El viñamarino que quiere entrar en el mapa global de la industria de robots
Su primer dron lo construyó a los 13 años desde su pieza en Viña del Mar. Una década después, el recorrido de Francesco Crivelli pasa por la Universidad de Berkeley, hackatones del Departamento de Defensa de EEUU, una prestigiosa aceleradora norteamericana y una startup que ya captó la atención de los gigantes del sector tecnológico en China. Su nombre es Intuition.
Por: Catalina Vicuña
Publicado: Sábado 13 de diciembre de 2025 a las 21:00 hrs.
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“Perseverancia, confidence, hardwork y passionate por lo que estoy haciendo”. Esas son las cuatro palabras que Francesco Crivelli (23) escoge para describirse a sí mismo. El joven oriundo de Viña del Mar transita constantemente entre el inglés y el español. No es coincidencia: desde 2021 está radicado en Estados Unidos, específicamente en la Bahía de San Francisco, donde cursó la carrera de Ingeniería Eléctrica y Ciencias de la Computación en la Universidad de Berkeley.
De paso por Chile -para asistir como speaker al Platanus Forum 2025-, Crivelli conversa con DF MAS en un café en Las Condes. No tiene demasiado tiempo. En pocas horas, el joven viñamarino estará en un avión rumbo a China, país que lleva recorriendo desde fines de septiembre para observar de cerca cómo opera la industria de robots más grande del planeta.
Ese rubro lo apasiona desde que tiene memoria, dice el chileno. Y es el motor de la startup en la que lleva trabajando fulltime desde mediados de año. Su nombre es Intuition y, en simple, busca facilitar el acceso de compañías al uso y adquisición de robots. La idea ya captó la atención de los grandes: hace tres semanas, desde China, Crivelli firmó un contrato con Kuka, empresa de robótica originaria de Alemania; y con Midea, compañía mundial de electrodomésticos.
Las escapadas a la USM
La pasión de Crivelli por la tecnología encuentra su origen en las páginas del libro Hombre en el espacio (1967), del autor Josef Stemmer. “De pequeño, siempre le pedía a mi mamá que me lo leyera”, rememora Francesco. De ahí en adelante, Crivelli siempre intentó replicar lo que vió en esas páginas: “robots que iban a Marte y cohetes que iban a la Luna”.
A los 13 años, desde su pieza y con herramientas que encargó desde China, construyó su primer dron. No voló tan bien, rememora, pues “era muy inestable”. Sin embargo, el mero ejercicio de construir algo que pudiera levantarse de la tierra le voló la cabeza. Al poco tiempo apostó por un segundo modelo. Fue un éxito.
Dice que nunca se interesó demasiado por el colegio. “Siempre fui muy rebelde”, precisa. “Mi enseñanza básica la pasé en la Universidad Santa María de Valparaíso. Mi mamá se acuerda de que yo pedía permiso para ir al baño y me salía del colegio. Ella me apoyaba”, rememora.
En aquellas visitas clandestinas, el joven conoció a estudiantes de ingeniería que le mostraron e indujeron al mundo de la robótica de manera más formal. Con el tiempo, ya por su propia cuenta, comenzó a ir de auditor a algunas clases y a participar -y ganar- diversas competencias nacionales e internacionales de robótica. Estaba recién partiendo.
Cohetes de la NASA
Crivelli sabía que su futuro no estaba en Chile, sino que en Estados Unidos. Allá, cuenta, “veía una intensidad de talento alucinante… Yo era un niño enamorado de la tecnología y eso era todo lo que yo veía cuando viajaba”.
Aún en cuarto medio, y ya habiendo cursado un semestre a la distancia en Standford, el chileno apostó por entrar a Berkeley. Su fórmula para lograrlo fue poco convencional: “Le hice spam email a una cantidad alucinante de profesores del departamento de ingeniería de la universidad contándoles sobre mis proyectos”, cuenta. Hasta que uno de ellos le contestó: “Le voy a reenviar esto a la decana. Felicidades”.
