Los datos del Sistema Nacional de Información Municipal (Sinim), que abarcan a 345 comunas del país, muestran que una proporción relevante de los gobiernos locales opera con una base tributaria insuficiente para sostener sus funciones básicas. Al menos un tercio de los municipios no podría financiar su operación si no existiera el mecanismo de redistribución fiscal que provee el Fondo Común Municipal (FCM).
Las comunas con menor capacidad de generación de ingresos propios se concentran mayoritariamente en territorios rurales, aislados o de alta vulnerabilidad socioeconómica. Casos como Timaukel (Magallanes), Cholchol (Araucanía) o Tirúa (Biobío) reflejan esta condición. El extremo lo representa Isla de Pascua, donde el FCM explica 99,2% de los ingresos permanentes.
El patrón se repite al analizar el Ingreso Propio Permanente (IPP), que incluye patentes, permisos, derechos municipales y otras fuentes tributarias locales. En comunas como Tortel (Aysén) o Camiña (Tarapacá), el IPP representa una fracción mínima del presupuesto, reflejo de una actividad económica acotada y de una base imponible estrecha.
En Palena, comuna cordillerana y aislada de la Región de Los Lagos, el FCM representa 85% de los ingresos. Según el alcalde, Julio Delgado, el principal problema no es la existencia del FCM, sino la forma en que el cálculo de distribución incorpora -o no- variables asociadas a zonas extremas, como mayores costos logísticos y de vida. “Sería muy favorable un nuevo cálculo de distribución”, sostiene.

Los territorios con insularidad y aislamiento extremo, “debieran contar con un factor de cálculo ajustado en el Fondo Común Municipal, similar al aplicado a Rapa Nui, para reflejar sus mayores costos logísticos y administrativos”. Pablo Manríquez, alcalde de Juan Fernández
Coincide en el análisis Pablo Manríquez, el alcalde de Juan Fernández: territorios con insularidad y aislamiento extremo, “debieran contar con un factor de cálculo ajustado en el Fondo Común Municipal, similar al aplicado a Rapa Nui, para reflejar sus mayores costos logísticos y administrativos”.
Pero algunas comunas han optado por compensar esta dependencia con estrategias activas de fortalecimiento interno. En San Juan de la Costa, también en la Región de Los Lagos, el FCM representa 87,9% de los ingresos proyectados para 2026. Su alcalde, José Luis Muñoz, destaca que la comuna trabaja en la actualización de ordenanzas de derechos municipales y en la creación de nuevos servicios con potencial de ingresos permanentes. A partir de 2026, con la creación de una Dirección de Tránsito, será posible otorgar y renovar licencias de conducir en la propia comuna.
Aun así, la estrechez fiscal impone límites concretos. “Administramos pobreza”, resume Jaime Echeverría, director de Secplan de la Municipalidad de Quilaco (Biobío), donde el FCM explica el 77% de los ingresos. El fondo, señala, permite mantener la operación mínima del municipio -desde el pago de remuneraciones hasta la ejecución de programas sociales-, pero no genera condiciones equivalentes a las de comunas con alta capacidad de autogestión financiera, como Las Condes y Providencia.
Carga funcional y capacidad operativa
La alta dependencia del FCM se traduce en dotaciones reducidas y con una presión operativa elevada. La razón es estructural: la carga administrativa está determinada por un conjunto de funciones obligatorias que no escala proporcionalmente con la población.
El administrador municipal de una comuna con alta dependencia del FCM explicó a DF Regiones: “Cuando se habla de alta carga funcional por trabajador, no se alude a la cantidad de población atendida, sino a que cada funcionario debe cumplir múltiples funciones críticas al mismo tiempo”. En términos de gestión pública, “menos habitantes no equivale a menos trabajo municipal”, asevera.
Eso explicaría que Chaitén emplea a 50 personas con sus 5.078 habitantes, mientras la dotación de Castro es de 53 funcionarios para más de 48 mil residentes.
Dos realidades municipales
El cruce de datos permite distinguir dos realidades muy diferentes. Por un lado, comunas urbanas y económicamente dinámicas, donde el FCM actúa como un complemento que refuerza la planificación y la autonomía. Por el otro, existe un conjunto amplio de comunas rurales, insulares o extremas, donde el FCM supera de manera sistemática el 80% de los ingresos, en muchos casos el 90%.
Especialistas en hacienda municipal coinciden en que el Fondo Común Municipal cumple una función de contención, evitando el colapso institucional, pero que no es suficiente para corregir las desigualdades de origen. “La transferencia evita la falta de caja, pero no crea capacidad instalada”, resume Gonzalo Durán, académico de la Universidad de Chile.
En casos como el de Isla de Pascua -donde una alta dependencia financiera convive con demandas de mayor autogobierno- o Timaukel y Tortel -donde el municipio sustituye al Estado en territorios aislados- el FCM sigue siendo un instrumento indispensable para la estabilidad del sistema.