Ad portas de la ceremonia en que Estados Unidos e Irán firmarán un memorándum de entendimiento -que sella el fin de las hostilidades y abre una nueva etapa de negociación nuclear-, el jefe de Relaciones Internacionales de Athenalab, Diego Sazo, hizo un balance del escenario del conflicto en Medio Oriente.
En conversación con DF al Cierre, planteó a Israel como un claro perdedor, afirmó que el rol de EEUU se vio disminuido como socio de los países del Golfo y destacó como ganador a Pakistán y a una China silenciosa.
Adicionalmente, advirtió de la fragilidad del acuerdo y que todavía resta por ver qué ocurrirá en las negociaciones de 60 días que se avecinan.
- ¿Qué tan frágil la parece el escenario actual?
- Desde una perspectiva optimista, hay incentivos en ambos lados. Primero, Irán no resiste más un conflicto bélico de esta escala y, por lo tanto, tiene incentivos para llegar a un acuerdo.
Por el lado de EEUU, la crisis económica, o al menos el alza significativa de precios en el contexto norteamericano, también ha implicado un incentivo para el Presidente Trump, sobre todo considerando las elecciones que tiene en el mes de noviembre. Por lo tanto, es importante para él llegar con un acuerdo antes de la campaña.
Desde un punto de vista más pesimista, un elemento fundamental ha sido también el cese de las hostilidades en el Líbano y, hasta el día de hoy, Israel sigue defendiendo su derecho a la autodefensa y no ha cesado ciertos ataques, incluso cercanos a Beirut. Por lo tanto, ahí hay un flanco que puede generar una inestabilidad del acuerdo, sobre todo para Irán, que es quien solicita este cese de hostilidades.
“Es paradójico que este acuerdo se celebre como un gran triunfo cuando, en términos prácticos, nos lleva a una situación comparable a la de 2015”.
- ¿Qué está pasando entre Trump y Netanyahu?
- Los balances de los conflictos armados siempre son discutibles. Sin embargo, si pudiéramos identificar un gran perdedor, ese es Israel.
Tenemos al menos tres niveles que confirman una situación deteriorada respecto del inicio del conflicto.
Primero, los objetivos que movilizaron a Israel y que presionaron a EEUU para involucrarse en este conflicto. Ninguno de esos objetivos estratégicos se cumplió. El cambio de régimen no ocurrió y la eliminación del programa de enriquecimiento de uranio de Irán se ha congelado, pero no eliminado. Por lo tanto, los dos principales objetivos de la guerra no se han cumplido.
Lo segundo tiene que ver con un Israel mucho más distanciado de su aliado estratégico de siempre, EEUU. Hemos sabido de filtraciones respecto de conversaciones entre Trump y Netanyahu de muy alto calibre, que muestran esta tensión entre quien quiere cerrar el conflicto y quien quiere continuarlo hasta concretar sus objetivos.
Hay un dato interesante respecto a cómo ha cambiado en los últimos 25 años el apoyo interno en EEUU hacia Israel en relación con el conflicto palestino. En una encuesta Gallup de febrero de este año, por primera vez en 24 años el apoyo a Palestina es superior al apoyo a Israel respecto a este conflicto.
Hoy Israel está en una posición mucho más aislada en Medio Oriente en comparación a cuatro meses atrás.
- ¿En qué posición quedan los mediadores del conflicto?
- Uno de los ganadores es Pakistán, por el rol de intermediación que jugó. Ayudó a las negociaciones incluso cuando no había ninguna interlocución. Generó espacios de confianza para llegar al acuerdo que vemos hoy.
Algo paradójico es que en 2015 se firmó un plan de acción entre Irán, EEUU, la Unión Europea, China, Rusia y el Reino Unido. Ese plan imponía condiciones muy similares a las que hoy se logran: visitas de la Organización Internacional de Energía Atómica y control del desarrollo de uranio para fines pacíficos. No teníamos el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Por eso es paradójico que este acuerdo se celebre como un gran triunfo cuando, en términos prácticos, nos lleva a una situación comparable a la de 2015. Respecto de ganadores y perdedores en la región, se está hablando de una posible era post estadounidense.
EEUU sigue siendo militarmente indispensable en Medio Oriente, pero ha demostrado no ser un socio extremadamente confiable para los países del Golfo, que fueron objeto de ataques iraníes a infraestructura crítica, aeropuertos y distintas instalaciones. Eso ha llevado a diversificar relaciones con aliados europeos. Entonces EEUU pierde parte de ese rol.
También debemos preguntarnos qué ocurrirá con la reconstrucción de Irán. ¿Qué país proveerá infraestructura, materiales y apoyo? Probablemente China, que aparece como un segundo ganador más silencioso. No ha visto afectadas sus capacidades y tiene una oportunidad para involucrarse más activamente con un aliado como Irán.
- ¿El acuerdo es suficiente para una normalización en materia energética?
- Este acuerdo de cese de hostilidades es positivo para los mercados energéticos. Sin embargo, no hay que olvidar que este acuerdo involucra una segunda fase de negociaciones de 60 días, donde se deberá definir qué ocurre con la cuestión nuclear de Irán. Por lo tanto, todavía existe un espacio de incertidumbre.