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Publicado: Jueves 10 de julio de 2014 a las 05:00 hrs.
Se suponía que el Mundial sería la presentación en sociedad para Brasil, la superpotencia futbolística revelándose también como una potencia económica y geopolítica.
Los hinchas que llegaran a Brasil y los espectadores serían testigos no sólo de un mes de un fútbol fabuloso, sino también del crecimiento económico que sacó a 35 millones de brasileños de la pobreza en la última década.
Imágenes de estadios brillantes y en especial la construcción de trenes rápidos y nuevos y pacíficos barrios pobres serían la vidriera de la izquierda brasileña, ganando imitadores en América Latina, África y otros lados.
Y, por supuesto, el equipo anfitrión ganaría su sexto título mundial.
Por ello, la derrota por 7-1 del martes en la semifinal contra Alemania fue algo más que uno de los resultados más sorprendentes en la historia deportiva. Fue un gran golpe a la confianza del país, el último de una serie de sueños que no se hicieron realidad.
La otrora boyante economía brasileña se ha estancado y ha estado acosada por tres años de alta inflación, sin un final visible. Su influencia diplomática se redujo mientras otros países latinoamericanos son testigos de sus problemas y adoptan un camino más agresivo de reformas pro-mercado. (Reuters)