La polémica reforma de las pensiones en Francia, que ha
motivado multitudinarias manifestaciones en el país contra el retraso de la
edad de jubilación, comenzó a ser debatida en el Senado, en la recta final para
su aprobación.
Frente al Senado, donde la votación del texto está prevista
para el 15 de octubre, se manifestó hoy un grupo de contestatarios en un aviso
de que la movilización contra la reforma mantiene su vigor.
Entre las centrales obreras comienza a tomar cuerpo la idea
de radicalizar el movimiento en forma de huelgas indefinidas en las empresas,
una táctica que ya dio resultado en 1995 y que, piensan, puede ser la única
alternativa que les queda.
En tanto, el Gobierno francés sigue convencido que su labor
de explicación está debilitando los movimientos de protesta contra el retraso
de las pensiones, la única forma, dicen, de mantener el sistema actual en el
contexto de envejecimiento de la población.
El primer ministro, François Fillon, afirmó que el corazón
de la reforma no cambiará aunque dejó abierta la puerta a modificaciones del
texto, sin tocar el retraso de la edad mínima de jubilación a 62 y a 67 años para
cobrar la pensión completa.
En este sentido, el ministro de Trabajo, Eric Woerth,
responsable de defender el texto entre los senadores, afirmó que el Ejecutivo
está abierto a "progresar hacia más justicia", una alusión a recibir
algunas propuestas de los centristas, como ciertas medidas a favor de las
mujeres.