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Darío Calderón: "Nos guste o no, tenemos que respaldar al Presidente"

El abogado explicita su intención de postularse para ser constituyente. Dice que el empresariado debe defender lo que se ha hecho en los últimos 40 años, "sin vergüenza".

Por: J. Troncoso y A. Pozo | Publicado: Lunes 25 de noviembre de 2019 a las 04:00 hrs.
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Dice que, en las últimas semanas, ha pasado varios días en vela. El clímax fue el pasado 15 de noviembre, cuando luego de 15 horas de intensas conversaciones entre congresistas del oficialismo y representantes de partidos de oposición se alcanzó un "Acuerdo por la Paz Social y Nueva Constitución". El abogado Darío Calderón cuenta que participó activamente en las negociaciones, intentando aunar voluntades.

Estudió en el Instituto Nacional, y después ingresó a derecho en la Universidad de Chile. Masón y un acérrimo defensor de la obra de Ricardo Lagos, Calderón es un hombre con contactos. Ha sido director de importantes empresas nacionales, como Latam Airlines. Hoy, es el presidente del grupo Patio y participa en otros consejos directivos.

"En la primera vuelta voté nulo y en la segunda no voté ni por Piñera ni por Guillier. Nunca he votado por Piñera, ni en la primera administración, ni menos en ésta. Además, tengo mis serias reservas respecto de la capacidad de estadista de Alejandro Guillier, y que me ha ratificado los últimos días: la actuación que ha tenido en este último tiempo, con motivo de estos sucesos, realmente es lamentable", dice Calderón.

- Antes de la elección presidencial, usted dijo que "Guillier no tiene los atributos para alcanzar la primera magistratura".

- Y lo reafirmo con las últimas actitudes en que ha demostrado una carencia de principios demócratas que realmente me asombra. Plantear la renuncia del Presidente Piñera lo considero realmente un agravio a quienes somos demócratas. Nos guste o no Piñera, no podemos desconocer que fue elegido por una mayoría abrumadora.

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- ¿Cómo califica estos 21 meses del mandato del Presidente Piñera?

- Mediocres. Yo creo que, una vez más, no ha sido capaz de romper el sino de la historia de Chile, que nos ha demostrado que nunca las segundas magistraturas fueron buenas, sobre todo en el siglo XX. La segunda administración de Michelle Bachelet, realmente fue lamentable, y eso significó que, con profundo dolor, se le entregara nuevamente el poder a la derecha.

Claramente, Sebastián no ha sido capaz de responder a las expectativas. Sin embargo, él debe permanecer en el poder sin ninguna duda. Es el presidente de todos los chilenos. Nos guste o no las actitudes de él, tenemos que respaldarlo porque es el baluarte que nos queda dentro de nuestra institucionalidad.

Inacción y acuerdos

No sin antes aclarar su "profundo respeto" por el Presidente de la República, Calderón critica las acciones de Piñera durante los primeros días del estallido social. "Lo conozco, porque me ha tocado compartir con él directorios y muchas actividades sociales, pero Sebastián es así. Yo creo que él fue una persona que no tuvo la visión, no ha sido un estadista, y claramente lo ha demostrado con esta inacción. Pero yo soy optimista, todas estas cosas malas tienen cosas buenas".

-¿Qué cosas buenas?-

Esa inacción, en un país presidencialista como Chile, permitió que realmente aflorará desde el Congreso fuerzas que estaban dormidas. Y yo ahí reivindico el papel de senadores que tuvieron la visión de ir a golpear las puertas de La Moneda y hacerlos reaccionar para que se tomaran los acuerdos que eran indispensables para iniciar este proceso de una nueva Constitución.

Si no es por la actitud de Mario Desbordes, de Jaime Bellolio y de Víctor Pérez, el Ejecutivo no habría reaccionado. Y para el Legislativo, sin el apoyo del Ejecutivo, era imposible que lográramos un acuerdo. Este acuerdo se logró, mayoritariamente, por la fuerza democrática que tuvo la virtud de aislar a los extremos. Aquí se ha hablado mucho del aislamiento que se hizo respecto de una parte del Frente Amplio y del Partido Comunista, porque claramente ellos nunca han estado por la solución pacífica. Pero poco se ha hablado del aislamiento que también se generó respecto de un sector de la derecha, de la UDI, para ponerlo con nombre y apellido, y no solo de la UDI, sino que los extremistas como el grupo de Kast y de Ossandón, que tampoco tuvieron cabida en la mesa. Esto se hizo con personas que creen en la democracia y que creen en que esta es la manera de solucionar los problemas.