En julio de 2021 Crivelli aterrizó en San Francisco para instalarse en Berkeley y cursar ahí la carrera Ingeniería Eléctrica y Ciencias Computacionales. No desperdició ningún segundo. Ese primer semestre entró a “un club donde pusimos cohetes líquidos -con una arquitectura similar a los cohetes de SpaceX- y también al Space Technology at California (STAC)”. En este último, Crivelli trabajó en dos proyectos: “uno patrocinado por la NASA y otro donde lanzamos un globo a la atmósfera para transmitir sensores de data a otros laboratorios”. Contento, añade: “Fue muy divertido“.
El Love Island para startups
En 2023 Francesco se adentró de lleno en los laboratorios. Por ese año, cuenta, su abuela en Chile comenzó a desarrollar demencia y eso lo motivó a ser ayudante de investigación de un profesor que, para ese entonces, trabajaba en un dispositivo para detectar moléculas y enfermedades como demencia y Alzhéimer. Ahí estuvo ocho meses.
No dejó de lado el mundo tech. “Teníamos grupos donde nos juntábamos a hacer brainstorming de nuevas startups o cosas para hacer en hardtech”. Eso lo llevó a participar de diferentes hackatones. La que más destaca, fue una patrocinada por el Departamento de Defensa en Estados Unidos, en la localidad de El Segundo. “Cada participante fue entrevistado dos veces antes de entrar”, precisa el chileno.
Junto a un compañero, desarrolló un sistema de reconstrucción 3D a través de drones. El modelo llamó la atención de varios inversionistas presentes, entre ellos, ejecutivos de la prestigiosa aceleradora Entrepreneur First, cuya tasa de aceptación es del 1,5%. “Ellos nos hicieron scouting ahí”, cuenta el chileno.
Sus vacaciones universitarias de 2023 las pasó en el programa que, en sus palabras, funciona igual que el reality de citas Love Island. “Seleccionan a la gente más talentosa y ambiciosa de Estados Unidos y la juntan en un solo lugar por tres meses. El objetivo es que trabajes en una startup con alguien y, si no funciona con esa persona, encuentres a otra ahí mismo”.
En la aceleradora aplicó su experiencia en el laboratorio y construyó un dispositivo para detectar ACV en cuestión de minutos. Pero sentía que le faltaba algo. Quería hacer robots. “Ahí me dije: ‘Necesito hacer un cambio inmediato’. Hubo un breakup”.
¿Robots en el mundo real?
A fines de 2024 entró como investigador al prestigioso laboratorio de inteligencia artificial de Berkeley (BAIR, por sus siglas en inglés). Allí, cuenta, se lanzó de lleno a trabajar en algoritmos para enseñar a robots a hacer cosas en el mundo real.
Al poco tiempo, lo tradujo en su propia startup. Desde su residencia universitaria y con ayuda de dos “interns”, Crivelli desarrolló durante todo el verano 2025 Intuition: una plataforma que en base a membresías busca conectar a compañías mundiales de robots con empresas interesadas en integrar esta tecnología para realizar tareas cotidianas. “Nosotros hacemos que el respectivo robot funcione haciendo las tareas que tú necesitas”, explica. Por ejemplo, doblando sábanas para un hotel.
A fines de septiembre pasado, el chileno aterrizó en China, donde ha recorrido más de 500 fábricas en todo el país. Así fue como llegó hasta las dependencias de Kuka, la gigante alemana de robótica que tiene allá parte de sus fábricas y que en 2017 compró la compañía de electrodomésticos china, Midea. Les presentó un MVP y, luego de varias conversaciones, firmaron un contrato para colaborar en el desarrollo de robots de Intuition (con Kuka) y su aplicación (a cargo de Midea).
En junio el viñamarino levantó su primera ronda de cerca de US$ 1 millón con inversionistas de San Francisco y está preparando una segunda ronda de cerca de US $ 15 millones. En China -donde espera quedarse un par de meses más-, va a concentrarse en sumar robots a su plataforma. Su foco es claro: “Llevar esto a un production level para que funcione en la escala que necesitamos”.
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