El quiebre en el transporte público de la ciudad de Valparaíso podría precipitarse mucho antes del plazo fatal del 15 de enero fijado oficialmente por los operadores de microbuses para una paralización.
La falta de liquidez ha escalado la tensión a tal punto que el servicio de cerca de 400 máquinas está en riesgo inminente de suspensión, afectando a cerca de 200 mil pasajeros en la ciudad porteña.
Reinaldo Sánchez, empresario presidente de la asociación gremial de buses de la V Región, sinceró a DF Regiones que la situación es insostenible y que las bases han dado un ultimátum: "Los choferes me avisaron que querían parar este viernes. A nadie le gusta que no le paguen su sueldo", afirmó.
Tras siete meses impagos, los pasivos del Estado correspondientes a subsidios por tarifas diferenciadas bordearían los $ 2.500 millones, lo que según el dirigente corresponde directamente a las remuneraciones de los conductores, lo que ha generado una presión que desborda la planificación de los dueños de las máquinas impidiendo costear mantenciones básicas y obligaciones bancarias.
Distorsión de mercado y brecha con la RM
Más allá de la urgencia de caja, Sánchez apunta a un problema estructural en el modelo de financiamiento. El empresario denuncia una severa distorsión de precios al comparar la realidad local con el sistema RED de la Región Metropolitana.
"En Santiago, hace dos años el subsidio bordeaba los $ 10 millones por bus. En Valparaíso es de $ 1,8 millones. Es una injusticia tremenda", detalló, argumentando que esta diferencia no se condice con los costos técnicos frente a la complejidad operativa que implica la estructura vial y geográfica de Valparaíso.
"Antiguamente, la tarifa técnica de Valparaíso era un 20% superior a la de Santiago por los costos de frenaje y las pendientes de los cerros. Hoy somos un 40% más bajos", criticó Sánchez, acusando que la inversión pública se concentra en la electromovilidad capitalina mientras en regiones se congelan los recursos.
Insolvencia en el transporte
El congelamiento de los flujos ha dejado a los operadores más pequeños —aquellos con flotas de una o dos máquinas— en una situación de "quiebra técnica". Sin espalda financiera para recurrir a la banca, muchos se encuentran imposibilitados de costear mantenciones correctivas básicas.
"Los dueños de buses pequeños están parados porque no pueden arreglar sus máquinas; hoy una reparación de caja de cambios vale casi $ 5 millones y no tienen ni para neumáticos", ilustró el dirigente. Las unidades de negocio más afectadas son la 2 y la 115. Esta última, operativa desde septiembre, lleva cuatro meses sin recibir subsidios.
Crítica a la gestión central
El empresario desestimó la responsabilidad de la Seremi local, calificando las oficinas regionales como “meros buzones” sin poder de decisión. “Todo se resuelve en Santiago. Si quiero alargar el recorrido una cuadra, tengo que pedir permiso allá”, criticó.
El conflicto actual se suma a un historial de roces entre los operadores locales y el Estado. Sánchez recordó que mantienen una demanda vigente defendida por el abogado Juan Carlos Manríquez por la quema de un terminal con 27 buses en el sector de Villa Independencia en 2024, situación por la que aún no reciben compensación.
De no mediar una solución inmediata por parte de Tesorería o el Ministerio de Transportes, el apagón de motores en Valparaíso podría concretarse al finalizar esta semana, impulsado por la fuerza laboral del sector.