Constanza Schönhaut, convencional: "No sé si hoy hay que dar vuelta todo Chile, pero hay que girar el timón"
Creció en una familia católica y de derecha. Estudió en el colegio de Las Condes que creó Lavin. La revolución pinguina y la toma del colegio despertaron su inquietud política, y en la Universidad de Chile encontró su destino. Ahí conoció a Gabriel Boric, de quien fue jefa de gabinete.
Por: María José Gutiérrez y Juan Pablo Silva
Publicado: Domingo 20 de febrero de 2022 a las 12:38 hrs.
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Esta semana ha sido especial, emotiva, acelerada: llegó el día en que aquellas normas que tengan 2/3 van a estar realmente en el texto constitucional. Las confianzas al interior de la Convención creo que se han ido construyendo, pero siempre se mantienen algunos prejuicios, ciertas distancias entre independientes y partidos, cierta desconfianza de las feministas respecto a algunos varones, y eso es parte de la dimensión humana de la politica.
Pero hay diálogo con quienes quieren dialogar. No construir acuerdos entre todos no significa necesariamente que hubo falta de diálogo, los diálogos no necesariamente terminan en acuerdos.
La semana pasada fue la primera vez que con Jaime Bassa (ex vicepresidente de la CC) salimos a tomar una posición tajante respecto de una iniciativa constituyente (la que buscaba disolver los tres poderes del Estado para reemplazarlos por una asamblea plurinacional). Fue un día en el que dijimos, ‘chuta, esto está pegando fuerte afuera y es momento de que se den señales claras, sobre todo ahora que estamos votando’. Y marqué mi posición en Twitter (que fue retuiteado por el Presidente electo).
Pero no siento nada nada con un retuit de Gabriel, no creo que haya sido un gesto hacia mí. No por eso siento una especie de respaldo del gobierno. Yo aquí represento el proyecto del FA -del cual soy fundadora-, el proyecto feminista, y mi voz dentro de la Convención es ‘mi’ voz. Evidentemente vamos a tener coincidencias con el programa de Gobierno, probablemente con nuestro liderazgo de la coalición, pero van a haber diferencias también.
…
Aunque mi apellido es Schönhaut, no soy judía, ni alemana. Mi mamá se casó con el papá de mis hermanas cuando yo tenía 10 años, y me dio su apellido. A veces se me acercan y me hablan en alemán. Otros creen que soy cuica. Yo me paro desde una familia compuesta no tradicionalmente, viví gran parte de mi vida con mi mamá, mi tío, mi abuela y yo. Mi papá murió cuando yo tenía un año.
Tenían una crianza conmigo bien colectiva, porque todos trabajaban, entonces de repente me tocaba hacer trámites con mi abuela en micro, o acompañarla a misa -que me encantaba porque me compraba almendras confitadas a la salida-, a mi tío lo acompañaba en su primer auto a trabajar y me dejaba poner mis casetes de las Spice Girls. Él me enseñó a defenderme, a pegar combos y saber cómo funciona un motor.
Vivíamos en el punto límite entre el sector más popular y más adinerado de la comuna de Las Condes, estaba en colegio municipal y en cuarto básico nos mandaron a todos a este nuevo colegio emblema de Joaquín Lavín: el San Francisco del Alba.
Ahí había dos mundos, los que veníamos del colegio municipal y los otros. Recuerdo -una visión que yo creo que es lo que me pasó harto en mi proceso de politización- sentir incomodidades, dudas, pero no tener las palabras para expresar exactamente qué es. En ese momento lo veía como una dualidad muy fuerte, que se veían dos estereotipos distintos, formas de hablar diferentes.
Mi colegio no era activo políticamente y mi familia era de derecha, votaron por el Sí. La primera vez que votaron por la izquierda fue en 2013. Ahora son todos frenteamplistas y me acompañan a las marchas. De alguna manera ser hija de madre soltera, abuela soltera y una familia muy de mujeres, forja harto cómo uno se posiciona como mujer.
Aunque al principio mi abuela me decía -siempre con cariño- ‘Conita, no hable con tanto garabato’, ‘Conita, cruce un poquito las piernas’, yo me revelaba ante eso: ir con falda al colegio, me gustaba ir con buzo, subir árboles y por eso me suspendían.
Me acuerdo que en octavo básico la orientadora nos dijo: ‘Ahora que tienen que empezar a tomar decisiones, yo creo que ustedes no deberían hacer gastar a sus papás plata en preuniversitario porque este colegio no está hecho para que ustedes lleguen a la universidad’. Yo, en cambio, soñaba con estudiar Ingeniería en Biotecnología Molecular.
