Como “arriesgada” calificó el economista y académico de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Chile, Óscar Landerretche, la estrategia política adoptada por el gobierno para sacar adelante el proyecto de reconstrucción y reactivación económica, que ahora enfrentará su segundo trámite legislativo en el Senado.
En el seminario “Claves del Proyecto de Ley: a 20 días de iniciar la tramitación”, organizado por Deloitte, Landerretche reiteró que la iniciativa es un “tutifrutti” y, por lo mismo, la dividió en tres grupos: las medidas de aceleración, las reformas estructurales, y los "pepinos". O sea, “gustitos que se dan, pero que no tienen nada que ver con crecimiento económico”.
Dado este cuadro, criticó que el Ejecutivo no priorizó la dimensión de aceleración, como el IVA a la vivienda.
“Chile necesita una reactivación rápida y creo que están sobreestimando la paciencia de la ciudadanía y sobreinterpretando las mayorías electorales que tienen, que son completamente circunstanciales e, incluso, oportunistas, instrumentales”, señaló.
“Yo era muy partidario de una ley tributaria corta, privilegiarla a corto plazo, pasarla rápido. Creo que habría pasado por un tubo”, afirmó.
Acerca de las medidas estructurales en materia tributaria, Landerretche respaldó la idea de reintegrar el sistema, aunque expresó reparos frente al esquema de incentivo a la reinversión de utilidades pendientes de tributación final que asemejó a una reposición del Fondo de Utilidades Tributarias (FUT).
“Es un sistema que sí tenía cierta lógica, pero también se prestaba para la sinvergüenzura”, afirmó. A su juicio, se utilizaba “para que nunca se tributara y sin que fuera demostrable que eso estaba generando nada de inversión”.
Para lograr un sistema parecido, que permita una integración tributaria, pero sin cometer los errores de antes, propuso tres opciones: vintage accounting, es decir, tributar utilidades por cohorte de generación, con plazos máximos de retención; tributación presunta de retiros, con retiro mínimo anual obligatorio; e impuesto diferido con tasa creciente, donde a mayor antigüedad de retención, mayor tasa e incentivo a distribuir.
Invariabilidad tributaria y rebaja de tasa corporativa
Landerretche también planteó cambios a la figura de invariabilidad tributaria incluida en la reforma -que el proyecto contempla para inversiones desde US$ 50 millones y por hasta 25 años-, pues cree que podría generar un mal incentivo. “Lo dijo Milton Friedman: no free lunch. Cuando uno da algo gratis, usualmente se abusa”, explicó.
De esta manera, sugirió un modelo de escalera, o sea, que en función de la duración de la invariabilidad, se apliquen tasas ascendentes. Si es por cinco años, sugirió un 24% para el proyecto en cuestión; pero de ser 25 años, subiría a 28%.
Y aunque valoró la rebaja gradual del impuesto corporativo de 27% a 23%, sugirió relacionarla con la discusión sobre invariabilidad tributaria e, incluso, reducirlo aún más, a cerca de 20%.
No obstante, advirtió que “hay que tener cuidado” con la citada reducción: “Una cosa son estos efectos teóricos de un modelo de equilibrio general y otra cosa es en qué momento se produce eso. Porque alguna gente cree que, porque tú rebajas dos puntos o tres puntos la tasa corporativa, las mineras van a ir corriendo a abrir los brownfield; y eso no es así. Esto se demoró un poquito más y está asociado a otras cosas complementarias”, precisó.