Luis Fernando Mira: el arquitecto chileno que diseña casas para millonarios en Sudáfrica y hoteles de lujo en islas remotas
Emigró hace dos décadas hacia ese país. Partió con clases en la universidad. De manera casi fortuita, reconoce, entró luego al exclusivo círculo de quienes construyen residencias de lujo, donde el metro cuadrado puede costar US$ 5.000. Más tarde, se le abrió el universo de los hoteles súper premium. Comenzó con uno en Madagascar. Aquí cuenta la historia detrás de esta ruta que incluye detalles sorpresivos, pero revelantes, como el tenis y los caballos.
Por: Patricio De la Paz
Publicado: Sábado 28 de febrero de 2026 a las 21:00 hrs.
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Sucedió en una cancha de tenis en Ciudad del Cabo. En 2019. El arquitecto chileno Luis Fernando Mira, que vive y trabaja en Sudáfrica hace dos décadas, disputaba un partido con el empresario sueco Phillipe Kjellgren, referente en la hotelería y los viajes de lujo. Hasta entonces no se conocían, pero compartían personas en común. Tuvieron sintonía, se cayeron bien, pese a que Mira ganó el encuentro. Siguieron conversando fuera de la cancha. Fue entonces que Kjellgren le contó que estaba con la idea de un hotel muy premium en la isla de Madagascar, en el Océano Indico, frente a la costa este de África. “Ayúdame”, le propuso.
El chileno aceptó encantado. Ese fue el puntapié inicial de una relación profesional entre ambos que ya lleva siete años y que como resultado ya tiene el hotel Voaara en Madagascar -donde una noche en uno de sus bungalows frente al mar puede costar entre US$ 1.175 y US$ 1.530-, el Voaara Granadine que está comenzando su construcción en la isla Palm -en el Caribe, frente a Aruba- y otros dos en etapa de diseño: en Puerto Vallarta, México, y en la Península de Papagayo, Costa Rica.
Luis Fernando Mira (51) es el arquitecto líder en todas esas iniciativas, lo cual lo obliga a moverse con frecuencia por distintos puntos del planeta y, de paso, ha ligado su nombre a la hotelería de lujo.
Hotel Voaara en Madagascar.
“Los proyectos actuales de hoteles en que trabajo tienen presupuestos disponibles de entre US$ 80 millones y US$ 150 millones cada uno”, explica, conectado por Zoom desde Ciudad del Cabo. Menciona esas cifras grandes con la misma naturalidad con que uno se toma un café.
Pero antes de los hoteles, Mira ya había asociado su marca a otro sector jugoso y muy rentable en Sudáfrica: las residencias de lujo para millonarios, tanto locales como extranjeros que van a pasar temporadas a este país. Residencias en que cada metro cuadrado cuesta entre US$ 4.000 y US$ 5.000; “y estamos hablando de casas que bordean fácilmente los mil metros cuadrados”, señala.
Aunque siendo precisos, la historia de Luis Fernando Mira tampoco empezó ahí, sino en Santiago. Como el mayor de seis hermanos, cercano a sus padres -él abogado; ella profesora de labores manuales- y a sus abuelos. “Me tocó una niñez maravillosa en Chile”, dice como preámbulo para empezar a contar su ruta. Y se le nota, sin quererlo, la nostalgia.
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La vida chilena
“Estuve muy cerca incluso de mis bisabuelos”, continúa Mira. “Uno de mis bisabuelos fue Ernesto Barros Jarpa, y yo siempre me sentido orgulloso de tener un pariente con nombre de sándwich”, se ríe. “Me tocó crecer en una familia grande y muy, muy unida”.
Estudió en el Colegio San Ignacio, y luego Arquitectura en la Universidad Finis Terrae. Titulado, trabajó en un par de oficinas: en Geo Ciudad, “un equipo pequeño con el que hicimos el diseño de las estaciones del Metro de Valparaíso”; luego un par de meses con el arquitecto Felipe Assadi, que había sido profesor suyo; y después con Germán del Sol, “a quien me tocó ayudarlo en un concurso muy entretenido en la plaza del Cuzco, en Perú; lo pasamos increíble”. Formó más tarde su propio estudio, donde el trabajo que más recuerda fue una casa en Los Domínicos.
“Fue una casa para mis padres, que aún existe. Han pasado casi 22 años y la casa todavía está sin modificaciones, en muy buen estado. La hicimos en hormigón a la vista con madera. Uno construye con longevidad… con los años me he dado cuenta de que ahí está una de mis fortalezas: los diseños y obras que construyo siempre están actuales”, explica. Su madre, Ele Gumucio, que ya es viuda, nunca se ha desprendido de esta residencia llena de ventanales en la precordillera.
"Uno construye con logevidad... Con los años me he dado cuenta de que ahí está una de mis fortalezas: los diseños y obras que construyo siempre están actuales”, explica.
