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REGÍSTRATE AQUÍPor: Padre Raúl Hasbún
Publicado: Viernes 6 de marzo de 2015 a las 04:00 hrs.
Solemos catalogar como héroe a una persona que soporta sacrificios o sobresale en una virtud mucho más allá de lo comúnmente esperable o exigible. De allí que reservemos este calificativo casi exclusivamente para los que mueren en suplicio antes que negar su fe, o derraman su sangre por el honor y la justicia de la patria amenazada.
En esta perspectiva de grandeza, la corona de héroe viene siempre aureolada de espectacularidad: la mirada atónita de millones de espectadores o lectores tributa homenaje a quien vistosamente sobrepasó la medida de lo acostumbrado.
Quien contempla con devoción cada paso del Via Crucis y eleva la vista hasta clavarla en Jesús crucificado, no duda en venerarlo como héroe. Pagaba allí una deuda que no era suya; cargaba el peso de pecados que no había cometido; desafiaba, enteramente solo y desarmado, el poder del Sanedrín y de Roma; absorbía en silencio una grotesca farsa judicial montada para condenarle a muerte; y en sus tres horas de agonía no hacía otra cosa que orar a Dios implorando perdón para sus verdugos.
Que su dolor era real y letal lo testimonian sus lágrimas y sudor de sangre en el huerto de los olivos y su grito de humana angustia ante la tentación de sentirse abandonado.
Pero ese heroísmo no se improvisa ni es casual. Se forja, educa e incrementa en el crisol de la vida y rutina de cada día. Jesús Niño hace vida de familia, sometido a la autoridad de sus padres. Ayuda en trabajos de carpintería y albañilería; siembra y cosecha trigo, poda viñas, apacienta corderos y ovejas; frecuenta la sinagoga cada sábado: y así hasta los 30 años. Ya adulto, soporta sin quejas el asedio de los que imploraban de él sanación, alimento y verdad; y el acoso sin tregua de tramposos fariseos y saduceos.
Lo que más le costó humanamente fue soportar las dudas y titubeos de fe de sus discípulos: "¿hasta cuándo tendré que aguantarlos?", "¿por qué son tan lerdos y tardos en entender?", "¿por qué dudaste?". Y laceraba su alma vislumbrar cómo la hipocresía y servilismo de los líderes de su pueblo acarrearían pronto la devastación de la Ciudad Santa.
Paciencia humana, espejo y fruto de la paciencia divina. Cada uno sabe en su corazón cuántas veces ha soportado Dios sus innumerables fechorías, tonterías, ingratitudes e infidelidades, sin escatimarle benevolencia ni acogida al retornar al nido. He ahí un poderoso argumento para que tengamos paciencia con los demás. Cada prójimo que me molesta, incomoda o exaspera no hace sino recordarme lo que yo tantas veces he hecho con Dios, además de urgirme a que yo me sienta especialmente responsable de orar y trabajar por su conversión.
La penitencia más heroica es soportar, en silencio y sin publicidad, los mil pequeños alfilerazos de la convivencia diaria.
Desde su mirada única sobre el arte contemporáneo hasta su incansable búsqueda de la excelencia, Patricia comparte su historia, su visión sobre el rol del arte en la sociedad y cómo ha construido un espacio fundamental para la escena artística chilena.