En los últimos años, el biólogo y exministro de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (CTCI), Andrés Couve, se ha desempeñado como académico de la Universidad de Chile, pero su “núcleo de trabajo” se ha centrado en contribuir a que el sector productivo incorpore “de forma intensiva” ciencia y tecnología, principalmente desde la consultora Idemax, ligada a la presidenta de la Sofofa, Rosario Navarro.
En el marco del encuentro Future Health Chile 2026, organizado por Bupa Chile, Couve contó a DF que ha estado investigando casos de impacto en la colaboración ciencia-empresa que sirvan para la formación de estudiantes de economía e innovación. Aunque dijo que hay avances en esta materia en algunas industrias, “son casos aislados y ninguno, todavía, mueve la aguja de nuestra economía”.
Por ello, planteó actualizar la Ley de Incentivo Tributario a la Investigación y Desarrollo (I+D) e indicó que, para que Chile eleve su inversión en I+D al 1% del Producto Interno Bruto (PIB), el sector privado “debe aumentar siete veces su inversión”.
- ¿Cómo ha avanzado la vinculación entre la ciencia y la empresa en el país?
- Hemos visto la brecha que existe entre el mundo académico y el empresarial, pero nos hemos dado cuenta de que, usando capacidades metodológicas expertas y a través de un trabajo sistemático, se pueden acercar posiciones y generar confianza. Hay desafíos en identificar problemáticas que sean de interés para los dos mundos, tener claro cuáles son los incentivos en resolverlas para cada uno, los plazos y los recursos involucrados, además de generar sistemas de reportería transversal y vertical para que esto sea de conocimiento e interés para los ejecutivos y directorios.
Las empresas también necesitan ciertas capacidades previas: un cierto grado de madurez, por ejemplo, en la gobernanza o en el manejo de la incertidumbre ante un proyecto de ciencia aplicada; y orden y calidad de sus datos, que son fundamentales para desarrollar un proyecto, servicio o negocio.
Tenemos muy buenos casos en los sectores forestal, alimenticio y transporte, donde hay ciencia aplicada, desarrollo y transferencia tecnológica. Pero ninguno todavía mueve la aguja de nuestra economía. Y ese impacto no va a venir solo de grandes compañías que incorporan estas capacidades: se requieren nuevas empresas que nazcan con una base científica-tecnológica.
“Hay casos de impacto en la colaboración ciencia-empresa (...), pero son aislados y ninguno, todavía, mueve la aguja de nuestra economía”.
- ¿Qué falta para impulsar el desarrollo y crecimiento económico con ciencia, tecnología e innovación?
- Hay muchas palancas y desafíos que van desde un mayor financiamiento para los emprendimientos de base científica-tecnológica en etapas de escalamiento, para que generen exportaciones, que es lo que no hemos hecho, hasta acciones a nivel país de política y regulación. Acabamos de aprobar una ley de transferencia tecnológica que va a ser positiva para las universidades públicas porque les va a permitir a algunos investigadores tener más facilidades para formar empresas, pero mi impresión es que no va a tener impacto en la economía.
El sector privado debe estar involucrado y el articulado de la ley no abraza a este sector ni a la inversión privada. Para integrar al mundo empresarial en la transferencia tecnológica, como ocurre en los países desarrollados, hay que garantizar apropiabilidad. Entonces, vamos a tener que ir complementando esta ley con nuevos incentivos que permitan ir ampliando el impacto que tiene la ciencia y la tecnología en la economía.
Inversión en I+D
- Chile invierte 0,41% del PIB en I+D. ¿Qué falta para alcanzar la meta del 1%?
- Para llegar al 1%, el sector privado tiene que aumentar siete veces su inversión en I+D. Necesitamos tener siete veces más investigadores trabajando en el país. Eso no lo vamos a lograr solo con financiamiento público ni en las universidades. Ahora, eso no es para financiar la investigación académica; es para financiar I+D que se encadene con el sector productivo y que agregue valor, con fines estratégicos para las empresas. Y ahí tenemos una gran brecha. Esto es inversión para la competitividad, para la productividad, para los nuevos servicios y negocios porque así se mueve la economía global.
- ¿Hay que reformular la Ley de Incentivo a la I+D?
- La ley de I+D es muy buena en términos de una retribución, pero pocas empresas la usan. En el gobierno del Presidente Piñera ingresamos un proyecto para actualizarla, con temas como aumentar el tope de inversión en I+D o simplificar la tramitación. El gobierno del Presidente Boric retiró el proyecto de ley y solo le cambió el plazo de vigencia hasta 2035. Ahí hay una pérdida de oportunidad.
- ¿Qué le parece el enfoque actual del Ministerio de CTCI hacia la IA y startups?
- Es un foco necesario y complementario al trabajo que hace la Corfo, y Chile tiene que atender ese ámbito de forma urgente. Sin embargo, no se puede descuidar todo el esfuerzo que se ha hecho durante décadas para construir un sistema que promueva la investigación básica, la producción de conocimiento en las universidades y en los centros de investigación.
Se requiere cuidar el sistema y promover su crecimiento. No se trata de vestir un santo para desvestir a otro, sino de promover la producción de más conocimiento con la institucionalidad y el sistema que hemos construido, y poner un foco adicional en los temas tecnológicos, lo que me parece muy bien.