Mientras estaba en la universidad, Mira había conocido a una sudafricana, Jessica Daneel. Entonces él no podía ni adivinarlo, pero eso le traería un giro profundo en la vida. Se pusieron a pololear y ella se quedó en Chile. Se casaron en 2002. Desde entonces pasaban los veranos en Ciudad del Cabo. Hasta que Jessica, embarazada de su segunda hija, le propuso que probaran un tiempo allá. “No fue difícil convencerme, porque es una ciudad impresionante, cosmopolita, está en el circuito por el que se mueve el jet set del mundo”. Tomaron el vuelo el 1 de enero de 2006. La hija mayor, Anita, tenía menos de 2 años. Julia, la menor, nació allá pocos meses después de llegar.
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Un lujo de casa
Recién instalados, a Mira lo llamaron de la Universidad de Ciudad del Cabo, para dar clases en la Facultad de Arquitectura. Ya se conocían: varias veces antes, cuando iba en sus vacaciones, él había hecho presentaciones allí. Durante los primeros años de los seis que fue académico, el chileno colaboraba también en distintas oficinas. “Uno de los proyectos que hicimos fue rehacer toda la calle principal de Plettenberg Bay, un pueblo relativamente chico. Eso es un éxito hasta hoy”, comenta. En ese tiempo no podía saberlo, pero volvería varias veces a ese lugar: allí construiría varias de las casas de lujo que hoy llevan su firma.
Mira dice que a él lo ayudó a abrir puertas el prestigio y valoración que arquitectos chilenos habían logrado en el mundo durante la primera década de los 2000. Nombra a Smiljan Radic, a Matías Klotz, a Alejandro Aravena. “Era una generación dorada, muy fuerte, con un trabajo increíblemente bueno, nuevo, muy moderno. Pasaron a la vanguardia de las corrientes internacionales. Nos abrieron paso a los que seguimos. Tú decías que eras arquitecto de Chile, y te respondían: ‘Qué buen gusto tienen ustedes; qué arquitectura intelectualmente tan bien hecha’”. En Sudáfrica, no fue la excepción. Y él lo agradece, pues reconoce que “Ciudad del Cabo no es fácil para un estudio de arquitectura, sobre todo en el terreno privado: es un círculo muy difícil para entrar”.
Dio todos los exámenes para registrarse formalmente como arquitecto en Sudáfrica y formó su estudio propio, bautizado con su apellido, en 2009. Su primer acercamiento a las residencias de lujo “fue relativamente fortuito”, señala. Lo recomendaron a un empresario belga, Ludovic De Fermn -especializado en finanzas-, quien en principio sólo quería remodelar una casa en Ciudad del Cabo. “Pero vio mi portafolio de lo que había hecho en Chile, la casa de Los Dominicos y en dos o tres conversaciones me pidió que le hiciera una casa nueva”. La llamada Casa en Camps Bay implicó dos años de trabajo y estuvo lista en 2010, con una construcción integrada a las montañas y con vista al mar. Fue muy reseñada en la prensa internacional -De Fermn era alguien muy bien contactado-, “y eso significó una gran exposición de mi trabajo”, precisa el chileno.

La vitrina funcionó. “Me empezaron a llegar más proyectos de estas residencias”, señala. Principalmente de millonarios de otros países que querían una casa de lujo en la capital de Sudáfrica o en Plettenberg Bay, 600 kilómetros hacia el este. “El 85% de mis clientes son extranjeros”, precisa Mira. “El cambio sudafricano es muy favorable para alguien que viene de afuera con una moneda fuerte. Alguien que se va a construir una mansión, por ejemplo, en Los Ángeles, EEUU, acá construye el doble con el mismo dinero”.
Entre sus clientes están Pierre du Preez y Cecilia Getty -dueños de andBeyond, empresa que organiza viajes de lujo personalizados-, que viven en Roma y a quienes Mira les ha construido residencias y viñas tanto en Ciudad del Cabo como en Plettenberg Bay. “La condición que cumple una residencia de lujo es que no tiene nada prescriptivo, hay pocos límites. Pero al mismo tiempo son clientes disciplinados y muy astutos, casi cero derroche. El valor agregado para ellos nace de algo personal y eso abre una oportunidad para la arquitectura. En la obra que ahora le estamos construyendo a la familia Du Preez-Getty, a ellos les interesa tener espacios grandes para hacer asados. Entonces es una casa de 600 metros cuadrados, pero que tiene sólo dos dormitorios y un quincho de 200 metros cuadrados que es la base del proyecto. También una cancha de tenis, porque les encanta”.
En estos años, Mira ha trabajado un total de 12 residencias de lujo. Ocho ya construidas, cuatro en ejecución. Cada una ha tomado tiempo. “Muy rara vez las construyes en menos de 18 o 20 meses”, explica. “Ciudad del Cabo tiene accesos muy malos en las buenas zonas de la ciudad. Siempre estás construyendo en la pendiente y hay mucha roca”.
