Crónica desde Caracas sin Maduro
Tras el ataque de EEUU el 3 de enero, muchos venezolanos se precipitaron a los supermercados y gasolineras a emprender compras nerviosas. Con los días, la situación se ha ido normalizando. El comercio funciona y se reabrieron los aeropuertos. En las calles hay manifestaciones de leales al chavismo. Los opositores, en cambio, no se exponen públicamente. En el ambiente hay confusión por lo que viene y también se respira miedo.
Por: Omar Lugo, desde Caracas
Publicado: Sábado 10 de enero de 2026 a las 21:00 hrs.
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"Maduro no ha renunciado, lo tienen secuestrado”, reza un cartón en manos de una mujer en la Plaza O’Leary, del centro de Caracas. Es miércoles 7 de enero y en ese lugar se concentran puñados de chavistas que vienen marchando desde la cercana Avenida Sucre.
La manifestación ya ha pasado por avenidas laterales al palacio de gobierno de Miraflores, un edificio neocolonial vigilado hoy por policías y militares en traje de combate. Hace tiempo que ahí no vive un presidente en ejercicio, pues Nicolás Maduro y sus alfiles solían pernoctar en el Fuerte Tiuna, la principal instalación militar del país, desde donde la madrugada del sábado de la semana pasada fue sacado en pijamas por agentes estadounidenses que aterrizaron a las puertas de un fortalecido edificio militar donde él vivía y se lo llevaron a junto a su esposa en una operación relámpago, mientras desde el aire dispararon contra barracas donde se alojaban militares a cargo de su custodia.
Casi a diario se suceden marchas y concentraciones organizadas por el chavismo en Caracas para pedir la libertad de Maduro y de su mujer, Cilia Flores, que hoy se enfrentan a la justicia estadounidense en Nueva York.

Los opositores en cambio, no se ven en las calles del país. Aún atemorizados de lo que pueda pasar -sobre todo porque el régimen de Maduro sigue activo, aunque sin él-, esta vasta mayoría de venezolanos prefiere replegarse puertas adentro. Incluso borran mensajes que se intercambian por WhatsApp. Cualquiera podría terminar prisionero hasta por una frase considerada como “incitación al odio” en esta u otra red social. Casi nadie dice públicamente lo que piensa. Tampoco salen a decir nada los líderes de la oposición que se mantienen al interior de Venezuela. Aquí adentro hay aún un ambiente de terror.
El jueves, sin embargo, hubo un gesto. El Presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez -hermano de Delcy, la presidenta interina-, anunció por la televisión estatal la excarcelación de un número importante de opositores detenidos, para “aportar y colaborar en el esfuerzo que todos debemos hacer para la unión nacional y la convivencia pacífica”. Y agregó: “Considérese este gesto del Gobierno Bolivariano, de amplia intención en la búsqueda de la paz, como el aporte que todas y todos debemos hacer para lograr que nuestra República continúe su vida pacífica y en búsqueda de la prosperidad”.
Esa era una demanda histórica de la oposición, respaldada ahora por el gobierno de Trump. Sin embargo, la reacción de los opositores al interior del país fue más bien cauta. Lo comentaron un poco en redes sociales, discretamente. Dicen que se trata de excarcelaciones, no de libertad plena: siguen adelante los juicios, tienen prohibido salir del país, hablar de su caso, declarar a la prensa y en cualquier momento pueden ser encerrados de nuevo.
La lista de excarcelados de alto perfil incluye a dirigentes políticos, activistas por los derechos humanos, periodistas, académicos. También hay manifestantes comunes, de los que pasaron a engrosar la lista de casi un millar de detenidos por decir lo que piensan. A la espera de los nombres, familiares empezaron el mismo día a reunirse en las afueras de cárceles y centros de tortura del régimen.
Como todo en estos días, las piezas están aún acomodándose. El movimiento político radical que ha gobernado a sus anchas desde 1999, cuando fue instaurado por el fallecido militar Hugo Chávez, está en jaque y hoy negocia una nueva relación económica y política con su enemigo histórico, Estados Unidos.
Mensajes en TV
Maduro había prometido que si sufría un ataque, 8,5 millones de mujeres y hombres en armas saldrían a defenderlo. En manifestaciones durante fines de 2025, cuerpos de milicianos y militares de carrera desfilaban por Caracas y hacían ejercicios de entrenamiento en las calles, o mostraban videos de sofisticados equipos antiaéreos de fabricación rusa en playas caribeñas, para insistir en que la patria era inexpugnable a la insolente invasión extranjera.
