Una nota sobre la actual crisis económica española

La vida económica española experimenta en estos momentos una crisis económica muy grande, que trasciende de modo especialmente fuerte en mil aspectos de la vida social, cultural, política, del país.

Por: | Publicado: Viernes 25 de enero de 2013 a las 05:00 hrs.
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Por Juan Velarde Fuertes*


De la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas



La vida económica española experimenta en estos momentos una crisis económica muy grande, que trasciende de modo especialmente fuerte en mil aspectos de la vida social, cultural, política, del país. Hasta ahora, las crisis internacionales, desde la Gran Depresión hasta la originada por el choque petrolífero, no habían creado en España un impacto tan importante como ahora acontece. La Gran Depresión fue aliviada porque la economía española de entonces, al conjuntar un fuerte proteccionismo, una coyuntura muy vinculada con la marcha de la agricultura y una caída de la cotización de la peseta, creaba unas condiciones que suavizaban el impacto que procedía del exterior. Efectivamente, la Guerra Civil, supuso un hundimiento económico importante, que enlaza de inmediato con las condiciones creadas por la II Guerra Mundial, que perduró hasta el inicio de la Guerra Fría, en 1947. Pero las propias circunstancias políticas creadas en torno al Régimen de Franco, creaban ante la sociedad un lenitivo, que originó una suavización del golpe que económicamente se experimentaba. Una breve crisis en 1957, como consecuencia de lo que el profesor Torres llamó la autofagia del sistema creado, fue alterada en 1959 con el Plan de Estabilización de 1959, que muy pronto creó condiciones ciertamente espectaculares de incremento del bienestar material. El choque petrolífero se agravó como consecuencia de la crisis de la Transición. Pero ésta, ajena al mercado internacional, fue liquidada por las decisiones políticas de Aznar a partir de la participación de España en la creación del euro, con lo que culminó el papel de vinculación con Europa, iniciado en 1959 con el ingreso en la OECE, más el acuerdo preferencial Ullastres con las Comunidades Europeas en 1970, el ingreso en éstas en 1985. Así fue como se afianzó el desarrollo, que llegó en 2007 a cifras considerables.

Pero cabalmente, ese año se inició en Estados Unidos la actual crisis económica, y el golpe para España, precisamente por su apertura al exterior en ese proceso que va de 1959 a 1999, resultó considerable. Lo fue más aun porque en la economía española habían surgido siete causas que motivaron que el impacto de la crisis mundial, no sólo resultó muy fuerte, sino que se amplió, creando las circunstancias escalofriantes del año 2011 que intentan paliarse desde el cambio de Gobierno en el año 2012, pero que por su complejidad, aun no logran superarse.

¿Qué causas internas son esas siete que agravan especialmente la situación española? En primer lugar, todo un conjunto de factores que limitan la competitividad de la producción española. Son estos factores, el alto costo de la energía, a causa de su extraordinaria dependencia de un exterior con alto grado de monopolio, en petróleo, gas y carbón, y haber esquivado la energía nuclear y haber dado mucha importancia a caras energías renovables propias. Ello aparte del alto grado de intensidad energética de la economía española, la más alta de la OCDE, esto es, que precisa para añadir una unidad a su PIB, aumentar en más de una unidad adicional la energía precisa. Añádase la rigidez del mercado del trabajo, como consecuencia de las medidas favorables a los trabajadores que, sucesivamente, adoptaron el socialista Largo Caballero en 1931 y el falangista Girón de Velasco en 1942, con el complemento de una jurisdicción laboral especialmente tuitiva para el mundo trabajador. Añádanse las excesivas medidas administrativas que se proyectan sobre el mundo empresarial, como se evidencia en la publicación del Banco Mundial “Doing business”. Al combinarse con las competencias de las autonomías, esto contribuye además, a romper la unidad del mercado español, con su resultado de pérdida de productividad. Agréguese a todo esto la falta de infraestructuras adecuadas para el transporte de mercancías, no en cambio de personas, más la situación tecnológica y la falta de empresas de tamaño medio, por oscilar el censo de éstas de grandes a pequeñas o muy pequeñas, así como las dificultades crediticias y también que el sistema de reparto de la seguridad social tiende a encarecer la financiación de las pensiones.

Añádase otro factor; el derivado de la burbuja especulativa inmobiliaria, que tenía como base el impulso urbanizador derivado de la crisis de la agricultura tradicional, del impulso urbanístico provocado por el alto grado de turismo, por la seguridad de que no existía competencia de producciones análogas extranjeras, y de la sentencia del Tribunal Constitucional favoreciendo el papel de las comunidades locales en la política del suelo, La burbuja inmobiliaria creó unas condiciones especulativas muy perturbadoras.

Otro elemento que empeoró la situación fue la crisis del sistema crediticio, a causa de una falta de vigilancia por parte del Banco de España, y una expansión excesiva, a partir de 1977 de las Cajas de Ahorros, que llegaron a constituir el 50% del sistema crediticio, y su participación, junto con un grupo importante de bancos, en la financiación de la especulación inmobiliaria.

La cuarta causa fue un notable endeudamiento de las economías domésticas y de las empresas no financieras, que se tradujo en créditos crecientes del sistema financiero extranjero, mientras cae la inversión directa procedente del exterior. Las cifras de esta deuda se situaron en torno al doble del PIB español.

La quinta realidad traumática procedió de una medida keynesiana vulgar, de tratar de contener la crisis aparecida, con un fuerte déficit del sector público. En el año 2009 llegó este déficit al porcentaje del 11’2% del PIB, cifra jamás alcanzada por nuestra economía. Este déficit se debió, en parte notable, a la política presupuestaria de las autonomías, que generaron, por ejemplo, aumentos considerables en los empleados y funcionarios públicos, a más de fomentar la aparición en esos ámbitos de empresas públicas y otros organismos que escapaban del control del gasto,
El sexto problema procedió del efecto expulsión –o crowding out‑ generado por la necesidad de emitir deuda pública en los mercados exteriores lo cual origina una formidable subida de los tipos de interés que se transmiten a todos los del mercado interior.

La séptima causa procede de las protestas que se derivan de las medidas duras que, a partir de 2012, se impusieron, salvo que se adoptase una subida caótica de la marea de la crisis. Pero estas reacciones populistas, a su vez frenan la inversión, la nacional y, muy claramente, la que procede del exterior. Las huelgas, los movimientos de los “indignados”, las manifestaciones de protesta, lo agravan todo.

Lo anterior, por supuesto, se suma a la crisis internacional, Y provoca una realidad penosa que sólo puede alejarse con lo que la oposición se niega a admitir. Las primeras medidas del Gobierno Rajoy son adecuadas sólo si se incrementan y resisten la oposición unida de socialistas, comunistas o grupos tradicionales de izquierdas, a más del movimiento separatista que mucho mal causa. Hay solución, pero ésta se va a encontrar enfrente con una fortísima oposición, que pretende aceptar que así puede volver a alcanzar el poder.

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