Una de esas casas, que Mira construyó para el inversionista inglés Martin Diggle -cofundador y presidente de Vulpes Investment Management UK-, fue vendida en 2024 en el mayor precio alcanzado ese año por una casa en la capital sudafricana: casi US$ 8 millones, “que puede no parecer tanto, pero que como el cambio es favorable para monedas fuertes, es el equivalente a adquirir una mansión en Saint-Tropez”, dice el arquitecto. La compró Steven Barlett, empresario y podcaster británico-francés, fundador de Thirdweb, Flight Story y Flight Fund, quien le pidió a Mira que la ampliara y le construyera un gimnasio. Hoy la tiene a la venta en un valor 40% más alto que el que pagó. “Y la va a vender de todas maneras”, vaticina Mira.

Así como el tenis le abrió sorpresivamente el mundo de los hoteles, Mira reconoce que los caballos -que para él son una pasión- han sido una ayuda para su trabajo en residencias de lujo. Junto a sus hijas reentrenan caballos para polo, y eso lo ha contactado con personas dispuestas a pagar una casa de alto costo. “Tener gustos y hobbies parecidos genera afinidad”.
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De lino y a pie pelado
Su aterrizaje en la hotelería de lujo, como ya contó, se dio de la mano de Phillipe Kjellgren, a quien ayudó a preparar el concepto y el diseño para el Voaara en Madagascar. El proyecto empezó a construirse luego de que el sueco consiguiera inversionistas: Limestone Capital adquirió el 50% de la marca. Hoy son siete bungalows y una villa -más parecida a una casa de lujo- frente al mar. “Y estamos trabajando en la segunda fase, que sumará dos villas y 15 bungalows”, dice Mira. El 2025, fue incluido por Conde Nast Traveler entre Los 50 Mejores Hoteles del año.
Este y los otros hoteles Voaara que están en carpeta, explica el arquitecto, siguen un modelo de resort de playa, pero con el concepto barefoot luxury: “Es un término nuevo en el lujo extremo; es el hotel o villa de ultra lujo en costo pero relajado en el uso. En buen chileno, ‘es andar a pie pelado con camisa de lino y en espacios con vista increíbles’”. Voaara no es una marca que quiere crecer en exceso, cuenta. “La idea es 20 hoteles como máximo. Con Limestone Capital ya están viendo lugares. Están mirando Salvador, Nicaragua”. Dice que a él le encantaría que se dieran una vuelta por Chile. “Los voy a convencer”, comenta, optimista.

Fuera de la órbita de Kjellgren, Mira trabaja también en otros hoteles. Nombra dos proyectos. Uno es que lleva adelante con Skulpot, empresa experta en materiales resistentes a climas extremos, para armar un hotel en la Antártica, a petición de un operador turístico argentino. “Diseñar para la Antártica, un terreno congelado, es distinto a todo. No se puede anclar nada al suelo, hay normas medioambientales estrictas. Estamos en esa etapa, diseñando”, comenta.
El otro es un proyecto que desarrolla para el cantante congolés Tresor, muy popular en Sudáfrica. Él contactó a Mira, quien dice que lo tomó por sorpresa, aunque su trabajo “funciona siempre así, por el boca en boca”. El artista se compró un terreno de 150 hectáreas cerca del sitio arqueológico Cradle of Humankind, donde quiere construir un hotel y una destilería de aguas subterráneas. “Hace un año estamos en la etapa de rezonificación, para cambiar el uso de agricultura a uno de hotel y eventos. El proyecto considera villas, bungalows y un spa”, explica el arquitecto.
La agenda de Mira no da tregua. “Trabajo como loco todo el día”, dice. Insiste en que Sudáfrica es atractiva para la arquitectura: se construye mucho, se realizan obras grandes, está el bullante mercado residencial de lujo y extranjeros con dinero dispuestos a construir. “Ciudad del Cabo está 100% en el circuito del jet set europeo”, señala.
“La condición que cumple una residencia de lujo es que no tiene nada prescriptivo, hay pocos límites. Pero al mismo tiempo son clientes disciplinados y muy astutos, casi cero derroche. El valor agregado para ellos nace de algo personal y eso abre una oportunidad para la arquitectura".
Comenta que, pese a esas oportunidades, no tiene en su registro otro arquitecto chileno haciendo obras hoy en Sudáfrica. Cuenta que hubo uno, Antonio Zaninovic, que hizo buenos trabajos, que vivió allí una década, pero que se fue hace unos años. “Soy el único que ha durado, con un estudio estable”, dice; y reconoce que en eso lo ayudó mucho el estar casado con una sudafricana, pues entró de manera rápida y natural a la sociedad local.
- Una duda razonable: al trabajar con millonarios y famosos, ¿un arquitecto se convierte también en millonario y famoso?
- Nooooo (risas). Una cosa es ser bueno para el trabajo de arquitectura y otra es ser un buen hombre de negocios… Yo he tenido la suerte de que me va bien, pero de ahí a acumular riqueza… Eso es muy raro que ocurra en arquitectura. Yo tengo honorarios altos, pero bastante de eso lo terminas gastando en operación. En los hoteles, por ejemplo, debo trabajar con oficinas satélites que subcontrato en los distintos lugares.

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