Representantes de estos grupos también marcharon esta semana, mientras en los alrededores las personas retomaban su vida normal después de las vacaciones de fin y comienzos de año, trastornadas de súbito por un ataque que echó por tierra todos los cálculos que había hecho Maduro. Transeúntes indiferentes, comerciantes, barrenderos, motociclistas y choferes de autobuses mantenían sus rutinas, mientras a lo lejos se escuchaba música ensordecedora y los animadores de la tarima presentaban a cantantes de música de protesta y folklórica. Uno creería que se trataba de un mitin de campaña electoral, si no supiera lo que ha ocurrido.
“Venezuela fue víctima de un ataque bárbaro, artero, donde hasta ahora hay 100 fallecidos y otra cantidad parecida de heridos”, dijo la noche del miércoles el ministro del Interior, Diosdado Cabello, en un primer balance oficial. Habló en su controversial programa Con el mazo dando, donde suele denostar y perseguir a opositores.
“Venezuela fue víctima de un ataque bárbaro, artero", señaló Diosdado Cabello el miércoles, en la televisión estatal.
Cabello es acaso el chavista más radical y fue tenido como posible heredero de Hugo Chávez hasta que el agonizante militar designó a dedo a Maduro una noche de 2012. Visto hasta ahora como número dos del “régimen popular, militar y policial”, como se define el chavismo, muchas personas siguen sus palabras con recelo y con miedo. “Estamos apoyando de manera absoluta y total a la compañera Delcy Rodríguez”, dejó claro esta vez, visiblemente consternado al relatar los alcances del ataque de EEUU.
Siete días de duelo
Al principio, los opositores pensaron que la captura de Maduro implicaba un cambio de régimen y una transición a la democracia. Pero el propio Donald Trump afirmó que se entienden con Rodríguez -la hasta entonces mano derecha civil de Maduro- y que ella está cooperando para abrir inversiones a empresas estadounidenses. Analistas coinciden en que, en esta primera etapa, el mandatario norteamericano quiere privilegiar la estabilidad y los negocios petroleros por encima de la democracia y los derechos humanos.
En las últimas horas ha salido a flote el impacto de la incursión extranjera sobre la moral chavista. Funcionarios del gobierno han transmitido en sus redes sociales ceremonias fúnebres en los entierros de jóvenes soldados y oficiales que murieron la madrugada del sábado. “Compañeros de la Fuerza Armada, hermanos cubanos que estaban aquí en Venezuela, personal policial, compañeros que estaban en sus casas dormidos y de repente la metralla les llegó y fueron asesinados”, dijo Cabello.
La nueva presidenta encargada decretó siete días de duelo, mientras la Fuerza Armada publicaba obituarios en sus redes. “Fue un ataque desproporcionado, cuántico, en volumen de fuerza, con una precisión técnica quirúrgica”, decía un general durante los homenajes a los héroes militares caídos en el ataque. Fue enfático en recalcar que la Fuerza Armada no se doblegará.

Aeropuertos reabiertos
En medio del estupor en la madrugada del 3 de enero, varias personas en el país seguían los incidentes a través de redes sociales, o en videos y audios enviados por testigos y que se volvieron virales. En la mañana, llovían mensajes desde la diáspora en el exterior e imágenes de manifestaciones de exiliados en plazas de países distantes. Pero en Venezuela no hubo expresiones en balcones, concentraciones ni manifestaciones públicas de lo que cada quien pensaba. Imperaba la prudencia, también el miedo.
Tras los ataques, muchos venezolanos se precipitaron a los supermercados y estaciones de gasolina a emprender compras nerviosas, pues preveían un conflicto sostenido y largo, como el que habían prometido los líderes del chavismo cuando el gobierno de Trump daba indicios de que sus amenazas eran creíbles.
Pero a los pocos días, las jornadas se han ido normalizando: los comercios abren sus puertas y en el ambiente flota una suerte de incertidumbre y aprensión porque hay muchas cosas por explicar y pocas personas que las expliquen.
Los aeropuertos -cerrados durante el ataque- fueron reabiertos desde el domingo 4, pero aún no hay vuelos internacionales. Éstos no operan desde diciembre, porque EEUU emitió una advertencia de que no era seguro para los aviones civiles y las aerolíneas con rutas internacionales suspendieron sus vuelos. En represalia, el chavismo les retiró los permisos oficiales y las concesiones de las rutas. Ahora, con el cambio de escenario, ese tema debería ser restaurado. El jueves en la noche, Copa anunció la reposición de sus vuelos entre Panamá y Caracas desde la próxima semana.
En todo caso, opositores al chavismo que se sienten en riesgo no se animan desde hace un tiempo a tomar un avión, incluso para un vuelo nacional, ya que pueden estar en una lista negra y ser detenidos. Optan por las carreteras.

