Uno de los principales mensajes que entregó el Informe de Política Monetaria (IPoM) de marzo, fue que el efecto de la guerra en Medio Oriente provocará efectos relevantes para la economía chilena, con un crecimiento más bajo y un aumento de la inflación derivado del impacto del alza en el precio del petróleo.
¿Pero, qué pasaría si el escenario tendiera a empeorar?
Esa es una de las preguntas que trató de responder el Banco Central en uno de los recuadros incorporados en el IPoM, en el que se analiza el impacto de un panorama más adverso en caso de extenderse el conflicto que involucra directamente a Estados Unidos, Irán e Israel.
"Previo al inicio de la guerra, por el estrecho de Ormuz transitaba cerca de un quinto de la producción mundial de petróleo. La casi paralización del tránsito por esta ruta, junto con los daños a la infraestructura petrolera, han restringido la oferta de petróleo y otras materias primas clave, elevando costos logísticos y precios internacionales", parte señalando el recuadro.
En este contexto, continúa, el precio del petróleo ha aumentado más de un 50%, reflejando las restricciones de oferta y una mayor prima geopolítica.
También se han observado alzas significativas en los precios de fertilizantes, gas natural, azufre (insumo clave para la producción de ácido sulfúrico, utilizado en la refinación de cobre) y aluminio.
"En paralelo, en los mercados financieros se observa un aumento de la volatilidad, alzas de las tasas largas y depreciaciones generalizadas de las monedas contra el dólar. Destaca el aumento de la tasas estadounidenses y europeas a 10 años, por los riesgos fiscales asociados a perspectivas de mayor gasto en defensa y a mayores expectativas de inflación", agrega el análisis.
En el escenario central del IPoM, se utiliza una trayectoria del precio del petróleo coherente con la implícita en el promedio de los contratos de futuros de los cinco días hábiles entre el 13 y el 19 de marzo.
Esto implica un peak algo por sobre US$ 100 por barril en abril -medido como el promedio diario del valor medio Brent-WTI- y en torno a US$ 100 en el segundo trimestre de este año (60% por sobre lo previsto en diciembre).
"Para 2026, este escenario considera un promedio de US$86 (40% por sobre lo previsto en diciembre). Hacia adelante, se supone que los precios se estabilizarían en niveles algo superiores a los considerados en diciembre, reflejando una mayor prima geopolítica. Este escenario de precios del petróleo es coherente con un panorama en el que, aunque el conflicto pueda prolongarse, su intensidad disminuiría en las próximas semanas", señala el recuadro.
Además, continúa, aquello sería coherente con que los daños a la capacidad productiva no continuarían aumentando, de modo que la producción y el comercio podrían reanudarse con "cierta rapidez".
"En ese contexto, se estima que, en el escenario central, la incertidumbre global disminuiría en el corto plazo, limitando los efectos sobre la actividad y la demanda", plantea.
En este escenario, los efectos macroeconómicos se reflejarían en una mayor inflación global y en un crecimiento de los socios comerciales algo menor respecto de un escenario sin guerra, dice el banco.
La inflación global aumentaría en torno a 0,6 puntos porcentuales (pp.) en promedio en 2026, mientras que el crecimiento de los socios comerciales se reduciría en torno a 0,3 pp.
"Con todo, en el escenario central el crecimiento de los socios comerciales se revisa marginalmente al alza en 2026, ya que el mayor crecimiento observado hacia fines de 2025 más que compensa la corrección a la baja por la guerra. Estos cálculos contemplan la menor intensidad en el uso de petróleo observada en las últimas décadas y el carácter transitorio del aumento de la incertidumbre", calcula el emisor.
Hacia futuro
Eso respecto al pasado. Hacia adelante, el instituto emisor se pone en el escenario más adverso.
Así, el banco cita el trabajo de Álvarez et al. (2026), donde se delinea un escenario alternativo que considera una evolución más adversa del conflicto, con impactos mayores sobre la economía global.
Dicho escenario supone una afectación "relevante" de la oferta por más tiempo, por ejemplo, en el caso de que el estrecho de Ormuz permanezca cerrado por un período más prolongado, o los daños a la infraestructura sean mayores. "Este escenario también conllevaría aumentos mayores y más persistentes de la incertidumbre y de la aversión al riesgo, estrechando las condiciones financieras y afectando negativamente la demanda agregada y la actividad globales", agrega.
Para ese escenario, los autores suponen que el estrecho de Ormuz permanecería cerrado por tres meses, y estiman un precio del petróleo (promedio Brent-WTI) que alcanza un máximo cercano a US$ 150 por barril en el promedio de mayo (US$ 140 en el promedio del segundo trimestre) y un promedio anual de US$ 110, en lo que influiría la menor oferta y una mayor prima por riesgo geopolítico.
Para la inflación global estiman un efecto en torno a 1,5 pp. para el promedio de 2026, respecto de un escenario sin guerra. Por su parte, la actividad de socios comerciales caería por este factor en torno a 0,6 pp., lo que más que compensaría el mayor crecimiento para 2026 que cabría esperar sin el escenario de conflicto.
"El escenario central de este IPoM considera los efectos negativos de este conflicto sobre distintas variables reales y financieras, junto con su transmisión a la economía chilena. No obstante, la incertidumbre sobre el desarrollo de la guerra hace necesaria la evaluación constante de escenarios alternativos", cierra el banco.