Vino la revolución pingüina y la toma del colegio y dije ‘no soy la única’. Y me empecé a involucrar. Entré a la Universidad de Chile, a Bachillerato con la idea de cambiarme a Medicina. Entendí de inmediato lo que me faltaba: esa diversidad, la aproximación política a los problemas que uno veía a diario. Fui consejera Fech, después en 2009 me pasé a Derecho. Y en la toma conocí a Gabriel (Boric), bien de lejos. Yo era de un colectivo más chico que habíamos creado llamado Izquierda Construye.
No me formé mucho con Gabriel, no voté por él en la Fech, porque estaba de intercambio, y para la elección del senado universitario yo también competía. Después él se fue a Magallanes, así que recién le di mi voto en la primaria del año pasado.
Hicimos el match en 2016, cuando tras la asamblea autonomista él me llamó y me preguntó si quería ser su jefe de gabinete. De hecho me tiró una talla: “Eso sí, sería ad honorem”. Yo como militante le dije que ok. Los dos nos reímos y me dijo: ‘no seas ridícula’.
Asumí una jefatura de gabinete no solo administrativa, sino principalmente política, en un momento donde se necesitaba orientación política para proteger -además- al mayor activo que tenía nuestra posibilidad de ser una alternativa orgánica. Ese era Gabriel.
En ese camino aprendimos a respetarnos, a reírnos y a conocer nuestros límites. Yo, por ejemplo, cuando me enojo elevo la voz. A Gabriel le irrita mucho que lo haga. De vuelta, cuando él se siente amenazado, me dice como que no sea exagerada, y a mí eso me descompone: yo no exagero, soy una persona ponderada jaja. Ahí aprendimos que cuando empezaba a elevar la voz, nos mirábamos y decíamos ‘basta, partamos de nuevo’.
Finalmente la izquierda autónoma se quiebra. Fue súper complejo, porque veníamos conociéndonos política y humanamente, entonces lo hicimos en el marco del quiebre, de entendernos, de saber cómo funcionamos en periodos de crisis, y de ahí en adelante empezamos a trabajar, a construir el movimiento autonomista, a pensar el Congreso construyendo alternativas. Despues dijimos candidatura presidencial, parlamentaria, bancada... Tenemos que ser partido para nunca mas ir a rogar cupos, y formamos Convergencia Social.
Para el acuerdo del 15 de noviembre de 2019, yo ya no era su jefa de gabinete. Recuerdo que ese día estaba haciendo unos trámites en el centro y me llamaron y me dijeron ‘vente, se está conversando un acuerdo constitucional’.
Ahí estuvimos esperando juntos, con Giorgio (Jackson), Gabriel y su jefe de gabinete. Cuando Gabriel tomó la decisión, yo solo lo miré y le dije: ‘¿estás seguro?’ Me dijo: ‘sí, estoy muy seguro’. ‘Ok’, le dije, ‘vamos adelante, preparémonos para lo que viene’. Son en esos momentos difíciles en los que uno dice ‘mi costo personal o el avance de algo más grande’.
Siento profunda admiración por Gabriel, pero yo veo el triunfo presidencial mucho más como ese conjunto de decisiones que venimos tomando desde el 2016, que fueron súper colectivas, más allá de que él es un liderazgo en sí mismo y tiene unas habilidades que son propias, que es lo que hace que muchas veces salve las situaciones.
...
No me imagino en 10 años más. Con suerte me veo mañana: dormí tres horas ayer, hoy mi cabeza está 99% enfocada en la Convención. Mi núcleo de confianza y afectos son todos de la política y con quienes hemos construido este proyecto. Me despejo estando sola: me gusta mucho tener una semana en que agarro mi mochila y me voy a recorrer un parque nacional y leo, escucho música, y conozco gente. El último que hice fue Cerro Castillo... coincidencia de nombre.
Ahora que seremos gobierno siento un sentido de responsabilidad muy pesado y un entusiasmo de la creatividad y de poder hacer posible eso que siempre hemos imaginado. La responsabilidad no es solo mantener el país de pie, sino mostrarle a la sociedad que es posible organizarse distinto social y económicamente, y que eso no es una locura, y no es chavista.
Como vivimos hoy fue una revolución, la dictadura fue una revolución: dieron vuelta todo Chile. No sé si hoy hay que dar vuelta todo Chile, pero hay que girar el timón, y girarlo hacia un lugar de justicia social, a una sociedad más igualitaria, que distribuye de manera equitativa el poder económico, político y cultural, y que por cierto reconfigura el poder de género”.
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