- ¿El presidente estuvo más preocupado de salvar su imagen que sacar adelante al país?

- No, no, yo creo que él no llegó a ese extremo. Él tiene su manera de ser, siempre ha tenido un legítimo deseo por intervenir en la vida pública, pero nunca con el objeto de tener una medalla más o cosas por el estilo. Lo que pasa es que su concepción de cómo corregir el país nunca la he compartido porque no tiene la visión de un estadista. Yo creo que a él le falta calle. Él se compró un club deportivo, no llegó siendo dirigente. Sus inversiones son financieras, no son fabriles, él es rentista. Sin embargo, tiene una capacidad cerebral infinita, tiene un don superior, ve las cosas desde el punto de vista financiero que no las ve cualquiera, pero para ser presidente se necesita mucho más.

- ¿Ha estado mal asesorado?

- Creo que el mal asesoramiento está opacado, en el fondo, por lo que cuesta realmente influir sobre Sebastián, que es un hombre que se siente dueño de la verdad. Por eso se demora mucho en tomar decisiones y, cuando se demora mucho la solución que toma, no tiene el efecto que se pensó.

- ¿Y el rol de Cristián Larroulet?

- Me guardo la opinión respecto de él. Lo conozco, le tengo un respeto intelectual, pero tengo mis aprensiones con respecto a su gestión. Claramente él no puede estar a la altura de un Ernesto Ottone como asesor de Lagos. A Cristián le ha faltado tener la convicción de las cosas que había que hacer. Entonces, todas las reacciones del Presidente han sido tarde.

- ¿Cómo califica el rol que han tenido los expresidente en la crisis?

- Creo que el presidente Lagos reaccionó. Pero la traición del Partido Socialista obviamente provoca en él una sensación de ingratitud profunda, por una parte. En segundo lugar, él jamás se ha negado, por lo que yo sé, a un llamado de la autoridad, pero es muy respetuoso de las instituciones. Él jamás se va a negar a conversar, pero él no es un hombre que va a salir a la calle a liderar un movimiento alternativo en las circunstancia que había en Chile. No es que haya estado ausente. Yo creo que Ricardo Lagos ya tiene su lugar en la historia y se le juzgará como corresponde. Si uno lee las cosas que ha escrito, cómo ha actuado, se va a dar cuenta de que realmente fue un visionario y que, lamentablemente, Chile perdió una gran oportunidad de habernos evitado todo esto.

Pero yo soy optimista. Esto nos permite, de una vez por todas, tratar de modificar leyes que realmente generan una desigualdad brutal. Yo creo que, con prudencia, vamos a ser capaces de conciliar esos temas, tal como hubo plazos que tomarse para lograr este acuerdo de nueva Constitución prácticamente unánime dentro de las fuerzas democráticas. También no podemos olvidarnos que, por allá por el año 1988, Chile fue uno de los únicos países en el mundo donde un dictador se retira admitiendo una votación popular. Eso me da la fe y también es un desafío.

Pero primero tenemos que defender la obra de todo lo que se ha hecho en Chile en los últimos 40 años, sin ninguna vergüenza.

¿Cuántos niños tenían alimentación escolar al año 1990? No llegaban a 80.000. Hoy día tenemos un millón 500 mil niños a los que no les falta la comida. Los niveles de mortalidad infantil no existen hoy día en Chile. ¿Cuánta gente entró a las universidades? Hoy día tenemos más de un millón y medio de estudiantes de educación superior. Entonces, tenemos una obra de la cual nos sentimos orgullosos. Tenemos un sistema financiero de una solidez impresionante, que no ha estado para los avatares de los políticos. Es la mejor fortaleza que tenemos y la que nos da más impulso y confianza en que vamos a salir adelante. Tenemos una red de carreteras que hoy día la discutimos, ¿pero quién habría venido a invertir en Chile en 1993, con un Estado que no tenía recursos porque estábamos con una pobreza muy fuerte y arcas fiscales muy deficitarias? Los europeos, los norteamericanos y varios países occidentales vinieron porque creyeron en nuestra historia. Somos un país muy legalista, que respetamos las instituciones, con pequeños sobresaltos, pero al final del día se respeta la institucionalidad.

