El año 2026 comenzó con Latinoamérica en los titulares de los grandes medios de comunicación.
La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela remeció los tableros y llevó a los agentes del mercado a sopesar los efectos de un tensionamiento en la geopolítica.
Para el jefe del equipo Southern Cone & Andean Equity Strategy & Research de JPMorgan, Diego Celedón, el efecto en las bolsas fue limitado ante la baja exposición de los inversionistas al mercado accionario venezolano.
“El impacto es más bien macropolítico”, apuntó a DF el ejecutivo. Y proyectó una consolidación bajista del precio del petróleo.
“Esto debiese tener un impacto a la baja en el precio del petróleo, tanto en el mediano como en el largo plazo, sobre el cual ya teníamos una visión relativamente cautelosa, por debajo del consenso mercado”, afirmó Celedón.
“Ya veníamos escuchando por años la retórica de un EEUU queriendo ser más relevante en Sudamérica, y vimos dos eventos concretos de acción: el apoyo a Argentina y normalizar la situación económico-política de Venezuela”.
- ¿Cuál es esa visión?
- Teníamos un petróleo bajando a US$ 60 (por barril) cuando estaba significativamente por sobre eso y veíamos que podía llegar a US$ 55. Por cada 500 mil barriles de petróleo adicionales que vayan al mercado, impacta cerca de US$ 4 en el precio internacional del petróleo, y se piensa que de aquí a dos o tres años podrían aumentarse en torno a 2 millones y 2 millones y medio de barriles los provenientes de Venezuela. Va a depender qué pasa con el resto de oferta y la demanda, pero podríamos tener un impacto de US$ 10.
- Eso beneficia más a unos que a otros…
- Los países productores van a enfrentar un precio relativamente menor, eso da algo de presión para países como Colombia, donde más del 50% de sus exportaciones son de petróleo. En el otro extremo se encuentra Chile, que importa el 100% de su petróleo y, por lo tanto, se beneficia directamente de un petróleo de menor precio.
Esto trae también menores presiones inflacionarias y debiese permitir a algunos de los países bajar algo más la tasa, lo que es optimista para el caso de las acciones.
Influencia de EEUU
- ¿Hay un riesgo político?
- Ya veníamos escuchando por años la retórica de un EEUU queriendo ser más relevante en Sudamérica, y en estos últimos meses vimos dos eventos bastante concretos de acción: el apoyo que prestó EEUU a Argentina en el contexto de las elecciones legislativas, y una segunda acción con el objetivo de normalizar la situación económico-política de Venezuela.
Eso es una oportunidad para la región de salir a buscar esa inversión (estadounidense), particularmente para aquellos países que se alinean más con la visión política de EEUU. En el caso de Chile, el secretario de Estado, Marco Rubio, felicitó directamente a la nueva administración y dijo que se quieren hacer más cosas con el país.
- Pero el interés llega atado a restringir la exposición de China.
- El objetivo ha sido explícitamente delineado por EEUU. En el contexto de la ayuda a Argentina, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo varias veces en entrevistas “queremos sacar a China”.
Sin embargo, el nivel de condicionalidad depende mucho según el país. En el caso de Chile, si bien puede existir la intención de querer acoger menos la inversión china, probablemente EEUU tiene que venir a competir en condiciones de mercado, con una inversión lo suficientemente atractiva para quedarse con los proyectos.
Ser el centro de la competencia entre dos potencias puede generar una oportunidad interesante.
Retornos en bolsa
- ¿Cambió el panorama para las acciones de la región?
- Estamos optimistas en acciones latinoamericanas. Pero luego de retornos de hasta 70% en dólares el año pasado, pensar que eso volverá a repetirse este año, en algunos mercados, es un poquito ajustado. Las valorizaciones ya han tenido una corrección importante, por lo tanto es un caso a caso.
Probablemente, las dos excepciones donde vemos más espacio de revalorización son Brasil, porque sigue con múltiplos de valorización sumamente descontados; y Argentina, porque tiene una historia de normalización que, en el caso de concretarse, tiene un potencial de crecimiento muy fuerte. Pero hay otros países como Chile o México donde esas valorizaciones ya muestran un escenario más ajustado.
- ¿Qué factores hacen que partamos 2026 con un buen pie?
- El escenario macro en la región no es el mejor, pero es lo suficientemente bueno como para traer flujos. Algunos países ya tuvieron un ciclo de política monetaria más expansiva y están teniendo un nivel de crecimiento razonable en torno a 2% y 3%, y tenemos otras historias en las cuales ese ciclo de relajamiento de tasas todavía debiese continuar en 2026, como Brasil.
Finalmente tenemos un escenario de commodities, con la excepción del petróleo, que es bastante positivo.
- ¿Qué pasará con el dólar-peso?
- Todo parece apuntar a que la dirección sigue siendo una mayor apreciación (del peso). El dólar global está relativamente más débil, con un EEUU en un escenario no bullante, y, por lo tanto, un espacio de reducción de tasas adicionales.