Todo empezó como muchas cosas en los negocios agrícolas: como un experimento para evaluar plantaciones en nuevas latitudes; en este caso, en el hemisferio sur. Fue así que los italianos de Ferrero -a través de su filial AgriChile- llegaron a Chile a inicios de los años ‘90 con un par de plantas de avellanos europeos, un fruto típico del Mediterráneo que el suelo nacional desconocía, pero en el que echaría rápidamente raíces y se expandiría a través de pruebas de cultivos a lo largo de 600 kilómetros.
A 35 años de la misión italiana, Chile es hoy el segundo mayor productor y exportador de avellanas del mundo, y uno de los cuatros principales países desde donde Ferrero se abastece de su ingrediente clave. Así que, sí: la Nutella, los bombones Rocher y el Kinder Bueno están hechos de avellanas chilenas.
En línea con ese crecimiento, la apuesta de la icónica marca de chocolates en el país también sube. “Dado que Chile está creciendo y ha alcanzado una calidad excelente, se ha convertido en uno de los pilares de nuestra estrategia de abastecimiento, por lo que este año es buena ocasión para anunciar una nueva ronda de inversiones por 80 millones de euros (US$ 94 millones)”, revela el CEO de Ferrero Hazelnut Company, Marco Botta, quien se reunió con DF en el centro de Santiago, en medio de una intensa agenda de reuniones con autoridades.
El ejecutivo originario del Piemonte ha visitado el país seis veces en cuatro años y si hay algo que enfatiza durante esta entrevista es que la visión de la firma en el país es “de largo plazo” y, también, “una historia bellísima de contar”.
Nuevas inversiones
Desde su incursión pionera en la Región del Maule, Ferrero ha invertido US$ 330 millones en el desarrollo de la industria local. Ese camino ha incluido el desarrollo de sus 5 mil hectáreas propias, pero también la inducción y apoyo técnico que han dado a más de 800 productores locales, a los cuales también compran avellanas.
Cuenta con la planta de limpieza y secado Alto Camarico (Maule), inaugurada en 2015; y la planta de procesamiento de San Gregorio (Ñuble), operativa desde 2024. La inversión anunciada por Botta considera mejoras en ambas fábricas, la ampliación de la red logística y la construcción de una tercera planta en la Región de La Araucanía, en la comuna de Cunco, que se llevaría cerca de la mitad del monto a invertir (unos US$ 45 millones).
“La Araucanía es una zona donde el avellano está en auge y que, sumado a las plantaciones de Los Ríos y Los Lagos, se justifica la construcción de una planta de pelado”, explica el gerente general de AgriChile, Camillo Scocco, que vive en Talca desde los inicios del 2000 y ha sido el hombre clave de Ferrero en la industrialización del sector en Chile.
Según cuentan ambos ejecutivos, la instalación prácticamente no tiene impacto ambiental, dado que es un proceso puramente físico que, a través de alta tecnología, descascara y calibra las avellanas para luego ser exportadas. Dependiendo de sus milímetros y gramajes, terminan convertidas en Nutella o Rocher.
En el grupo italiano dicen que ya iniciaron los trámites municipales y que esperan finalizar la construcción a fines de 2027.
Y después de 2027, ¿qué planes hay para Chile? “El eje central de la estrategia de esta family company es el largo plazo y habrá que ver cómo evoluciona la situación para 2027. Hemos invertido mucho en términos de capital, de capital humano, de tiempo y de esfuerzo en Chile, porque en otros países la cadena de valor de la avellana ya estaba presente o se desarrolló independiente de Ferrero. Para nosotros, esta es una historia de la que nos sentimos muy orgullosos, porque no sé cuántos ejemplos se pueden encontrar de una empresa que construye una visión, la persigue 35 años y la mantiene para el futuro, habiendo partido de cero. Por eso, con Chile tenemos un vínculo especial y es un país donde Ferrero quiere seguir creciendo”, dijo Botta.
Consultado por la mirada de la empresa respecto del nuevo gobierno, Botta hizo énfasis en las óptimas relaciones que han mantenido con las distintas administraciones.
Mercado chileno
Si a inicios de los 2000 las plantaciones de avellano europeo prácticamente no existían en el país y en 2015 la Odepa contabilizaba 8.712 hectáreas, para 2025 la cifra se disparó hasta las 50 mil hectáreas. Según el radar de Ferrero, eso sí, la superficie ya superaría las 60 mil hectáreas plantadas, con la Región del Maule concentrando cerca de un tercio del total.
No solo eso. En términos de rendimiento de cultivos, los ejecutivos aseguran que Chile se posiciona actualmente como líder mundial, superando incluso a Turquía e Italia, con tres toneladas por hectárea (versus 1-1,5 ton/ha de otros países).
Anualmente, dice el CEO, la firma exporta US$ 600 millones en avellanas desde los puertos chilenos.
Sobre el momento de la fase de desarrollo de la industria local, Botta dice que “Chile es un adulto joven. Salió de una espléndida juventud y ahora entró en una fase de plena madurez, pero todavía con mucho vigor y con tanto por delante”.