El presidente de Ecuador, Rafael Correa, decretó ayer Estado de excepción por una semana en su país, luego de que fuerzas de seguridad tomaran cuarteles y protestaran en las calles en contra de una ley de austeridad que afectará sus sueldos.
Las manifestaciones, protagonizadas por policías y militares, ya han dejado un muerto y varios heridos, aseguró en horas de la tarde el ministro de Seguridad, Miguel Carvajal.
Más temprano, Correa anunció que evaluaba disolver el Congreso por el bloqueo a una ley que elimina los bonos y las condecoraciones de las fuerzas de seguridad, para igualar su situación al resto de los funcionarios públicos.
Las autoridades pidieron a la población ir al "rescate" de Correa, quien se refugió en un hospital en el norte de Quito tras ser agredido por manifestantes cuando intentó mediar para buscar una solución al conflicto.
El vicepresidente de Ecuador, Lenin Moreno, denunció además que el mandatario había sido víctima de un intento de secuestro.
Crisis institucional
La crisis política de Ecuador llegó en momentos en que se creía que Latinoamérica ya había superado la crisis de institucionalidad que golpeó con fuerza a los gobiernos regionales en los últimos años.
La inestabilidad política se agravó el año pasado, cuando un golpe de Estado sacó del poder al ex presidente Manuel Zelaya, y la crisis se extendió por meses. En abril de 2002, en tanto, se realizó un fallido golpe de Estado contra el venezolano Hugo Chávez.