Programa de Mercado de Valores (SMP, su sigla en inglés) que anunció en mayo de 2010, pero ha esterilizado esas adquisiciones recibiendo de vuelta el dinero en la forma de depósitos, para evitar impulsar la inflación. Además, realizó dos subastas a tres años, en las que obtuvo una demanda mayor a la esperada por parte de la banca, y anunció la compra de bonos soberanos de forma ilimitada a los países que soliciten rescate.
El Banco Popular de China redujo el ratio de requerimiento de reserva de los bancos tres veces entre noviembre y mayo, en 50 puntos base cada vez, dejándolo en 20%.
Además, la autoridad está inyectando liquidez usando medidas de corto plazo, como acuerdos de recompra reversa a siete y catorce días. Mediante estas operaciones, el banco central inyectó 401 mil millones de yuanes
(US$ 63.600 millones) entre el 22 de junio y mediados de agosto, según datos de Bloomberg. El 21 de agosto, en tanto, inyectó una cifra récord de 220 mil millones de yuanes en una jornada.
Por su parte, el Banco de Japón dispuso un fondo de compra de activos -que amplió la semana pasada a 55 billones de yenes (US$ 700 mil millones)- y posee una facilidad de crédito a los prestamistas por 25 billones de yenes.