Los objetivos económicos dados a conocer hoy por el Gobierno chino para 2013, entre ellos un aumento del 7,5% del PIB, suponen unas metas menos ambiciosas que en años pasados por la inestabilidad de la economía mundial y los retos de cambio de su modelo económico.
En el marco de la primera sesión de la Asamblea Nacional Popular China (ANP), el primer ministro, Wen Jiabao, condicionó este crecimiento a la expansión del consumo interno del país, después de que el país asiático haya crecido hasta ahora gracias a sus exportaciones y a las enormes inversiones estatales.
"Tenemos que asumir con toda firmeza la ampliación de la demanda interna como directriz estratégica para el desarrollo económico", precisó Wen ante los casi 3.000 delegados del organismo.
La debilidad de la demanda externa y el aumento de los costos laborales ponen en jaque la supremacía del país asiático como el gran exportador mundial.
Por otro lado, el excesivo grado de inversión en activos fijos por parte del Gobierno (que llega al 50% del PIB) levanta suspicacias dentro y fuera del país por las ineficiencias que genera en varios sectores económicos.
Así, según apuntan los analistas, el auge del consumo interno se presenta como la única alternativa que asegura un crecimiento sólido del país en el futuro.
El primer ministro también fijo una objetivo máximo de 3,5% de inflación (en 2012 fue del 2,6%), una tasa de desempleo urbano que no supere 4,6% (4,5 en los últimos estudios) y un crecimiento del comercio exterior cercano a 8% (6,2 en 2012).
Se trata pues, como aseguró Wen, de unos indicadores "que permitan mantener el equilibrio de la economía" y que, por otro lado, "puedan soportar el aumento de gasto del próximo año".