La cerrera presidencial se ha ido ajustando en Brasil. Flávio Bolsonaro, hijo del exjefe de Estado Jair Bolsonaro, comenzó a acortar su distancia con el Presidente Lula da Silva hasta empatarlo en 47%, de acuerdo con el más reciente sondeo de AtlasIntel y Bloomberg.
En ese contexto, la visita de este jueves del mandatario brasileño a Washington D.C. para reunirse con su par estadounidense, Donald Trump, aunque centrada en temas económicos y de seguridad, inevitablemente tendrá una lectura en la política interna del gigante sudamericano.
De hecho, la figura del líder norteamericano ha estado presente en el debate público de cara a los comicios agendados para el 4 de octubre de este año. Mientras desde el Palacio de Planalto han señalado los riesgos de una interferencia de la Casa Blanca en las elecciones, Bolsonaro ha sido explícito en señalar que Trump apoya su candidatura.
De la defensa de la soberanía al pragmatismo
La relación entre Lula y el líder republicano ha atravesado fuertes tensiones en el último año, marcadas por disputas comerciales, diferencias en política exterior y el respaldo del mandatario estadounidense a Jair Bolsonaro, condenado por planear un golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022.
La Casa Blanca llegó a imponer duros aranceles a productos brasileños y sanciones contra un juez del Supremo Tribunal Federal, en un intento fallido por frenar el juicio contra el exmandatario brasileño. Sin embargo, esa ofensiva terminó fortaleciendo a Lula internamente, al permitirle instalar una narrativa de defensa de la soberanía nacional frente a Washington.
“Es importante recordar que el mejor momento reciente de aprobación de Lula coincidió con la campaña ‘Brasil soberano’ en respuesta a las tarifas impulsadas por Trump. La defensa de la soberanía económica es un tema particularmente sensible para el electorado brasileño, lo que ayudó a fortalecer su posición en ese momento”, señal senior consultant de Control Risks, Thiago Amancio.
Con el paso de los meses, no obstante, ambos líderes comenzaron a limar asperezas. Un encuentro improvisado en la Asamblea General de la ONU en septiembre pasado abrió una etapa de acercamiento, que continuó con una reunión posterior en Malasia y con el levantamiento parcial de aranceles a exportaciones brasileñas clave.
En ese marco, Amancio considera que el acercamiento a Trump puede favorecer políticamente a Lula, “reforzando su imagen como un negociador pragmático capaz de construir puentes incluso con adversarios ideológicos”. Lo anterior, considerando que advierte que la estrategia de rivalizar con Trump ha mostrado sus límites, dado que pese a sus intentos recientes de endurecer el discurso contra el líder estadounidense en temas como Venezuela e Irán, Lula no ha logrado traducir esa postura en un repunte significativo en las encuestas.
Con todo, Amancio destaca que “no se puede tampoco minimizar el riesgo tratándose de un líder imprevisible como Trump, especialmente a la luz de las visitas de Cyril Ramaphosa (de Sudáfrica) y Volodómir Zelensky (de Ucrania)”, que no terminaron para nada bien para los visitantes de la Casa Blanca.
Golpe a la narrativa bolsonarista
En tanto, la relación entre Trump y la familia Bolsonaro es de larga data y tiene un componente estructural dentro de la nueva derecha internacional. Jair construyó durante su presidencia una estrecha sintonía ideológica y política con el líder republicano, alineándose con Washington en materias como política exterior, seguridad y discurso conservador.
Incluso después de dejar el poder, Trump continuó defendiendo públicamente al exmandatario brasileño frente a las investigaciones judiciales en su contra, criticando el actuar del Supremo Tribunal Federal y cuestionando el proceso que derivó en su condena por la trama golpista de 2022.
Ese vínculo ha sido capitalizado por Flávio Bolsonaro en la actual campaña presidencial. El senador ha afirmado públicamente que cuenta con el apoyo de Trump para ganar las elecciones y, durante su participación en la conferencia conservadora CPAC realizada en Dallas a fines de marzo , pidió que Estados Unidos ejerciera presión diplomática para garantizar elecciones “libres y justas” en Brasil.

En dicha intervención, insinuó riesgos de censura y fraude electoral contra la derecha brasileña y buscó estrechar lazos con el trumpismo ofreciendo una alianza privilegiada con Washington. Incluso planteó que, de llegar al poder, Brasil podría poner a disposición de Estados Unidos sus reservas de minerales críticos para ayudar a reducir la dependencia norteamericana de China en ese ámbito.
Considerando estos lazos, el acercamiento entre Planalto y la Casa Blanca “ha complicado la narrativa del bolsonarismo, que buscaba posicionarse como el interlocutor natural de Trump en Brasil”, indica Amancio, agregando que se debilita “el posicionamiento de Flávio Bolsonaro y otros referentes de la derecha, que han intentado capitalizar una afinidad exclusiva con el trumpismo en Brasil”.