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- Pero está el tema de la desigualdad...

- Es evidente que hay un bienestar en Chile, la extrema pobreza se ha reducido, pero nos olvidamos de que todo esto ha generado una desigualdad gigantesca. Hoy día al chileno no le basta con tener una vivienda mucho más digna que la que tenía el año 90, sino que quiere una vivienda social pero, por favor, con estacionamiento, quizás para dos autos y con conexión a internet.

Hoy día los empresarios tienen la obligación de bajar al ruedo y defender el producto, defender porqué el sistema de AFP es bueno y dónde están las deficiencias que hay que cubrir.

¿Por qué la empresa privada ayuda al país? Eso tienen que defenderlo los propios empresarios, sin vergüenza.

Pero hay que insistir en corregir la educación. Es inaceptable que llevemos 50 años casi sin educación cívica. Eso a mí me revienta. Cómo es posible que en esta etapa de prosperidad hayamos creado consumidores en vez de ciudadanos. Uno ve la gente que está protestando en la calle, todos con zapatillas de marca, andan todos con celulares. Y, sin embargo, se aburrieron porque no se reaccionó y no se demostró que la manera de corregir las cosas es por la vía institucional y dentro del orden.

Candidato a constituyente

- ¿Cree que el cambio de la Constitución permitirá descomprimir?

- Sin ninguna duda. Pero más que yo crea que es necesario modificarla, es el precio que hay que pagar, y el castigo, por haber desoído el clamor popular durante los últimos 20 años.

No tengo ninguna duda de que esto tiene que ser en blanco, y modificar la Constitución respetando, eso si, conceptos fundamentales como el derecho de propiedad, leyes orgánicas que otorgan autonomía al Banco Central, iniciativa exclusiva del Presidente de la República en materia de gastos y otras.

- ¿Usted se postulará como constituyente?

- A mí me interesaría. Yo ya he conversado con mi familia. He tenido una experiencia muy variada en mi vida profesional; he participado mucho en asambleas políticas, en clubes deportivos, en instituciones filosóficas; nunca he perdido el vínculo con mi colegio, el Instituto Nacional, dirijo algunas instituciones gremiales y me vinculo con muchos empresarios.

- ¿Por un partido?

- Depende del sistema de postulación de los candidatos, pero mi ideología está en la centro izquierda, entre el Partido Radical y el PPD. Aún más, las actuaciones en esta crisis del presidente del Partido Radical, Carlos Maldonado, y del Senador del PPD, Felipe Harboe, me identifican plenamente.

- Sebastián Edwards, dijo: "El experimento neoliberal está completamente muerto. Es probable que sea reemplazado por un Estado de bienestar que intentará seguir a los países nórdicos", ¿coincide?

- Yo creo que no está definitivamente muerto como él lo plantea, pero sí creo que el Estado nórdico es uno de los parámetros que se mira por parte de la centroizquierda chilena. Pero si te metes a analizar el modelo nórdico, hoy día está sufriendo también rigores duros: por primera vez la socialdemocracia en Suecia perdió la elección. ¿Por qué? Porque nunca se tuvo en vista el fenómeno de la inmigración, que ha provocado una crisis en el sistema de pensiones, que es el gran parámetro que ha permitido que sean los países con mayor índice de felicidad.

- ¿Qué responsabilidad tiene el empresariado frente a esta crisis?

-Indudable y no me siento ajeno a tener una cuota de responsabilidad. Yo creo que nos dejamos llevar por mucha frivolidad, por una economía de consumidores, y no supimos reprimir oportunamente los excesos ni tuvimos la fuerza para obligar a que, desde el Parlamento, se modificaran las leyes para evitar que se volvieran a cometer excesos y abusos por parte de empresarios.

Pero yo creo que la mayor culpa del empresariado es que no se preocupó de defender el modelo.

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