El acuerdo entre Estados Unidos e Irán descomprimió el precio del petróleo, pero no eliminó la cautela del mercado.
Con Suiza en la mira, sede donde se establecerán las condiciones que regirán en el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más relevantes para el transporte global de crudo-, el gerente de asset allocation de LarrainVial Asset Management, Andrés Vicencio, comentó a DF que “es un acuerdo real, pero a mi juicio incompleto”.
Y agregó: “Creo que lo correcto es hablar de un escenario ‘positivo condicionado’ y no de ‘problema resuelto’”.
Con ello, LarrainVial Asset Management ve tres caminos para el petróleo tras el cese de hostilidades entre ambos países, que detuvo un conflicto que había escalado hasta llevar al Brent sobre niveles de US$ 120 por barril en abril de este año.
En el corto plazo, el mercado ya descontó la reapertura de Ormuz y la reducción de la prima de riesgo geopolítica.
“Hay que reconocer que puede haber más volatilidad en torno a la firma del viernes 19 de junio. Si hay tropiezos de último minuto, la corrección podría ser significativa”, afirmó Vicencio.
Al cierre de esta nota, el petróleo Brent caía a niveles por debajo de los US$ 80, por primera vez desde marzo.
Mediano plazo
En el mediano plazo, el escenario depende de dos variables. La primera, es si la reapertura del estrecho de Ormuz es efectiva y sostenida.
"Sacar las minas del estrecho toma tiempo y los peajes Irán-Omán añaden fricción. La segunda es si "las negociaciones en torno al tema nuclear arrancan con seriedad o se empantanan".
Si ambas condiciones se cumplen, Vicencio explicó que el Brent podría consolidarse en el rango de US$ 75 a US$ 85 por barril, lo que abriría la puerta a que la Reserva Federal y el Banco Central Europeo retomen gradualmente la conversación sobre recortes de tasas. "Ese escenario sería constructivo para la renta fija y para los múltiplos de la renta variable".
Seis meses o más
En el largo plazo, LarrainVial identificó dos lecturas estructurales. La primera es si el conflicto aceleró la tendencia de desglobalización energética, países y empresas buscarán diversificar rutas y proveedores, lo que implicará una inversión en infraestructura alternativa, como GNL norteamericano y expansión de capacidad de refinación fuera del Golfo.
Eso representaría una presión permanente a la baja en la dependencia de Ormuz, aunque tomaría años en materializarse.
La segunda lectura es el precedente que deja el cobro en estrechos internacionales. Si Irán y Omán logran implementarlo sin consecuencias legales, "el modelo podría ser replicable". Eso elevaría el costo de largo plazo del comercio marítimo global, de forma silenciosa pero persistente, y abriría una ventana de incertidumbre respecto de lo que podrían hacer otros países.
El Brent y la prima de riesgo
Respecto de si el precio Brent se ubica en torno a US$ 80–US$ 83 el barril reflejaría una normalización o todavía incorpora una prima de riesgo, Vicencio sostuvo que “ambas cosas son difíciles de separar con precisión”.
“El punto de referencia útil es el preconflicto: el Brent operaba en torno a US$ 66–US$ 67 por barril en febrero de 2026, antes del inicio de las operaciones militares. Desde ahí escaló hasta máximos de US$ 120–US$ 125 por barril en los momentos más críticos”, explicó.
A su juicio, la baja implica que el mercado ha eliminado aproximadamente la mitad de la prima de guerra, pero no toda.
Según el banco de inversión, las razones para que el precio no converja de vuelta a US$ 67 por barril son varias.
En primer lugar, una prima residual por riesgo de implementación: "el acuerdo aún no está firmado", recordando que sacar las minas del estrecho tomará tiempo y los puntos sobre un acuerdo nuclear todavía no están resueltos.
En segundo término, un nuevo régimen estructural en el estrecho de Ormuz: los peajes Irán–Omán encarecen permanentemente el tránsito, lo que se traslada a un piso de precios más alto que el observado antes del conflicto.
Tercero, la disciplina de la OPEP: la producción no aumentó durante el conflicto y los sauditas no tienen apuro en inundar el mercado ahora que los precios se normalizan en un rango que les acomoda. No hay señales de que vayan a aumentar la producción de forma agresiva.
Y en cuarto lugar, una demanda intacta: la economía global no entró en recesión pese al shock energético, por lo que la demanda base, al parecer, sigue siendo robusta.
Así, una estimación razonable ubicaría el “fair value” postacuerdo, asumiendo una implementación exitosa, en torno a US$ 78-US$ 82 por barril, levemente sobre el nivel preconflicto por el efecto estructural del nuevo régimen en Ormuz.
“hay un elemento que el mercado está ignorando: el acuerdo consagra un régimen permanente de cobros en Ormuz, coadministrado por Irán y Omán. No es el statu quo preconflicto, es un nuevo esquema donde una potencia regional extrae renta del comercio global. Las implicancias de largo plazo para fletes, seguros y precedente geopolítico son relevantes y podrían estar subvaloradas”, cerró el ejecutivo.