El presidente de Venezuela es Edmundo González. Un señor anodino, carente de todo carisma, diplomático e internacionalista –ironías del destino– hoy viviendo un cómodo exilio en Madrid pues le robaron la elección que legítimamente ganó en julio del 2024. No ha sido el más valiente, nadie lo es al lado del coraje de María Corina Machado, ni el más inspirador, pero en la elección presidencial sacó más votos que su contendor y hasta donde yo entiendo de democracia eso basta para ser electo presidente.
Este dato es importante para hacerse de una opinión con respecto a la detención y extracción de Nicolás Maduro de Venezuela por parte de las fuerzas norteamericanas. No se detuvo al presidente venezolano sino a un delincuente que ha esclavizado a su pueblo y ha desestabilizado a toda la región con operaciones narcoterroristas. No había forma buena de terminar con Maduro, esos mecanismos habían sido todos explorados y habían fracasado cada uno de ellos, ayer se le detuvo como el criminal que es.
La esperanza está en que esto lleve al fin de la dictadura chavista. La palabra la tiene el pueblo venezolano más que Trump o cualquiera otro. Si los propios venezolanos no salen a las calles a demandar un cambio de régimen, la caterva de Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez y Vladimir Padrino López se las arreglará en pocos días para con el apoyo de las Fuerzas Armadas bolivarianas reacomodarse en el poder y mantener la opresión a la población que todavía no ha migrado fuera de sus fronteras. El rol del liderazgo de María Corina será clave en las horas que vienen, está por verse si será capaz de liderar a su pueblo para que consigan la anhelada libertad. Esa tarea está llena de peligros, el régimen está herido y arrinconado y puede responder con extrema dureza.
Para quienes enarbolan hoy la cómoda banderita del derecho internacional, es bueno recordar quienes son sus compañeros de ruta en el esfuerzo internacionalista. La cancillería rusa habló de una flagrante violación del derecho internacional – mas obsceno no se puede -, los iraníes salieron a condenar la violación de la soberanía venezolana, desde Cuba, Díaz-Canel acusó a Estados Unidos de terrorismo de Estado. Tanto descaro es útil pues hace patente que el buenismo de apelar a un derecho internacional sin dientes de mucha izquierda biempensante es simplemente la comodidad de no hacer nada mientras los venezolanos sufren lo indecible.
Es muy probable que a Trump le importe poco y nada la democracia venezolana, no le importa la estadounidense, menos le va interesar el régimen que haya en el país caribeño. Entre el acceso al petróleo y su relato sobre combatir el narcotráfico – que no cuadra mucho con el indulto al ex presidente hondureño condenado a 45 años por narcotráfico – le es suficiente para haber actuado. ¿Es el ideal que Maduro haya terminado así? Claramente no, pero las fuerzas democráticas de la región no fueron capaces de sacarlo del poder y no había ninguna señal de que eso fuese a cambiar. No es la hora de la comodidad ni de preciosismos, como dice la sabiduría popular a veces no se puede querer chicha y chancho.