El próximo examen médico del presidente Donald Trump intensifica el escrutinio sobre su salud, una cuestión que lo ha acompañado desde su primera campaña para llegar al cargo más importante del país hace más de una década.
Trump acudirá el martes al Centro Médico Militar Nacional Walter Reed para su cuarta consulta médica divulgada públicamente desde el inicio de su segundo mandato. La Casa Blanca ofreció pocos detalles sobre la visita y solo señaló que incluirá “evaluaciones médicas y dentales anuales de rutina”.
Sin embargo, el anuncio del 11 de mayo generó nuevas preguntas sobre el estado de salud de Trump. Será su tercera visita conocida a un dentista este año, más de lo habitual para la mayoría de los estadounidenses, que suelen realizar controles semestrales, y ocurre después de tres consultas médicas el año pasado.
El momento también vuelve a poner el foco sobre la edad de Trump, quien cumplirá 80 años el próximo mes. Esto ocurre en un período político complejo para un presidente decidido a proyectar vigor y fortaleza.
EEUU continúa inmerso en un conflicto cada vez más complejo con Irán, que ha sacudido a la economía global. Trump también enfrenta crecientes tensiones con republicanos en el Congreso, preocupados por una posible derrota en las elecciones legislativas de noviembre ante el deterioro del apoyo de los votantes a su liderazgo.
Maquillaje para disimular
A un año del inicio de su segundo mandato, Trump ha mostrado señales visibles de envejecimiento, entre ellas hinchazón en las piernas, decoloración en el cuello y moretones en las manos, que suele disimular con maquillaje. También fue diagnosticado con una enfermedad venosa común. El año pasado se sometió además a estudios avanzados del corazón y el abdomen que la Casa Blanca describió como “preventivos”. Con frecuencia cierra los ojos durante períodos prolongados en eventos en el Despacho Oval.
Hasta ahora, la edad de Trump no se ha convertido en un problema político como ocurrió con su predecesor, Joe Biden, cuyo deterioro físico lo llevó a abandonar su campaña de reelección a los 81 años. A diferencia de Biden, Trump mantiene una presencia más imponente y enérgica. Además, ya reconoció que no puede aspirar a otro mandato.
Trump ha protegido durante años, y en ocasiones ocultado, detalles sobre su condición médica, realizando revelaciones selectivas que dejaron preguntas sin respuesta. A lo largo de su carrera política, médicos y asesores ofrecieron descripciones limitadas o ambiguas sobre su salud, mientras evitaban divulgar información más completa que otros presidentes sí hicieron pública. El escrutinio sobre Trump aumenta por ser la persona de mayor edad en asumir la presidencia de EEUU.
“Lo que se dará a conocer será lo que Trump y la Casa Blanca quieran que sepamos”, afirmó Arthur Caplan, especialista en ética médica de la facultad de medicina de la Universidad de Nueva York, quien estudia la salud presidencial. También recordó que administraciones anteriores ocultaron problemas de salud de Franklin Delano Roosevelt, John F. Kennedy y Ronald Reagan.
“No espero grandes revelaciones”, dijo Caplan. Añadió que algunas preguntas relevantes son si Trump duerme lo suficiente y cuál es la calidad de su audición.
La Casa Blanca indicó que publicará un comunicado sobre la visita.
“El presidente Trump es el mandatario más lúcido y accesible de la historia estadounidense, trabaja sin descanso para resolver problemas y cumplir sus promesas, y mantiene una salud excelente”, declaró el portavoz de la Casa Blanca, Davis Ingle.
"No soy un adulto mayor"
Trump, que disfrutaba burlarse de Biden por su edad, sostiene que está en gran forma. Durante un reciente discurso en una comunidad de jubilados en Florida, dijo al público: “No soy un adulto mayor. Soy mucho más joven que ustedes. Soy un hombre mucho más joven que ustedes”.
Tras su examen físico de abril pasado, Sean Barbabella, médico del presidente, elogió el “estilo de vida activo” de Trump y destacó sus “frecuentes victorias en torneos de golf”.
Durante la primera campaña presidencial de Trump en 2015, su médico Harold Bornstein escribió en una carta: “Si es elegido, puedo afirmar inequívocamente que el señor Trump será la persona más saludable jamás elegida para la presidencia”. Años después, Bornstein dijo a CNN que Trump había dictado el contenido de esa declaración. Más adelante, durante el primer mandato de Trump, el entonces médico de la Casa Blanca Ronny Jackson aseguró a periodistas que Trump tenía “genes grandiosos”.
Y en medio de versiones contradictorias de la Casa Blanca sobre los estudios realizados el año pasado, Trump dijo a periodistas que no sabía qué parte de su cuerpo había sido examinada, aunque insistió en que los resultados fueron “perfectos”.
En ocasiones, Trump ha reconocido su falta de actividad física. Durante un evento en el Despacho Oval para anunciar el regreso del Premio Presidencial de Aptitud Física, bromeó diciendo que hace “como máximo un minuto diario” de ejercicio.
Trump ha abordado el cargo de manera diferente a su primer mandato, adoptando una agenda de viajes más limitada. Sin embargo, mantiene eventos públicos la mayoría de los días y habla regularmente con periodistas, incluso respondiendo frecuentemente llamadas en su teléfono celular.
Aun así, el comportamiento de Trump ha despertado dudas sobre si está más descontrolado que durante su primer mandato, aunque siempre cultivó deliberadamente una imagen caótica y ahora enfrenta menos restricciones de sus asesores. Ha atacado a periodistas y utilizado groserías con mayor frecuencia, habla de forma repetitiva y extensa sobre temas de su interés —como las remodelaciones de la Casa Blanca— y publica con frecuencia largas cadenas de mensajes nocturnos en redes sociales cargados de teorías conspirativas.
Trump parece consciente de las dudas sobre su estado de salud y ha insistido repetidamente en que superó sin problemas varias pruebas cognitivas.
“Las hice y obtuve la máxima calificación las tres veces”, dijo Trump en un acto el viernes en Nueva York. “Qué bueno ser inteligente”.
Al mismo tiempo, reconoció que su padre, Fred, sufrió “una especie de Alzheimer” desde mediados de sus 80 años.
Consultado en una entrevista con la revista New York a comienzos de este año sobre si teme que eso pueda ocurrirle, Trump descartó cualquier preocupación. “No, no pienso en eso para nada. ¿Sabes por qué?”, respondió. “Porque, sea lo que sea, mi actitud es simplemente la que sea”.