A todos nos ha tocado comunicar algo que preferiríamos callar, ya sea porque nos incomoda o porque la noticia nos deja mal parados. Para mayor desgracia, muchas veces ambas razones se juntan para hacernos sufrir. Nos pasó de niños con nuestros padres, de adultos con una pareja y, frecuentemente, con el jefe temperamental o ese cliente jodido. Todos hemos sido el Presidente Boric y el cable chino. No hay nada más humano que la tentación de revelar una verdad incómoda “a la pasada”, entre otros temas, como si fuese un elemento más de la cotidianidad. Después de todo, eso permite que, cuando todo estalle, podamos decir con cara impávida: “Yo te lo dije”. El problema es que ese atajo no funciona.
Y si no nos funciona en la vida diaria a usted y a mí, menos lo hace cuando se trata de un tema de alta sensibilidad estratégica, donde el país queda como el jamón del sándwich en medio de la pugna entre Estados Unidos y China. Es francamente irresponsable que el Gobierno haya optado por buscar una salida usando argucias comunicacionales en vez de poner el interés de Chile por delante, comunicando de forma transparente, veraz y profesional el estado de las cosas a quienes deben recibir el mando. Claramente esto no se hizo, y hasta ahí, Kast tenía toda la razón en estar molesto. Pero en la vida -y menos en política- no basta con tener la razón; lo verdaderamente relevante es qué se hace con ella.
Primer error: pararse de la mesa. Es cierto que a veces no queda otra opción que dar un golpe de autoridad y enviar la señal potente de que una reunión no puede continuar. Pero en este caso, quedó la impresión de una decisión antojadiza y visceral. Pareciera que detrás de esa exasperante calma al hablar del Presidente electo convive un animal bastante más sanguíneo de lo que busca proyectar. La reacción intempestiva lo hizo ver débil; en política, hay que saber elegir las batallas.
Segundo error: la conferencia. Tuvieron un par de horas para preparar el relato después del cortocircuito. Ya tenían a la vista la agitada e improvisada conferencia de prensa de Boric y la posterior intervención de Elizalde buscando arreglar los desaguisados de su jefe. La expectativa era una declaración contundente de JAK que explicara brevemente la situación. Tenía todos los elementos para hacerlo y no lo hizo. El Presidente electo se fue por las ramas, terminando en anécdotas sobre si contestaba o no números desconocidos, olvidando el asunto central. Un desperdicio.
Tercer error: suspender las bilaterales. Inentendible. Esta decisión afecta el fondo, ya que limita el trabajo de las futuras autoridades, y la forma: a los chilenos no les gusta que sus dirigentes ni siquiera quieran sentarse a conversar, y mucho menos a trabajar. El Gobierno ha explotado con habilidad este flanco, reiterando por todas las vías su disposición al diálogo y a las formalidades republicanas. Un error grosero del equipo de Kast.
Fue esta una semana en que Chile convivió con dos Presidentes y, tristemente, en el fondo no tuvo a ninguno que estuviera cerca de la altura de las circunstancias.