El Informe de Finanzas Públicas (IFP) del primer trimestre está marcando el debate económico. Y, por sobre todo, dada la advertencia hecha por el Ministerio de Hacienda y la Dirección de Presupuestos (Dipres) acerca de una serie de “inconsistencias técnicas” en el cálculo de la proyección de la deuda bruta del Gobierno Central para el período 2026-2030.
El punto hecho por las autoridades es que el nivel de las obligaciones crediticias del sector público estaría subestimado en alrededor de US$ 10.500 millones, lo que implicaría el riesgo de superar el límite autoimpuesto de 45% del Producto Interno Bruto (PIB) en 2028. Una presión que no sólo se observa en Chile.
En su más reciente Monitor Fiscal, el Fondo Monetario Internacional (FMI) informó que la deuda pública bruta a escala mundial ascendió hasta casi el 94% del PIB en 2025 y se calcula que llegue al 100% en 2029, un nivel que solo se había visto tras la Segunda Guerra Mundial y algo que el reporte calificó como “un deterioro de carácter estructural”.
El economista jefe de Itaú para la región de Latinoamérica, Andrés Pérez, señaló que estos incrementos se deben a “un alza más rápida entre economías emergentes y de ingreso mediano, relativo a un ritmo más lento de alza en economías avanzadas”.
Factores importantes
Si bien cruzar el umbral del 100% en 2029 no corresponde a una señal de crisis, los aumentos pronosticados de deuda pública pueden generar ciertos efectos, como un “mayor premio por plazo, contribuyendo a curvas de rendimiento más empinadas”, un incremento en los pagos de intereses reduciendo el espacio fiscal para otros fines, e, incluso, “aumentar la presión del Ejecutivo sobre el Banco Central en un intento por reducir el pago de intereses o impulsar la actividad económica”, según explicó Pérez.
Para el director de Políticas Públicas de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), el economista Cristóbal Gamboni, el umbral del 100% es una “señal del mayor monitoreo necesario frente a ciertos focos de riesgo en el mercado financiero”, donde el más alarmante corresponde a la velocidad con la que está aumentando la deuda soberana global.
El segundo foco a considerar son los costos de financiamiento, “que generan una suerte de círculo vicioso: la nueva deuda se financiará a tasas más altas que los vencimientos, dejando menos espacio para el gasto primario, y presionando aún más la deuda”, indicó Gamboni.
Sobre si la deuda actual es herencia de la pandemia o un gasto estructural, estimó que, aunque la deuda pública quedó en niveles elevados post Covid, “no es posible hablar de una normalización hacia niveles pre pandemia (...) En el escenario actual lo que más pondera es una mayor presión en los gastos fiscales, menor crecimiento y mayores tasas, y nueva deuda que se adquiere a tasas mayores que las del periodo de pandemia”.
Respecto de los factores que cobran mayor relevancia en el panorama internacional, tanto Pérez como Gamboni destacaron, además de la presión proveniente de mayores intereses, el peso que representa el rápido envejecimiento de la población y la caída de la natalidad, particularmente para las economías más avanzadas.
“La deuda es una suerte de mochila para las futuras generaciones, las cuales además tendrán que lidiar con los efectos de los abruptos cambios demográficos que vivimos”, señaló Pérez.
Para las economías emergentes y en desarrollo, Gamboni recalcó que los subsidios toman mayor relevancia, ya que “el alza en los intereses también ha sido significativa”.
“Lo más sorpresivo ha sido el gasto en defensa”, señaló el director de Políticas Públicas de la CPC, factor cuya relevancia fue compartida por el FMI, institución que calculó, mediante el análisis de varios episodios de escalada del gasto en defensa en 164 países desde la Segunda Guerra Mundial, que en los tres años siguientes al inicio de escalada en el gasto, el déficit fiscal aumentaría cerca del 2,6% del PIB, mientras la deuda pública subiría en torno al 7% del PIB.
¿Dónde están las mayores cifras?
En Estados Unidos, la deuda pública total superó los US$ 39,1 billones (millones de millones) según el Tesoro, mientras la Oficina de Presupuesto del Congreso calculó un déficit federal de US$ 1,9 billones, equivalente al 5,8% del Producto. Según datos del FMI, la deuda de la mayor economía del mundo estaría rondando el 125,8% en 2026.
“La mayor deuda pública de EEUU en particular debería erosionar su estatus como proveedor de activo libre de riesgo, un pilar fundamental en el concierto financiero internacional”, señaló Pérez.
El resto de los países del G7 también presentan deudas altas. Para Canadá, el FMI pronosticó una deuda de 110,7% del Producto en 2026, una baja respecto al 113,5% registrado en 2025.
Las obligaciones de países europeos subirían de 62,9% del PIB en 2025 al 64,6% en 2026 en Alemania; de 116% a 118,4% en Francia; de 137,1% a 138,4% en Italia; y 102,3% a 103,6% en Reino Unido.
En Asia, Japón es la economía con el mayor ratio, correspondiente a un 204,4% del PIB previsto para este año frente al 206,5% en 2025. Lo sigue Singapur (171,9%), China (106,9%), India (83,4%), Malasia (69,5%) e Indonesia (41,5%).
A nivel regional, las dos economías más importantes tendrían una deuda al alza. Brasil presentaría una deuda de 96,5% para 2026, mientras México marcaría un aumento desde el 61,8% al 62,7%.
