Los nuevos aranceles anunciados por Donald Trump entraron en vigencia este martes. Sin embargo, no lo hicieron con la tasa del 15% que había anticipado el mandatario estadounidense, sino con un gravamen del 10%, aunque la situación podría cambiar en los próximos días.
El pasado viernes, luego de que la Corte Suprema de Estados Unidos anuló las tarifas originales -es decir, las que fueron presentados el 2 de abril de 2025, durante el denominado Día de la Liberación-, Trump acudió a la sección 122 de la Ley de Comercio de 1974 para mantenerlos.
Bajo esta normativa, los gravámenes regirán durante 150 días, o sea, hasta el próximo 23 de julio, salvo que el Congreso decida prorrogarlos.
Así, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos notificó que la tasa que surte efecto desde las 00:01 horas de hoy es, por ahora, del 10%.
La orden preservó algunas exenciones, incluidas aquellas para bienes que cumplen con el pacto comercial de América del Norte entre Estados Unidos, Canadá y México (T-MEC), así como una excepción para algunos productos agrícolas que existían bajo los gravámenes invalidados de Trump.
Además, estarán exentos los países con los que la administración Trump negoció en el pasado. En Latinoamérica, por ejemplo, Argentina, Ecuador, El Salvador y Guatemala, llegaron a acuerdos comerciales y alivios arancelarios con Estados Unidos en noviembre de 2025.
La entrada en vigencia de los aranceles coincidió con el día en que Trump tenía previsto brindar su discurso del Estado de la Unión ante el Congreso, luego de aceptar una invitación enviada por el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson.
Balanza de pagos
La Casa Blanca está trabajando en una orden formal que aumentará la tasa arancelaria global al 15%, dijo a Bloomberg un funcionario de la administración Trump. El plazo aún no se ha definido.
La idea de Trump invocar para ello una emergencia en la balanza de pagos.
El problema potencial para Trump y su administración con ese argumento es que muchos economistas -y hasta ahora los mercados financieros- no ven a Estados Unidos al borde de semejante precipicio.
El problema que la mayoría de los economistas ven es que, a pesar de la proclamación del Presidente, no hay evidencia de que Estados Unidos no sea capaz de pagar sus cuentas ni cumplir con sus obligaciones con los inversionistas internacionales. De existir, los mercados financieros estarían liquidando activos estadounidenses y el dólar se desplomaría ante la pérdida de confianza en la economía estadounidense y en la principal moneda de reserva.
“Usando mi (ex) sombrero del FMI, diré que Estados Unidos no tiene un problema fundamental de pagos internacionales”, escribió Gita Gopinath, exprimera subdirectora gerente del Fondo Monetario Internacional, en una publicación en las redes sociales el domingo.
En un correo electrónico a Bloomberg News el domingo, añadió que “los aranceles de 150 días no contribuirán a reducir de forma duradera los déficits comerciales. Principalmente, provocarán otra ronda de volatilidad en las cifras comerciales, ya que los importadores intentarán programar sus compras para evitar los aranceles”.
Jay Shambaugh, quien ocupó el principal puesto internacional en el Tesoro de Estados Unidos durante la administración Biden, dijo en una entrevista que no había evidencia de que Estados Unidos enfrentara una crisis de balanza de pagos a pesar de la proclamación de Trump.
“Esa sería una situación en la que no entraría suficiente dinero al país para equilibrar todo aquello que genera salidas de dinero”, dijo.
Pero ese no es el caso de los flujos financieros que entran al país para compensar el déficit comercial. Si no fuera así, se evidenciaría en un dólar “que se deprecia rápidamente porque nadie quiere invertir en Estados Unidos para cubrir las salidas”, expuso Shambaugh.
Mark Sobel, otro ex alto funcionario del Tesoro, afirmó que toda la premisa se basaba en una visión anticuada de la economía estadounidense y en un artefacto del extinto régimen de Bretton Woods de tipos de cambio fijos y patrón oro. También argumentó que Trump tiene los objetivos equivocados en la mira.
“El Presidente debería estar mucho más preocupado por las perspectivas fiscales. Muchas estimaciones apuntan a un déficit fiscal promedio del 6% del Producto Interno Bruto anual durante la próxima década, para luego aumentar considerablemente”, afirmó Sobel.