El orden y el miedo
El gobierno de Delcy Rodríguez ha suspendido las garantías constitucionales mediante un decreto de Conmoción Exterior que Maduro dejó firmado. Cuerpos de seguridad tienen la orden de perseguir y encarcelar a quienes de alguna manera apoyen la incursión extranjera. Bandas de paramilitares encapuchados, los temibles “Colectivos”, recorrían el lunes las calles en motocicletas, para ayudar a mantener el orden y el terror. Pero después se replegaron.
Agentes de civil y militares encapuchados en puestos de control en calles y carreteras revisan vehículos, requisan celulares en busca de mensajes comprometedores que pueden acarrear 20 años de cárcel si los chavistas consideran que éstos propagan el odio.
“Por aquí hay bastante oposición, pero no dicen nada. La gente está preocupada sobre todo por la economía, algunos dicen que se va a poner peor; y sobre la captura, dicen que a Maduro lo entregaron”, comenta un humilde obrero, habitante de una barriada pobre a las afueras de Caracas. Pero él tampoco se atreve a opinar en la calle. La gente se cuida mucho.
"La gente está preocupada sobre todo por la economía, algunos dicen que se va a poner peor; y sobre la captura, dicen que a Maduro lo entregaron”, comenta un obrero de una barriada pobre a las afueras de Caracas.
Por eso, las cosas también han estado calmadas esta semana en las barriadas pobres del este de Caracas, como Petare, donde el 29 de julio de 2024 miles de enardecidos salieron a protestar cuando el oficialista Consejo Nacional Electoral declaró a Maduro ganador de las elecciones. Aquella vez fueron reprimidos a sangre y fuego, y cientos de ellos fueron encarcelados. Hoy, producto del miedo, se respira una aparente calma.
“Está relativamente tranquilo y los negocios abiertos, aquí la gente está llevando su vida normal”, cuenta un habitante de la zona.
“Una felicidad con freno de mano”
Cuando Trump dijo que Delcy Rodríguez había quedado a cargo, que estaba cooperando ampliamente para hacer lo que se le pide y en permanente conversación con Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU, muchos aquí vieron esto como un giro gatopardiano, un cambio para que todo siga igual. “Fue una felicidad con freno de mano”, afirma un vecino en medio de la confusión.
“En Venezuela no ha habido transición, el poder está intacto, lo que cambió fue la cabeza del poder, los que lo ven como una transición están equivocados”, dijo desde el exilio el economista y ex diputado opositor José Guerra. “La situación está en manos de EEUU, tanto en la política como en la economía. La idea es estabilizar la situación política con Delcy a la cabeza, pero todo es incógnita porque todo depende de Trump, no de lo que hagamos o pensemos los venezolanos”.
Como sea, el esfuerzo del gobierno de Delcy Rodríguez es asegurar la normalidad después del ataque. Según Trump, ellos administrarán este país y su prometedora pero postrada industria petrolera. Si eso sucede, se trataría de una amenaza existencial a la revolución y a su discurso nacionalista de izquierda tradicional, que se basa en la épica de los héroes de la independencia.

Analistas políticos ven aquí un dilema impredecible: claudicar a Washington supondría una derrota histórica y la pérdida del apoyo en ese 25% de los venezolanos que, según encuestas, seguía siendo chavista en noviembre, aunque de ellos sólo el 13% se declaraba incondicional con Maduro.
Hasta ahora, la nueva normalidad ha impactado también los bolsillos de los venezolanos, y solamente en esta semana el bolívar se ha depreciado 8,3% frente al dólar y la devaluación acumulada en un año es del 84%.
“Ahora parece un sueño”
Con el paso de los días, ya es claro que el ataque sorpresa norteamericano alcanzó para maniatar a la Fuerza Armada venezolana y sus poderosas baterías antiaéreas compradas a Rusia en los años del esplendor petrolero por unos US$ 11.000 millones. En 25 minutos, los primeros extranjeros en ejecutar una operación militar exitosa en suelo venezolano desde la independencia hace 200 años, habían logrado su objetivo: el tablero de la llamada revolución bolivariana había perdido a su rey y su reina.
“Ahora parece un sueño, como algo que no hubiera ocurrido de verdad”, comenta un testigo al repasar las dos horas y media de los bombardeos y los hechos de los últimos días.
Pero en una semana han ocurrido más cosas que en años. Aunque el chavismo sigue en el poder total, tiene en la nuca una flota de EEUU con 15.000 hombres y una docena de buques, incluyendo el portaviones Gerald Ford, el más poderoso del mundo.
Ya lo dijo Marco Rubio: “Ahora hay un proceso en marcha, donde tenemos un control e influencia enormes sobre lo que esas autoridades interinas hacen y pueden hacer (…) no pueden trasladar nada de petróleo a menos que nosotros se los permitamos”.
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